Ejemplaridad pública europea, a la palestra

Se abren tres o cuatro años en los que Europa tiene que cerrar el círculo, no cabe otra. Alemania es consciente de ello y ha estado dispuesta a olvidar muchos prejuicios

Foto: Pedro Sánchez se reúne con el primer ministro sueco, Stefan Löfven. (EFE)
Pedro Sánchez se reúne con el primer ministro sueco, Stefan Löfven. (EFE)

Cruzamos. El acuerdo cerrado en Bruselas para el Fondo de Recuperación europea esta semana, tras cuatro jornadas de negociaciones maratonianas es ciertamente histórico. Se han borrado varías líneas rojas para proyectar la UE hacia un nuevo estadio de integración: financiación mancomunada y activo libre de riesgo, capacidad impositiva desde el todo y transferencias netas. Desde el ejecutivo en la sombra que es la Comisión europea, la articulación de la condicionalidad para el reparto de fondos asegura los objetivos de competitividad, cohesión y convergencia para el conjunto de la UE en un diálogo futuro intensísimo con gobiernos. El Consejo Europeo estará penitente —in vigilando—. El conjuro hacia una ejemplaridad pública de patrón eminentemente europeo está hecho.

Si cualquier Estado en sus Planes de Reconstrucción se desviara de la hoja de ruta marcada por las "recomendaciones" semestrales de la Comisión (CSR), no solo arriesga la recepción de fondos, también, y sobre todo, la denuncia y el oprobio público del resto. Son tres años de ejecución del Fondo en los que el criterio rector en la política fiscal bascula desde un centro de gravedad típicamente nacional a otro europeo. Desde la interactividad entre los Planes y la guía de la Comisión se forja veladamente la convergencia fiscal y la exploración de economías y políticas de escala vienen dadas.

A pesar de la disidencia minoritaria y la poda de última hora al Fondo, el liderazgo franco alemán de Macron-Merkel pasó el acuerdo y la Comisión parte ahora con la misión inicial de depurar y limpiar extremos. Dos polos son brillantemente ajenos a la armonización: tanto los incumplimientos sistemáticos en reformas y consolidación presupuestaria de la periferia —España e Italia, como los excesos de las prerrogativas fiscales con Holanda a la cabeza—. Alemania, de su parte, haciendo de necesidad virtud y abrazando la consigna francesa hacia más integración, lidera una Comisión hiperactiva y en estado de gracia: por fin lo que diga tenderá a prevalecer sobre el Consejo. A partir de ya y de forma lenta pero segura, se fermentan narrativas de corte europeo: Europa es un gerundio que tiene delante el acomodamiento de la opinión pública y la adaptación de la semántica a esta nueva realidad latente, virtualmente una Unión Fiscal. Bendecir o no el precedente dependerá de resultados. Las pautas que marcaron las relaciones entre UE y los países en la anterior crisis —el hermetismo centrifugo y el desapego final— dan paso a un sentido de la cosa pública con espíritu constructivo y epicentro en Bruselas. En el día a día, de una Europa distante y anecdótica pasamos a una Europa crucial copando la opinión pública.

España: humildad y con buena letra... cuando usted quiera, presidente…

Un detalle revelador del karma con el que Sánchez afrontó esta cumbre tras el fiasco Calviño ha sido el bajo perfil y actitud silente. Sin declaraciones a la prensa durante cuatro días, "escucha activa" apuntaron fuentes gubernamentales. Desde las propuestas inteligentes y sensatas a la confección del Fondo en abril, se ha caído a un rol pasivo. En rigor la recepción fue fría. ¿Por qué así?

Europa es un gerundio que tiene delante el acomodamiento de la opinión pública y la adaptación a esta nueva realidad

Hubo toque de atención seguro. Mientras en el Parlamento Europeo el trabajo conjunto de liberales, socialdemócratas y conservadores es moneda de curso, las excentricidades y el sectarismo de la política patria al son del guion Iván Redondo no pasan desapercibidas. Es un repelente a la credibilidad en Europa. No gustan ni la confusión Estado —gobierno replicado por doquier—, ni la mendacidad en la palabra pública. El aperitivo a la negociación fue la invocación vacía a grandes pactos de Estado que tienen como contrapartida real el ninguneo a la mitad del arco parlamentario —y más del voto popular— "nunca pactaremos con el PP" en prensa italiana, definen un perfil y estilo. Merkel y Von der Leyen fueron avisadas del ninguneo a Casado desde mayo.

