Crisis, dinero e información

En estos días que las actividades cotidianas se han vuelto extraordinarias, como pagar una barra de pan, pasar de manos una bolsa... no sobra aprender de las grandes lecciones del pasado

Foto: Una voluntaria en Sri Lanka teje mascarillas. (Reuters)
Una voluntaria en Sri Lanka teje mascarillas. (Reuters)

En estos días que las actividades cotidianas se han vuelto extraordinarias, como pagar una barra de pan, pasar de manos una bolsa, desplazarse en coche, apoyarse en una barandilla o pulsar una tecla de un ascensor, no sobra aprender de las grandes lecciones del pasado. Porque en todas las grandes crisis no hay espacios estancos, sino que la salud, la economía, la política..., todo, se ve zarandeado por una realidad desbordante. Y los españoles recibimos en el 1918, y más recientemente en 2008, dos grandes lecciones que nos pueden arrojar algo de luz en estos días dramáticos.

En el primer cuarto del siglo pasado, nos concedieron el fatídico honor de llamar Gripe Española a la pandemia mundial de entonces, porque ejercimos el derecho a informar y ser informados de la enfermedad, mientras el resto de países estaba sujeto a la censura de la I Guerra Mundial. Y justo 90 años después, la dura lección vino de la mano de una crisis financiera internacional, en la que pequeñas decisiones individuales, como algo tan cotidiano e inocente como retirar fondos de una sucursal bancaria, podían convertirse en la pequeña mecha que hiciera estallar el polvorín de un pánico general.

Dos lecciones con la información y el dinero como dos caras de la misma moneda; porque se referían a la manera de ejercer la libertad individual en una situación extraordinaria que afectaba a la seguridad colectiva. Una forzada pedagogía sobre información y dinero en tiempos de crisis que, sin embargo, choca con algunos casos recientes, como esas comunicaciones realizadas por empresas —excepcionalmente autorizadas para estar abiertas al público— que han recomendado a sus clientes pagar con medios electrónicos en vez de hacerlo con dinero en efectivo, contradiciendo todas las evidencias científicas disponibles, dado que no existe un mayor riesgo de contagio por el uso de papel que de otras superficies como el plástico, el metal o el cristal, usados en otros medios de pagos.

Es evidente el extraordinario esfuerzo que estas empresas realizan estos días tan complicados, especialmente sus empleados, que están prestando un servicio imprescindible asumiendo evidentes riesgos personales, pero su precipitada advertencia permite reflexionar sobre qué significa ser un recurso crítico en una situación de crisis extrema. Sin duda no es casual que en las normas de alerta colectiva se haga referencia a infraestructuras tan básicas como la electricidad, el agua, las telecomunicaciones, la distribución de productos de primera necesidad, el pago de impuestos y créditos, y también la disponibilidad de dinero en las entidades bancarias, a través de sus redes de cajeros automáticos. De hecho, el dinero, en una grave crisis como esta, es un factor crítico de tranquilidad personal y seguridad nacional, como evidencian todas las experiencias del pasado.

Decía Keynes que el flujo del dinero es un lazo entre el presente y el futuro, algo también extensible a la información, porque cuando ambos fluyen con dificultad las salidas de las crisis son más complejas. La transparencia en los mensajes y la tranquilidad de poder adquirir productos básicos, afectan a algo tan esencial en una época de emergencia como es la percepción de seguridad individual. Por eso la libertad de expresión ha de protegerse, con la misma energía con la que ha de perseguirse la difusión de dudosos mensajes que puedan afectar a millones de personas; al igual que la circulación del dinero ha de considerarse una necesidad nacional, evitando ese tipo de mensajes que lo asocian a un mayor riesgo de contagio.

El dinero, en una grave crisis como esta, es un factor crítico de tranquilidad personal y seguridad nacional, como evidencian experiencias del pasado

En este periodo tan excepcional nos vemos obligados a entender de manera acelerada conceptos poco usuales como estado de alarma, planes de contingencia, servicios esenciales o infraestructuras críticas, que en todos los casos están orientados a garantizar las actividades de los ciudadanos en sus limitadas capacidades cotidianas durante esta situación, así como a generar la necesaria tranquilidad colectiva referida a que el sistema va a responder en su funcionamiento.

Sí, mientras se defiende el derecho a una información veraz, es necesario facilitar el uso del dinero como más convenga a la necesidad urgente de cada uno de nosotros.

*Gonzalo Suárez es abogado.

Tribuna
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