Ningún país puede quedarse atrás en la recuperación 'poscovid'
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Ningún país puede quedarse atrás en la recuperación 'poscovid'

Durante la crisis financiera global de hace una década, los mercados emergentes proporcionaron un motor de crecimiento. Esta vez, puede que retrocedan en la recuperación

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Foto: EC.

Las economías en desarrollo se enfrentan a una década de paralización. Su difícil situación representa un peligro para Estados Unidos y para el mundo. Durante la crisis financiera global de hace una década, los mercados emergentes proporcionaron un motor de crecimiento alentador. Esta vez, puede que retrocedan en la recuperación.

Durante meses, el coronavirus se ha propagado lentamente en el mundo en desarrollo. Ahora alrededor del 70% de los nuevos contagios se registra en los países más pobres, y seguramente el porcentaje real sea mayor. Los países en desarrollo se enfrentan a sistemas de salud pública débiles y han tenido dificultades a la hora de implementar el distanciamiento social y las cuarentenas. Muchas personas no tienen cubiertas las necesidades básicas como el jabón y el agua corriente.

La economía de la pandemia ha destrozado a los mercados emergentes. Los turistas han desaparecido. Las exportaciones, incluidas las de energía y materias primas, se han desplomado. Los gobiernos tienen menos dinero para ayudar a la población. El déficit y la deuda se han disparado. La inversión extranjera a largo plazo se ha reducido.

Foto: Gente esperando sus test rápidos de coronavirus en un centro de salud de Calcuta. (EFE)

Los países en desarrollo han buscado salvavidas financieros internacionales. Los activos de los mercados emergentes cayeron bruscamente, pero luego algunos repuntaron porque la avalancha de liquidez del banco central llevó a los inversores a perseguir mayores rendimientos, especialmente para la deuda y las acciones denominadas en dólares. Sin embargo, a medida que las divisas de los mercados en desarrollo se deprecian, los inversores tienen más miedo.

Los más vulnerables —Argentina, Ecuador, Líbano— ya han decaído. Turquía y Sudáfrica están al borde del precipicio. Los sabios y cautelosos recuerdan que, cuando un acontecimiento ha provocado roturas en los mercados emergentes, el desplome ha sido rápido y brusco.

Un análisis del mundo revela muchos sucesos inquietantes potenciales que podrían transformar el trauma de la pandemia en colapsos financieros y sociales. EEUU y China están encerrados en una política arriesgada, aunque cooperaron durante la crisis financiera. Los roces de las relaciones comerciales están generando hostilidades, ya que los actores políticos ignoran las lecciones de los años 30. Una crisis financiera en un gran mercado emergente podría provocar retrocesos en lugares lejanos, como hicieron los impagos a finales de los noventa. Una avalancha de insolvencias corporativas podría impulsar a los inversores a retirarse y originar un desapalancamiento.

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Donald Trump (i) y Xi Jinping, durante un encuentro. (Reuters)

Los 'shocks' económicos y sociales generan grandes oleadas políticas que abruman a los gobiernos. Esta crisis está poniéndole la zancadilla a familias que intentan salir de la pobreza para alcanzar ingresos y esperanzas —ahora truncadas—. La educación va a resentirse. Las pequeñas y medianas empresas y aquellas sin conexiones a internet saldrán perdiendo. EEUU ha pagado muy caro en el pasado agitaciones políticas en América Latina, a través de la inmigración, insurgencias, redes criminales y pérdida de alianzas. La Unión Europea comparte un destino geográfico con un continente africano y un Oriente Medio en dificultades. El sur de Asia hierve con conflictos latentes. Asia central, dependiente de las exportaciones y las materias primas, podría convertirse en un callejón sin salida para la Franja y la Ruta de China, y una zona fronteriza peligrosa para Rusia.

En unas semanas, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se reunirán en una reunión anual virtual. Las economías líderes del Grupo de los 20 necesitan abrir los ojos ante esos riesgos. EEUU debería reconocer que su recuperación sana —tanto de la enfermedad como del desastre económico— depende de recuperaciones en otras partes. El 'America first' no debería convertirse en un 'America alone'. Incluso movimientos moderados hacia la cooperación pueden generar confianza. Los presidentes George W. Bush y Barack Obama, así como el Congreso de EEUU, reconocieron esas interconexiones en 2008-2009. La Cumbre del G-20 de 2009 en Londres estableció una base sólida sobre la que los países empezaron a reconstruir.

Los países darán prioridad a sus ciudadanos para vacunas y tratamientos. Pero también pueden comprometerse a apoyar a los más vulnerables en los países en desarrollo. La Organización Mundial de la Salud debería desempeñar un papel, pero en todo caso la asociación GAVI (antes la Alianza Global para las Vacunas y la Inmunización por sus siglas en inglés), que EEUU ha apoyado muchos años, podría intervenir. Hay ejemplos en las iniciativas del presidente Bush para contener el SIDA, la malaria y la tuberculosis.

Foto: (Reuters)

El G-20 aceptó una solución provisional recomendada por el FMI para permitir a los países más pobres posponer el pago de su deuda con gobiernos. Otros países también necesitarán ayuda. Las entidades privadas que persiguieron mayores rendimientos en mercados con más riesgo limitarán el acceso a los prestatarios, pero los acontecimientos extraordinarios —ya sea para los propietarios o para los países— garantizan acuerdos especiales.

Los préstamos de China tendrán que ser parte de estas revisiones de deuda. Es más probable que EEUU y otros países consigan cooperar con China si orientan al FMI para que coordine un esfuerzo multilateral diseñado para ayudar a las economías en desarrollo, y no para ganar puntos.

Puede que las difíciles circunstancias empujen a EEUU y China a redescubrir un interés común por una economía mundial sana. Los cortes de suministros y transporte están avivando el riesgo de subidas en el precio de los alimentos, así como las prohibiciones de exportación, que agravarían los riesgos para todo el mundo. Por otro lado, los cambios en las cadenas de suministro crearán oportunidades para nuevas inversiones en infraestructura. Eliminar barreras comerciales facilitaría las recuperaciones económicas. El FMI y el BM deberían ceder para conceder préstamos blandos a largo plazo, y sus socios gubernamentales deberían aportar más recursos si fuera necesario.

Las economías desarrolladas han limitado los riesgos colaterales que podrían haber permitido que la pandemia siguiera empeorando y originara una década de crisis. Pero los riesgos colaterales de los mercados emergentes están aumentando. EEUU y otras economías del G-20 no pueden permitirse una visión simplista de la recuperación.

* Robert B. Zoellick es expresidente del Banco Mundial y autor de 'América en el mundo: una historia de la diplomacia y política exterior estadounidense'.

Las economías en desarrollo se enfrentan a una década de paralización. Su difícil situación representa un peligro para Estados Unidos y para el mundo. Durante la crisis financiera global de hace una década, los mercados emergentes proporcionaron un motor de crecimiento alentador. Esta vez, puede que retrocedan en la recuperación.

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