A diferencia de la algarabía y el solipsismo de la política patria, reiterada en Parlamento, en Europa, parece por el bajo perfil, Sánchez es permeable al diálogo y hace acuse de recibo de mensajes. La ingenuidad medular de esta coalición, en esta legislatura y en este contexto, es posible que haya quedado tocada. El dinero público es del contribuyente, los recursos son escasos y susceptibles de usos alternativos.

Que, sobre un guion de convergencia, España es un verso suelto que ha omitido sistemáticamente los 3 últimos años las recomendaciones de la Comisión es 'vox populi' —más allí que aquí— que todo lo que el gobierno va a necesitar presentar en Bruselas —Planes de Reconstrucción Nacional (en relación a pensiones, mercado de trabajo, IVA) sobre la base de recomendaciones semestrales muy exigentes de la Comisión (CSR)— sea susceptible del mercadeo que ha marcado hasta el momento la legislatura —y no de un gran pacto de Estado—, es muy cuestionable. El sabrá. ¿Hasta cuándo, señor presidente?

Del otro lado: excesos fiscales podando el acuerdo

Los defectos de unos no borran los excesos de otros. Las recriminaciones —legítimas, de los frugales liderados por Holanda por las dilaciones perennes en la periferia por arreglar su propia casa, la aguja que pincha la burbuja de PS—, han perjudicado el contenido final del acuerdo, sin duda. Pero entrando en una nueva etapa en la que el compartimento de riesgos es ya explícito y el nivel superior de exigencia una consecuencia programática, la ristra de países que llevan ejerciendo un 'dumping' fiscal soterrado, con Holanda a la cabeza, no se va a ir de rositas.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, junto a la presidenta de la Comisión Europea y el resto de líderes de la Cumbre en Bruselas. (EFE)
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, junto a la presidenta de la Comisión Europea y el resto de líderes de la Cumbre en Bruselas. (EFE)

A título de ejemplo, recuérdese que Holanda da cobijo a 200.000 empresas pantalla en búsqueda de menores tipos fiscales y regímenes opacos —un bastión del fraude fiscal—. A raíz de ello, un país de 17 millones de habitantes atrae tanta inversión extranjera directa (FDI), como todo EEUU. Según el FMI casi la mitad de FDI es falsa y responde a la búsqueda de chanchullos fiscales. Holanda es paradigma de estas prácticas.

Como muestra inapelable de estos nuevos aires que respira una Comisión fortalecida por el protagonismo del Fondo de Recuperación y su papel nuclear en la gestión de la crisis, el cauce legal para sancionar esos excesos y procurar acciones correctoras hacia la convergencia fiscal, ya está previsto. Con el art 116 del Tratado EU, la Comisión tiene un instrumento de acción sobre prácticas de divergencia fiscal, y operativo solo con mayoría cualificada. En el fondo de la cuestión está el 'race to the bottom' que en el interior de la propia UE es un anacronismo infumable en este estadio de integración. Alemania que preside la UE este semestre ya ha declarado hacer de la "justicia fiscal"—léase convergencia—, una prioridad.

Si durante las reuniones para el acuerdo del Fondo, Rutte ha tomado como línea negociadora recriminar a la Comisión la laxitud con la que se han sancionado desviaciones en los planes presupuestarios y financieros anuales, prepárese en los próximos trimestres a recibir la misma medicina que ha estado recomendando.

Alemania: a la búsqueda de narrativas y el rigor semántico

Ante el consenso de los medios y la perplejidad de algún lector ocasional, nos atrevimos a augurar esta primavera la mutualización de deuda aquí, como mecanismo imprescindible para garantizar la salida de esta crisis y la viabilidad del proyecto europeo. Al margen de una vocación europeísta incondicional, nuestro razonamiento se ancla en un conocimiento objetivo de las inconsistencias sistémicas del constructo euro: la divergencia estructural inherente a la puesta en precio por mercados exteriores y financieros de una prelación de competitividad dada, y la insostenibilidad a largo plazo de ese constructo sin un mecanismo fiscal corrector o canalizador de excedentes. Nada que no reconozca por activa y por pasiva tanto la literatura académica como los mercados.

