Europa y Sánchez: amor y pedagogía

Este Gobierno 'punk' con Pedro Sánchez a la cabeza permuta la gobernación y la gestión por la campaña publicitaria y la propaganda al son de su alquimista de la comunicación Redondo

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

Las últimas semanas de actualidad política son de sobresalto. No pasan dos días sin que el Gobierno de la nación asalte de un modo u otro las costuras del Estado de derecho. En paralelo al colapso económico y la emergencia sanitaria, el despliegue de zarandeos al armazón institucional consagrado constitucionalmente y la cohesión social es inédito. La grosera transmutación de la Fiscalía del Estado en la Fiscalía del Gobierno para enjuagar cualquier responsabilidad en la pésima gestión de la pandemia. La manifestación impune a favor de un cambio en la forma de Estado en medios de un vicepresidente del Gobierno que prometió defender la Constitución. La compra de apoyos para la aprobación del Presupuesto mediante la preparación de indultos, o, en su caso, la reducción de penas del delito de sedición negociada con los propios perpetradores.... 'No limit'… La inhabilitación de Torra por el TS, un respiro. Y entre medias, tibiezas y otorgadas por calladas.

A decir de aquel genio de la estrategia que fue Napoleón: “Cuando veas a tu enemigo cometer un error, no interrumpas”. Si solo se tratara de ganar elecciones, cabría seguir su recomendación... Pero es que, además de la calamidad sanitaria, la ruina económica y la devastación social en curso, fermentan en Europa cambios de tal naturaleza cuyas vicisitudes y prospección ni se atisban. Abierto con el fondo europeo de recuperación un periodo de exploración para una integración de Europa más profunda, la energía política se consume en cristalizar un populismo de laboratorio, un paradigma de la defección a lo que esta representa, a base de independentismos xenófobos y comunismo pueril.

Efectivamente, este Gobierno 'punk' con Sánchez a la cabeza permuta la gobernación y la gestión por la campaña publicitaria y la propaganda al son de su alquimista de la comunicación Redondo. El guion ya lo sabemos de memoria por repetitivo: abducir al electorado con el delirio y la ficción de que ni hubo Transición, ni esta fue el periodo más feliz de la historia moderna en España, ni estuvo anclada en Europa. Según algunos, se trata de un proyecto para un cambio de régimen en la década, ni más ni menos... Crispar al adversario político empaquetado a su derecha como 'facha' es la consigna. Cualquier funambulismo político vale para mantener un poder cogido con alfileres perversos, aun a costa de atentar contra la integridad institucional y moral de una sociedad. Socavar la posibilidad de expresión política de una mayoría popular en torno al centro es en lo que se gasta la energía política.

Pero, oiga... Que cualquier conato de alteración de la forma de Estado o el modelo territorial requiere reformar la Constitución mediante aprobación por mayorías cualificadas en las cámaras. Que el ordenamiento jurídico español en su totalidad es parte constituyente del acervo comunitario, y que Europa es la última e insalvable garantía del imperio de la ley y el Estado de derecho, su esencia distintiva: por dónde no pasan. De nuevo…: ¡es el rigor de ley, estúpido!

Y en el plano económico, que el mínimo atisbo de opcionalidad para la recuperación económica —a corto, medio y largo plazo— pasa por ese fondo de recuperación europeo, cuya virtualidad como ensayo hacia una mayor integración política y fiscal se predica de una ejecución ejemplar y de una adscripción modélica al núcleo programático de la Constitución que fue nuestro pasaporte para Europa. Aquí sí que hay un proceso de exploración constituyente para la próxima década... No se enteran de la película, ni aun auspiciando esta nueva realidad que conforma el fondo, cambios potencialmente estructurales en los mecanismos de solidaridad del constructo euro. Una sospecha legítima de estulticia, desidia o perfidia, asociada a este Gobierno, vistos los procederes, palidece ante la constatación de una ingenuidad supina. Es la marca característica de la legislatura.

Decía también el corso que "los ejércitos marchan sobre sus estómagos". Las dimensiones de la catástrofe económica que se avecina los próximos trimestres son devastadoras. Alcanzar el nivel económico precovid nos llevará hasta 2023 o 24, y esto asumiendo que haya vacuna y cierta normalización de la actividad turística para la primavera —un suponer, como que “salíamos más fuerte” al calorcito del veraneo...—. Alemania lo hará a mediados o finales de 2021. Sí, el fondo de recuperación es un hito histórico en la integración europea y una posible simiente de la unión fiscal, pero en rigor su dimensión actual con transferencias netas en torno al 4% del PIB esparcidas en tres años frente a la magnitud de la caída, -12%/-15%, es en todo punto insuficiente. Este escenario impide huir de nosotros mismos, como parecen presuponer las veleidades de la acción política Frankenstein.

