España, ante la generación perdida
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Pedro C. Fernández Alén

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España, ante la generación perdida

Las perspectivas laborales para los menores de 25 años no resultan halagüeñas. Alumbrémosles el camino y ayudémosles a caminar. De ellos depende nuestro destino

placeholder Foto: Unos jóvenes se dirigen a tomar un tren para ira a la playa en la estacion de Sants de Barcelona. (EFE)
Unos jóvenes se dirigen a tomar un tren para ira a la playa en la estacion de Sants de Barcelona. (EFE)

Octubre ha vertido sobre el mercado laboral otro jarro de agua fría, ya que, aunque es cierto que tradicionalmente es un mes agridulce para el empleo, este año ha resultado especialmente amargo.

Y es que, a pesar de que el paro registró la segunda menor subida en este mes de los últimos 13 años, el desempleo de los menores de 25 años volvió a incrementarse un 4,6% con respecto a septiembre, cuando la EPA señaló que la tasa de paro juvenil escaló hasta el 40,4%.

De esta manera, con una de las cifras más elevadas de todos los países de la OCDE, el paro juvenil se ha enquistado en nuestra economía, habiéndose convertido en la segunda pandemia contra la que urge encontrar un antídoto.

Si no es así, España corre el riesgo de perder tanto una generación, la de los “jóvenes ni ni ni” que ni tienen trabajo, ni lo buscan, ni lo quieren; como la de otros muchos que buscan ansiosamente su incorporación al mercado laboral. Porque los menores de 25 años son las principales víctimas de la crisis a la que nos enfrentamos, como ya ocurriera tras el estallido de la burbuja inmobiliaria.

Los PGE para 2021 contemplan un incremento del 70% de las dotaciones destinadas a la política de Educación y del 30% para el fomento del empleo

Y en este contexto España debe inmunizar a sus jóvenes contra el virus del paro por lo que, para el desarrollo de esa vacuna, debemos destinar tantos recursos como sean necesarios. Porque lo que no invirtamos hoy en abrir las puertas del mercado laboral a los menores de 25 años, tendremos que gastarlo mañana en partidas para el desempleo o en subsidios. Y mientras la inversión en formación resulta productiva, las prestaciones para parados deben considerarse paliativas para la economía, pues nuestro objetivo prioritario debe ser la creación de empleo.

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En este escenario, los Presupuestos Generales del Estado para 2021 contemplan un incremento del 70% de las dotaciones destinadas a la política de Educación y del 30% para el fomento del empleo, partida en la que se priorizará el impulso a la Formación Profesional.

Anteriormente, durante la presentación del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Economía Española el Gobierno apuntó que los fondos europeos contribuirían a crear 800.000 empleos.

El Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia se orienta sobre cuatro ejes de transformación y diez palancas de trabajo


Pues bien, el Consejo Económico y Social (CES) acaba de aprobar un Informe sobre Jóvenes y mercado de trabajo en España en el que propone usar estas ayudas comunitarias para incentivar la contratación indefinida de menores de 25 años, reforzar y transformar la Garantía Juvenil para hacerla de carácter permanente -en vez de coyuntural-, y blindar el Plan de Choque por el Empleo Joven frente a su comprometida dotación presupuestaria.

De igual modo, el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia se orienta sobre cuatro ejes de transformación y diez palancas de trabajo. Entre estas palancas se encuentra la educación, que incluirá un refuerzo de la FP. Y precisamente el Informe del CES señala la importancia de elevar el número de personas graduadas en FP, para lo cual es necesario tanto impulsar la elección educativa por estas enseñanzas como que una mayor proporción de alumnado finalice las mismas, fortaleciendo el aprendizaje de los estudios profesionales en aras de hacerlo más eficiente, de calidad y adaptado al entorno productivo.

España corre el riesgo de empezar a contar jóvenes parados de larga duración, que incrementarán el problema económico con efectos sociales

Sea como fuese, nadie duda de la necesidad de priorizar las actuaciones de formación, teniendo en cuenta la brecha existente entre la cualificación de los jóvenes y las principales demandas de las empresas en el mercado laboral, cada día más relacionadas con la revolución tecnológica y digital.

El reto es mayúsculo, pues España corre el riesgo de empezar a contar jóvenes parados de larga duración, que incrementarán el problema económico con efectos sociales y psicológicos de difícil cuantificación y difuminados límites.

Y para luchar contra el paro juvenil, las políticas de empleo, sobre todo las activas, han de evaluarse adecuadamente mediante el diálogo con los interlocutores sociales para poner en marcha medidas urgentes que deberían conformar el eje central de la política, puesto que de ellas, en la práctica, dependerá el futuro social y económico de España.

Porque el diálogo social ha demostrado su utilidad y eficacia siempre que se le ha puesto una tarea o misión; en la medida en que permite tomar decisiones más ajustadas a la realidad y más permeables -al llegar directamente a empresarios y trabajadores-, así como encontrar soluciones concretas a problemas específicos, como recientemente ocurriera durante las negociaciones de los ERTE o del trabajo a distancia.

En definitiva, las perspectivas laborales para los menores de 25 años no resultan halagüeñas. Alumbrémosles el camino y ayudémosles a caminar. De ellos depende nuestro destino.

*Pedro C. Fernández Alén es presidente en funciones del CES

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