Pero lo que quizá sí nos llevó a una posición que 'a priori' parecía más significada, fue el convencimiento de que Merkel y Alemania —las antípodas del populismo— fueron y son perfectamente conscientes de la gravedad con la que la crisis y el efecto de fragmentación de mercados pudiera llevarse por delante una arquitectura ya de por sí frágil y condenada al apoyo 'sine die' del ECB —como explicábamos aquí—. Atributos como crisis "existencial" o cumbre "histórica" que se han prodigado estos meses denotan un abismo entre las élites tecnocráticas y el conocimiento y sentir popular que debe cerrarse. Nada como construir pautas de comportamiento de refuerzo positivo y convergente, una praxis paradigmática.

Ante la "interinidad y carácter excepcional" del Fondo —¿qué pasa con la fragmentación financiera en el 2023?— la realidad de la imperfección del euro sigue igualmente vigente, pero el cambio genuino de percepción en Alemania por encima de prejuicios culturales en torno al predicamento moral, es genuino y tremendamente prometedor. El Fondo de Recuperación es tanto un "testamento de viabilidad" al proyecto europeo por parte de Merkel para cuando pueda dejar la Cancillería 2021, como una opción abierta a la ejecución de una Unión Fiscal.

La élite alemana conoce en toda su profundidad la confluencia de las limitaciones inherentes al modelo euro —incluida la condena del ECB— y las insuficiencias de las actuales pretensiones a favor de una soberanía en algún grado propiamente europea —nuestro talón de Aquiles—. Conoce las inconsistencias interiores y las presiones exteriores. Y sabe que una voluntad política a favor de la integración requiere tanto una sincronización técnica de agendas —en marcha con el Fondo— como un propósito común amparado democráticamente.

El Fondo de Recuperación es un "testamento de viabilidad" al proyecto europeo de Merkel y una opción a la Unión Fiscal


Este último solo podrá florecer sobre el éxito del nuevo instrumento y la concitación de narrativas de ejemplaridad proeuropeas. El tenor diplomático cuasi ceremonial entre naciones europeas que han marcado las primeras décadas de la UE —desde las omisiones de Alemania y Francia de los 2000 hasta la periferia la última crisis— va a transmutarse en un código de exigencia cualitativamente superior por el que el oprobio público va a estar marcado por el consenso. Bajo este espíritu, allí donde todavía se exija la unanimidad y prime la intergubernamentalidad, la praxis va a acelerar unas dinámicas en las que las mayorías cualificadas van a sancionar públicamente a la disidencia.

De hecho, están los "frenos de emergencia" del Consejo a la ejecución del Fondo —la capacidad de veto por país tiene una vocación temporal de 3 meses tras los cuales la Comisión pasa a dirimir conflictos—. Es presumible que puedan producirse eventos de disenso, pero la publicidad, debate y sanción publica que atraerán sustanciarán el sentido de la cosa pública propiamente europea. Es un ejemplo de democracia representativa en juego supino. En esa interactividad entre el Consejo y todo el elenco institucional comunitario donde se dirimirán las posibilidades de éxito hacia la Unión Fiscal y política. Como marco de referencia cuantitativa de dónde estamos y a dónde se puede llegar: el presupuesto anual comunitario es del 1% del PIB, los nacionales de media 47%, y el Fondo supone algo más del 5% en tres años.

La percepción de realidades es aún muy divergente —pregunten a Rutte por la unión fiscal—. Pero si a la comba de la crisis hubiera que diseñar un ensayo probeta de la misma, es exactamente este mismo vehículo. No es coincidencia que sea la solución al problema latente de reforma del euro y el núcleo de la "Conferencia sobre el Futuro de Europa". La ejecución de este fondo —su funcionalidad— reconocimiento y promoción es la partida pendiente de la Política europea, ahora con mayúsculas, el próximo lustro.


El Fondo tiene en sus rasgos definitorios —las líneas rojas— todo el potencial para constituir una simiente de Unión Fiscal, un Tesoro Europeo si su ejecución, bajo un nuevo espíritu constructiva y una nueva praxis de ejemplaridad europea, acabara siendo un éxito. El carácter "excepcional e interino" tiene toda la vocación para transmutarse en permanente. De nosotros depende.

Se abren tres o cuatro años en los que Europa tiene que cerrar el círculo, no cabe otra. Alemania es consciente de ello y ha estado dispuesta a tirar por la borda muchos prejuicios con el liderazgo de esta iniciativa. ¿Y de nuestros prejuicios patrios -una diáspora furibunda, un individualismo anárquico, un sino colectivo disidente- qué?. El cambio de aires se siente: una oportunidad única e irrepetible para todos.

Tribuna
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