Abrazos pendientes

La fuerza del carácter social del ser humano se funda en la bondad de sus acciones, porque hay en los hombres cosas más dignas de admiración que de desprecio

Foto: Sanitarios reciben aplausos mientras rinden homenaje a los fallecidos por el covid. (EFE)
Sanitarios reciben aplausos mientras rinden homenaje a los fallecidos por el covid. (EFE)

Lo peor del covid-19 es, sin duda, la vía Apia de muerte que ha empedrado nuestra ciudad, que recuerda, salvando las distancias de espacio y tiempo, a la pestilencia de Orán de mediados del siglo pasado. La descripción de Camus de aquel drama evoca, con rabiosa actualidad, las actitudes duales del ser humano y de la sociedad ante los estados de estrés individual y colectivo que ha provocado la crisis del covid-19. Una misma entidad con caracteres opuestos que buscan alivio al miedo y la angustia con actitudes enfrentadas, tan simples como extremas, adorando a un Jano que ha sacado lo mejor y lo peor de nosotros mismos.

Nos imaginamos a un adolescente navegando por internet intentando comprender una sociedad que, al mismo tiempo, es heroica y ruin, que por momentos es generosa, solidaria y al rato se torna en mezquina y egoísta.


Le asaltan sin cesar pantallas que le espantan:

- Miles de ancianos apartados en residencias sin la debida atención fallecen sin remedio, generando dudas sobre su legalidad y sobre su moralidad.
- Infinitas horas de espera para recoger bolsas de comida en barrios señeros de las ciudades.
- Élites que, desde lujosos áticos, llaman a la austeridad a los hijos del agobio y la desesperanza.
- Dirigentes oportunistas e insensibles que organizan celebraciones y verbenas donde, unos días antes, se han producido cuantiosas pérdidas humanas.
- Políticos que arremeten unos contra otros, como cabestros ensoberbecidos, en la sede de la soberanía nacional o lanzan tuits incendiarios que fomentan el odio y la revancha. Un ejemplo paradigmático de esta política es D. Trump, que es en sí mismo una epidemia moral.
- Ventajistas que aprovechan las debilidades de personas y empresas para robar las legítimas propiedades a precio de saldo, sin el más ligero parpadeo ético y con el más absoluto desprecio por la suerte ajena.
- Creyentes que, atónitos, se preguntan dónde está la jerarquía de las iglesias que predican amor y misericordia y que han hecho un 'mutis por el foro' inconcebible, cuando debieran haber estado conduciendo moralmente siquiera a sus feligreses…


Frente a esta muestra de barbarie:

- Cientos de jóvenes espontáneamente organizados atendiendo a las personas vulnerables y necesitadas de su entorno sin miedo al contagio.
- Organizaciones vecinales preparando, recogiendo y repartiendo comida a todos aquellos necesitados que por su delicada situación física no tenían recursos y fuerzas suficientes por sí mismos.
- Inacabables filas de personas esperando a las puertas de los hospitales para donar sangre.
- Voluntarios de toda edad y condición y para cualquier necesidad que la sociedad ha ido mostrando como consecuencia de la epidemia.
- Médicos y enfermeras que no han hecho otra cosa que trabajar sin descanso para procurar tratamiento a los afectados sin importarles el riego al contagio y la transmisión a sus familias. Profesionales que han llevado al zenit hipocrático sus responsabilidades sin el debido respaldo y protección de sus gestores, volviendo a trabajar en los epicentros del riesgo tras haber sufrido ellos mismos, y más que nadie, la propia enfermedad.

Recordando a A. Camus, les queremos rendir nuestro homenaje: “Todos los hombres que, no pudiendo ser santos, se niegan a asumir las plagas y se esfuerzan, no obstante, en ser médicos”.

Nuestro adolescente, antes de cerrar su sesión surfeando por el éter digital, recibe una inesperada encuesta. Le pregunta si sería tan amable de responder, en unos minutos, a tres sencillas preguntas, ante las cuales se queda atónito: ¿a quién le pediría un autógrafo?, ¿a quién ingresaría en un manicomio? y ¿en qué 'nave' embarcaría para cambiar de mundo?

Profesionales que han llevado al zenit hipocrático sus responsabilidades sin el debido respaldo y protección de sus gestores

La dualidad, que hemos mostrado en estas líneas, la consideramos estúpida e inútil, porque no sirve a un propósito y porque polariza la sociedad, no somos muy de ir cara al sol, preferimos la belleza de la coordinación de esfuerzos, como la que ejercitan los músculos ordenados por pares de agonistas y antagonistas que actúan juntos para favorecer la acción que produce un trabajo que impulsa el progreso individual y colectivo. Por eso, frente a la perplejidad de nuestro adolescente, creemos que no todo está perdido, que la fuerza del carácter social del ser humano se funda en la bondad de sus acciones, porque hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio.

Los contrastes que comentamos en estas líneas los representan bien las instituciones madrileñas. Mientras que la Comunidad de Madrid ha optado por la política de trinchera que, parapetándose en sus verdades absolutas, dispara a todo lo que se mueve como una escopeta de feria sin importarle las bajas, el ayuntamiento de la capital, por el contrario, ha preferido el trabajo cooperativo y coordinado. Valoramos muy positivamente el acuerdo de los grupos municipales para llevar a cabo la reconstrucción de la ciudad, superando las diferencias y las expectativas partidarias con la única idea de que Madrid recupere la vitalidad de sus mejores momentos. Animamos desde aquí a todos los madrileños a practicar la tolerancia no dogmática que cantaba A. Machado:

“¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”.

*Juan Barraco Gallardo, alcalde de Madrid (1986-1999).
*P. Pablo Mansilla Izquierdo, alto cargo del Ministerio de Sanidad (1982-1990).

Tribuna
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios