Renovación urbana: una solución para tres problemas

Necesitamos una apuesta firme por la renovación y regeneración urbana planteada a todas las escalas que contemple el reequilibrio territorial con la España despoblada

Foto: Murales hechos con pintura ecológica descontaminan la ciudad de México. (EFE)
Murales hechos con pintura ecológica descontaminan la ciudad de México. (EFE)

El sector de la edificación empleaba, hasta el pasado mes de febrero, a 1,27 millones de personas. Pero, según los datos de la Encuesta de Coyuntura del Sector de la Construcción del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, las expectativas de empleo retrocedieron significativamente hasta el 47% en el último mes. Al tratarse de una actividad que se rige por inercias y en la que los proyectos y obras requieren tiempo para arrancar, ejecutarse y finalizar, el impacto no es inmediato. Sin embargo, si no se inician actuaciones de forma urgente, impulsando nuevos proyectos, será difícil evitar la rotura del ciclo y una pérdida masiva de puestos de trabajo.

La caída de la actividad en construcción no sería el resultado directo de la pandemia, ni consecuencia de las medidas para combatir la enfermedad, como sucede en otros ámbitos. Tampoco de una situación estructural del sector, puesto que, a diferencia de la crisis anterior, no hay sobreproducción y las subidas puntuales en el precio de la vivienda de los últimos meses reflejan precisamente la escasez de oferta. El riesgo de caída en la construcción, como pronostican los datos del Ministerio de Industria, estará asociado al contexto de incertidumbre actual y a la falta de un marco de incentivos suficientes que promuevan la toma de decisiones en la demanda.

"En las ciudades se produce el 40% de emisiones contaminantes a la atmósfera y se consume el 35% de la energía"

Si el empleo es el primero de los graves problemas que debemos afrontar, también es necesaria y urgente la adaptación de nuestros pueblos, ciudades y territorios a las necesidades del siglo XXI. La globalización, la interconexión digital y las nuevas tecnologías, la crisis climática y el incremento de las desigualdades nos había situado, ya antes de la pandemia, en un mundo en transición donde todo estaba cambiando para todos. En las ciudades se produce el 40% de emisiones contaminantes a la atmósfera y se consume el 35% de la energía. Seguimos sin resolver muchas dificultades de accesibilidad, hasta el punto de que más de 100.000 de personas no pueden salir de sus casas por falta de ascensor. La organización urbana especializada aumenta nuestra necesidad de desplazamientos hasta un 50%, con las consecuentes dificultades para la movilidad y los problemas de contaminación y pérdida de tiempo, calidad de vida y cohesión de las comunidades. Nuestros edificios y viviendas aún no incorporan las ventajas que ofrecen las nuevas tecnologías digitales y, sin embargo, han perdido buena parte de los elementos de confort tradicionales, como las terrazas.

Nuestro patrimonio construido, acumulado durante generaciones y concebido para responder a las necesidades y formas de vida que ya no son las nuestras, debe afrontar una transformación profunda para recuperar su capacidad como elemento que facilita el de bienestar y el desarrollo personal, contribuir en la transición energética y evitar que se convierta en un lastre.

La precariedad laboral y la tendencia social hacia el alquiler agravan la situación en un mercado incapaz de dar respuestas rápidas a cambios en la demanda

El acceso a la vivienda se ha configurado en los últimos años como una de las mayores amenazas. En numerosas situaciones, los desajustes entre la oferta y la demanda, con un parque público de alquiler que no llega al 2,5%, muy por debajo de las tasas en Europa, han situado el precio de la vivienda fuera del alcance de muchas familias y jóvenes. La precariedad laboral y la tendencia social hacia el alquiler agravan la situación en un mercado incapaz de dar respuestas rápidas a cambios súbitos en la demanda. Si tenemos en cuenta que el 80% de los nuevos hogares se forman en viviendas ya existentes, es imprescindible potenciar en las políticas de aumento del parque de alquiler asequible el reciclaje para dicha función de parte de los 25,5 millones de viviendas ya existentes, aprovechando las sinergias de los procesos de renovación necesarios.

Afrontar la pandemia y sus consecuencias exigirá utilizar los recursos y la energía de toda una década. El esfuerzo será ingente y no podemos orientarlo a volver hacia atrás, como si nada hubiera sucedido, pues ya antes de la aparición del virus las necesidades de cambio y los objetivos de transición ecológica y reequilibrio económico y social eran tan acuciantes como difíciles de alcanzar. La “resiliencia” para volver a una situación que ya era insostenible sería un error. Ahora, necesitamos 'transiliencia'.

Es decir, aprovechar la crisis para dar un salto hacia adelante con una estrategia que fije la dirección hacia la que debemos ir, encontrando una solución a los graves problemas señalados. Para ello, es preciso reactivar, de forma inmediata, el sector de la edificación, especialmente en el ámbito de la renovación urbana hasta hacerlo crecer a los niveles a los que se encuentran nuestros vecinos europeos. La dirección está marcada en el Green Deal (Pacto Verde) que orienta las estrategias de recuperación económica de la Comisión Europea. Con ese rumbo y la mirada puesta en el cumplimiento de la Agenda 2030, ahora, es necesaria una política pública, consensuada con todos los agentes del sector y coordinada a todos los niveles de la Administración, que se concrete en un nuevo Plan Nacional de Vivienda, un Plan Nacional de Renovación Urbana y la futura Ley de Arquitectura y Calidad del entorno construido, estableciendo el marco favorable para impulsar las actuaciones y orientarlas a mejorar nuestra calidad de vida.

En este sentido, desde el CSCAE hemos propuesto al Gobierno más de 40 medidas que pretenden mitigar la pérdida masiva de empleo, afrontando los problemas de acceso a la vivienda y la transformación integral que precisan nuestros entornos urbanos para garantizar el bienestar individual y colectivo de la población. Si tenemos en cuenta que el promedio de trabajadores ocupados en rehabilitación en países europeos semejantes al nuestro es del 3.9%, mientras que, en España, se reduce al 2,2%, solo alcanzando esos niveles, se crearían 400.000 nuevos empleos capaces de absorber pérdidas de ocupación de otros sectores.

Necesitamos, por lo tanto, una apuesta firme y decidida por la renovación y regeneración urbana planteada a todas las escalas -desde viviendas y edificios hasta manzanas, barrios y tejidos urbanos ineficientes-, que contemple el reequilibrio territorial con la España despoblada.

Con el apoyo a la reactivación de la UE y la actuación rápida de las administraciones públicas, tenemos el contexto adecuado para situar la transformación de nuestras ciudades como un proyecto colectivo capaz de afrontar, simultáneamente, tres graves retos: el desempleo, la actualización de nuestro patrimonio construido y disponer de una vivienda asequible y adecuada, claves en su conjunto para una vida digna y un futuro mejor.

*Lluís Comerón es presidente del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España.

Tribuna
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