La docencia como eje para superar la 'cuarentena digital' de la universidad

No dejemos pasar la 'cuarentena digital' sin dar pasos hacia delante en aquello que sigue siendo el talón de Aquiles de muchas universidades: la docencia, tanto dentro como fuera del espacio virtual

Foto: Aspecto de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona. (EFE)
Aspecto de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona. (EFE)

La vida y la salud se anteponen a la formación y la educación en situaciones como la actual. Mantenerse sano y ofrecer solidaridad es más indispensable que cumplir con el calendario académico y escolar. Pero aquellos que hoy salvan vidas, arriesgando la suya propia, se encuentran sin saberlo haciendo de educadores para toda la sociedad, al salvar a otros muchos con el ejemplo y convirtiéndonos a todos en alumnos de una lección magistral sin precedentes.

No obstante, debería entenderse que España, o cualquiera del resto de países atacados ferozmente por el coronavirus, no se haya en condiciones materiales (ni anímicas) de garantizar un trasvase de calidad inmediato, completo y satisfactorio hacia la esfera digital de su docencia universitaria, metodologías de aprendizaje y la formación al respecto de su profesorado. Con una mínima dosis de empatía, es fácil imaginar que un profesor y un alumno confinados en casa con el miedo lógico a una infección mortal no son un profesor ni un alumno inmersos en un contexto de normalidad.

Tampoco invita la situación actual a estrenarse algunos, por primera vez en la esfera virtual sin capacitación, indicaciones ni herramientas para ello. La vocación requiere de ayuda si lo que se pretende es seguir dando clase con ciertas garantías. De todos modos, es un indicador positivo la buena acogida (más bien para evadirse que no para la concentrarse en el estudio) que está suponiendo para jóvenes y adultos el consumir los recientes contenidos culturales multimedia que se han puesto a la libre disposición virtual gracias a museos, fundaciones, editoriales, productoras, medios de comunicación, etc.

Ninguna de las casi 90 instituciones universitarias (salvo unas cuatro o cinco) que existen en España y que acogen a 1,4 millones de estudiantes surgió como idea o con el propósito de proveer de enseñanza a distancia a sus matriculados, sino más bien de ser centro de 'vida universitaria'. De hecho, hay ciudades que viven históricamente de ello en todo el mundo. En una reflexión publicada recientemente en el 'New York Times' por parte del decano de la Facultad de Educación de la Universidad de California-Irvine, Richard Arum, y la profesora de Educación de la Universidad de Stanford Mitchell Stevens, se remarca la duda sobre la capacidad real de prestigiosas universidades de la Ivy League de poder, de repente, transportarse al entorno 'online', más allá de lo que puedan resolver a corto con sus plataformas colaterales (Edx, como ejemplo).

Pero lo que sí conciben estos dos autores es el que esas mismas universidades podrían aprovechar ahora todo su potencial y recursos investigadores para ponerlo al servicio de las mejores prácticas docentes, banco de datos y material didáctico. De ser así, el foco universitario pasaría del profesor al alumno, anteponiendo el valor de la clase sobre el de la producción científica, invirtiéndose totalmente el orden natural de la mayoría de las universidades convencionales.

Como ejemplo de lo que improvisada y precipitadamente (pero con la mejor vocación de servir, claro está) se está efectuando estos días desde algunos colegios y universidades, podríamos apuntar lo siguiente: se lanza a los escolares un aluvión de tareas vía Google Classroom y se almacenan Power Points para los universitarios, en Moodle y Blackboard. Pero este movimiento solo supone un compás de un todo virtual y educativo mucho más laborioso. Ni tan siquiera los mejores dispositivos, plataformas y conexiones WIFI (no al alcance de todas las familias) por sí mismos garantizan un buen aprendizaje si los contenidos, las metodologías y el sistema de evaluación no van en conjunción con el dominio de la técnica y tecnología digital.

Una asignatura 'online' a nivel universitario exige como mínimo —al profesor entrenado para ello y a sus colaboradores de diseño instruccional— cierta destreza en la producción de vídeos y audios explicativos; un cierto hábito en la moderación de chats en tiempo real; un diseño interactivo de materiales multimedia aclaratorios; un manejo avanzado de aplicaciones en red, y un servicio de asistencia técnica complementaria.

Impartir clase 'online' de nivel de universitario no es dar una conferencia en Ted Talk, aun pudiendo ser lo segundo complemento de lo primero (pero no viceversa). Estudiar tampoco es (para el alumno) lo mismo que conectarse a una tutoría por Skype o Zoom. Una clase 'online' en momentos tan convulsos y estresantes para cualquier educador o estudiante exige ahora de un esfuerzo de abstracción y concentración individual mayúsculo. A modo de guía muy básica para maestros escolares, pero extrapolable a profesores universitarios, Edutopia (Fundación de George Lucas para la Educación) recoge algunas sugerencias amenas y útiles.

De igual modo que el 11-S alteró para siempre nuestra forma de viajar, con la implantación de medidas de seguridad extraordinarias y estandarizadas en todo el mundo, parece obvio pensar que el Covid-19 las incrementará llegando a la universidad y la escuela de algún modo. No sería extraño esperar que se vean contraídos a futuro los desplazamientos y estancias de estudiantes extranjeros, y también las concentraciones de personas dentro de las propias instalaciones universitarias (aulas, residencias, áreas deportivas…).

Mientras, dentro del propio seno de poder y decisión de las grandes universidades físicas, se producirá no muy tarde un cambio de perspectiva en favor de una más innovadora docencia 'online' (superior al estándar y relevancia actuales). Como respuesta transitoria, en EEUU estos días reflorece la disponibilidad en abierto de MOOC ('massive open online courses') por parte de determinadas universidades presenciales. A su vez, plataformas avanzadas como Coursera ofrecen gratuitamente el cubrir el resto del curso académico universitario con materiales propios.

Confiemos en que esta pesadilla vírica pase cuanto antes, pero no dejemos pasar la 'cuarentena digital' sin ir dando pasos hacia delante en aquello que sigue siendo el talón de Aquiles de muchas de las grandes y medianas universidades, en todo el mundo: la docencia, tanto dentro como fuera del espacio virtual.

*Samuel Martín-Barbero. 'Distinguished presidential fellow', Universidad de Miami (Florida, EEUU)

Tribuna
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