Las dimensiones de la catástrofe económica que se avecina los próximos trimestres son devastadoras. Alcanzar el nivel precovid nos llevará hasta 2023

Un Gobierno ufano que se jacta de la efectividad estratégica de su política de comunicación, vertebrada por definición en la polarización —ese Redondo por todos lados—, poco parece barruntar de psicología social, y, por conexión, de economía. A falta de estímulo fiscal suficiente, la confianza de los agentes económicos privados —consumidores, empresas e inversor internacional— cuenta con el mejor repelente posible. Garantizado. Iglesias y la diáspora independentista no hacen precisamente un excelente cartel de 'marketing'. Más aún, la propia atención del votante confinada al guion frentista como a golpe de látigo será imposible de mantener en plena hecatombe económica. Sencillamente, quedan muy pocos juguetes que arrojar fuera de la cuna.

Este Gobierno populista en toda regla, que vive de imaginarios, que ignora los pilares clave del Estado de derecho, los éxitos de las últimas décadas, y desprecia las nociones mínimas de economía, no se da por aludido. La seguridad con que se vendió el nombramiento de Calviño como presidenta del Eurogrupo y luego “no sabemos qué ha pasado”… A Sánchez, sus modos y maneras, ya lo tienen calado desde las mismísimas filas socialdemócratas del norte. Sigue pensado Europa como coartada oportuna y ni por asomo es consciente de la trascendencia de las corrientes en curso. Esta semana pasada, vimos la solicitud del ECB para que se considere hacer del FR una institución permanente en el tiempo o las amonestaciones del comisario Gentiloni a las prácticas fiscales de Holanda e Irlanda, también en la diana. La deriva de política patria, frente a las exigencias económicas, políticas y formales de ese proyecto de integración, es un contrapunto estridente y eventualmente un ejemplo de defección.

Toda la disciplina económica va a recaer pues inexorablemente tanto sobre las políticas fiscales como en una política industrial en ciernes

Las dinámicas europeas que se vienen son muy distintas a las de la crisis euro de 2012. Entonces eran los mercados y la ampliación de 'spreads' para la financiación los que imponían la disciplina sobre soberanías nacionales. Ahora, Alemania es ya conversa, consciente de lo pequeña que resulta por sí sola, y comienza a pensar Europa estratégicamente. Ahora también, el ECB, con sus compras y recurso ilimitado a la política monetaria, tiene planchados el coste de financiación soberana —¿dónde estaríamos si no?...—. Toda la disciplina económica va a recaer pues inexorablemente sobre la política fiscal y una política industrial en ciernes, a base de compromisos y rigor de ley. 'Condicionalidad' en la ejecución del fondo de reconstrucción se queda corto para categorizar lo que se viene. Pensiones, mercado laboral, educación, mercado interno... son todos capítulos susceptibles de reforma con compás, escuadra y cartabón. Como bien apuntó Schulz, ministro de Finanzas del SPD, en una ruta hacia la unión fiscal no cabe el “arbitraje fiscal”. La premisa es la convergencia. Cuán poco tardarán algunos en salir corriendo.

Entramos en otra marcha. La interactividad entre gobiernos presupuesta en la ejecución del fondo: planes nacionales, ajuste a recomendaciones semestrales de la Comisión y, finalmente, control por el Consejo, va a exponer públicamente cualquier salida del plato. Esa labor de disciplina económica que acometían los mercados está asumida por la Comisión y el Consejo de Estado. En un proceso iterativo, cada palo aguanta su vela para hacer la estructura viable —incluidos mecanismos de solidaridad potencialmente estructurales (p.e. paro juvenil al 50%)—. Pero ni una minucia de ingenuidad. Una soberanía nacional hermética anestesiada bajo el ECB por la que Sánchez goza sus placeres se va a ver condicionada irremediablemente por criterios técnicos y posiciones políticas tendentes al centro y al reformismo, donde está el pragmatismo.

Pensar en embutir este tsunami histórico —esta exploración constituyente para la década, esta sí— en el calcetín de la configuración de la política patria, se me antoja un regalo de Navidad altamente improbable. Entre la disciplina y compromiso de un proyecto de integración europea en curso como criterio rector, avalada por todos los socios, décadas de éxito y un respeto nuclear al Estado de derecho, y otra de comunicación bajo el guion frentista, anacrónico, caprichoso y centrífugo, debe haber pocas dudas sobre cuál prevalece.

Tribuna
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