Muertes asumibles

La cuestión que hay que plantearse es cuántas más muertes evitables podemos asumir como sociedad y si esta reflexión sería diferente si afectaran en mayor medida a la población más joven

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Se acercan las navidades y se aviva el debate sobre hasta qué punto se pueden suavizar las medidas frente al covid-19 para permitir que en el ámbito social, y muy particularmente en el familiar, se puedan celebrar las fiestas de una forma parecida a la que estamos acostumbrados y que la economía, en especial el comercio y la hostelería, pueda aproximar sus resultados, en lo posible, a los niveles de otros años.

El Ministerio de Sanidad, consciente de que existen medidas preventivas que minimizan la difusión de esta enfermedad, ha presentado una 'Propuesta de medidas de salud pública frente a la covid-19 para la celebración de las fiestas navideñas' para debatirla con las comunidades autónomas, con la intención de llegar a un consenso, de forma que se establezcan unas medidas mínimas comunes para toda España que las comunidades puedan ajustar según su situación.

Muertes asumibles

Surgen voces que fían las celebraciones familiares a la realización de test de antígenos para todos, cuando hoy por hoy se sabe que estos test tienen alta sensibilidad en sintomáticos en los primeros cinco días de síntomas, pero menor en asintomáticos, pudiendo generar falsos negativos. La otra dificultad, aún más relevante, es que el resultado de estas pruebas es efímero, puesto que uno puede infectarse después de la realización de la prueba. Así usados, los test podrían proporcionar una falsa sensación de seguridad y, en consecuencia, un efecto contrario al deseado, al llevar a disminuir las precauciones.

El Ministerio de Sanidad ofrece información, entre otros datos, sobre los fallecimientos por covid-19 notificados por las comunidades autónomas a la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (Renave). Por otra parte, el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), del Instituto de Salud Carlos III, proporciona información de las muertes diarias observadas, por todas las causas, y las esperadas con base en la mediana del mismo día en los últimos 10 años, lo que permite calcular el exceso, o déficit, de mortalidad.

En la Renave, con datos todavía provisionales, constan 44.261 fallecimientos por covid-19 desde el inicio de 2020 hasta el 26 de noviembre. Y en el mismo periodo, el MoMo cifra el exceso de fallecidos en 64.839 (20.578 más que los declarados a la Renave). Si observamos la evolución temporal en la gráfica, llama la atención la magnitud de esta diferencia en los meses de marzo y abril, diferencia que se puede explicar, por una parte, por las muertes que en los momentos más críticos se contabilizaron solo parcialmente como covid-19, al no haber sido diagnosticadas —principalmente, las ocurridas en residencias de ancianos—, y, por otra parte, a los fallecimientos de personas con otras patologías que se hubieran podido evitar si hubieran recibido la atención médica que precisaban, que no se les pudo proporcionar por la saturación en los servicios sanitarios, tanto en Atención Primaria como en hospitales, y en particular en las unidades de cuidados intensivos. Estas diferencias tienden a acortarse en los meses más recientes (de septiembre a la actualidad), en que las defunciones por coronavirus suponen un 76% del exceso de mortalidad en ese periodo (13.505 por covid-19 frente a 17.771 de exceso), cuando en marzo y abril suponían un 61% (25.958 frente a 42.874).

Fuentes: para los fallecidos, es la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (web del Ministerio de Sanidad en formato CSV, a 28 de noviembre de 2020), y para el exceso de mortalidad, es el sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (web del ISCIII en formato CSV, a 27 de noviembre de 2020).

Cuando el Instituto Nacional de Estadística tenga disponible la 'Estadística de defunciones según causa de muerte' correspondiente a 2020, podremos analizar las patologías que han causado ese exceso de muertes (previsiblemente, no se podrá disponer de datos de calidad antes de un año, ya que se trata de una operación estadística compleja).

Tanto la Renave como el MoMo apuntan a que la mortalidad por covid-19 se concentra principalmente en personas de 75 años en adelante. Tratándose de defunciones que en parte podrían evitarse, parecen asumirse de diferente manera que las que afectan a otros grupos de edad. Por ejemplo, si tenemos en cuenta los fallecimientos por accidentes de tráfico, que siguen siendo la primera causa de muerte en jóvenes menores de 25 años, estos alcanzaron su máximo en 1989 (9.344) y, ante la alarma que producía ese crecimiento incontrolado del número de muertos, a lo largo de este tiempo se han ido implementando medidas legales cada vez más severas —muchas de ellas impopulares— e incrementando los controles policiales. A pesar del descenso continuado de estos fallecimientos desde 1990, hasta alcanzar al mínimo de la serie histórica en el año 2013 (con 1.680 fallecidos), en ningún momento, a lo largo de estos años, se ha ofrecido una visión triunfalista que haya desembocado en una suavización de la normativa o de su aplicación. El esfuerzo para prevenir los accidentes de tráfico, manteniendo la guardia alta, es un buen ejemplo a seguir.

Nuestro sistema sanitario, que era modélico por su excelente calidad, no ha podido soportar los años de recortes y solo está logrando resistir la tensión por el esfuerzo titánico de todo el personal de los centros sanitarios. El mejor regalo de estas navidades sería el tan necesario refuerzo de la salud pública —aumentando el número de epidemiólogos y rastreadores—, la ampliación de las plantillas asistenciales y la mejora de los medios materiales, incluida la puesta en marcha de recursos existentes actualmente sin funcionamiento.

Hoy por hoy, en tanto no estén disponibles las vacunas y probablemente durante un tiempo después de que la vacunación para la mayoría de la población sea una realidad, tendremos que convivir con el covid-19, y asumir que habrá contagios y habrá muertes, pese a ser en parte prevenibles.

Muertes asumibles

La cuestión que hay que plantearse es cuántas más muertes evitables, las de enfermos de covid-19 y las que son consecuencia de la falta de asistencia por la saturación de los servicios sanitarios, podemos asumir como sociedad y si esta reflexión sería diferente si estas muertes afectaran en mayor medida a la población más joven. En definitiva, en todos los niveles, desde el gubernamental (estatal y autonómico) hasta el personal, tendremos que resolver un dilema: relajar o no las medidas de control que estén en nuestra mano.

*Rafael Fernández-Cuenca. Epidemiólogo.

Tribuna