Un plan por la salud… y por la economía
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Un plan por la salud… y por la economía

Este contexto de crisis ha colocado a la industria biofarmacéutica en el foco del interés social, con la demanda de soluciones en forma de tratamientos y vacunas

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No hay economía sin salud. La dura crisis sanitaria contra la que luchamos lo ha constatado de la manera más cruda. A la pandemia por covid-19, cuajada de enfermedad y muerte, se suma un contexto de profunda crisis económica que está afectando a todo el mundo, y especialmente a nuestro país.

Las estimaciones hablan de una caída del PIB en España del 11% en 2020 —más de 120.000 millones de euros— y de un crecimiento para 2021 de entre el 5 y el 7%, lejos de la deseada recuperación en forma de V. Y estas cifras de crecimiento dependerán de cómo evolucione la crisis sanitaria, por lo que las previsiones pueden variar.

Este contexto de crisis ha colocado a la industria biofarmacéutica en el foco del interés social, con la demanda de soluciones en forma de tratamientos y vacunas. Y está respondiendo a esa expectativa. De inmediato, compañías farmacéuticas se lanzaron en colaboración con gobiernos y comunidad científica en todo el mundo a una carrera sin precedentes para lograr cuanto antes un tratamiento eficaz. En apenas diez meses ya había vacunas disponibles. Un hito extraordinario.

"La solución a la crisis vendrá por la ciencia. Y expertos en Economía lo tienen claro: hoy, la mejor inversión para un país es vacunar"

La solución a la crisis vendrá por la ciencia. Y expertos en Economía lo tienen claro: hoy, la mejor inversión para un país es vacunar. En ese objetivo de inmunización global estamos trabajando gobiernos, sistemas sanitarios e industria farmacéutica en todo el mundo.

A la sombra de esta enseñanza principal de la crisis —la de que no hay economía sin salud, y que esta depende de los medicamentos y de la investigación que los hace posibles— ha habido otras. Una importante ha sido la alta dependencia que Europa, y España, tiene de países asiáticos en medicamentos y principios activos esenciales.

¿Qué son esos medicamentos esenciales o estratégicos? En la mayor parte de los casos hablamos de medicamentos veteranos, maduros, con muchos años en el mercado y que ya no tienen protección de patente, pero que siguen siendo los indicados para combatir ciertos síntomas o enfermedades. En España y Europa son sometidos a constantes bajadas de precios, lo que obliga a las compañías a reducciones de costes hasta niveles imposibles de conseguir con los requerimientos laborales y medioambientales a los que se hallan sometidas las empresas del mundo occidental.

"Hasta qué punto la dependencia de China o India en un ámbito tan delicado como el del medicamento puede ser un riesgo estratégico para nuestro país"

La pregunta es clara: hasta qué punto esa dependencia tan grande de China o India en un ámbito tan delicado como el del medicamento puede ser un riesgo estratégico para nuestro país, sobre todo en casos de emergencia sanitaria. Y no lo es menos la respuesta: por qué no estudiar cómo recuperar parte de esa producción. No se trata de rebajar los niveles de exigencia a nuestras compañías, ni de cambiar las normas del mercado global ni de aspirar a una autosuficiencia que no tiene sentido, sino de reducir una dependencia, que puede acarrear riesgos, potenciando nuestro tejido productivo para que sea más competitivo.

Con el fin de abordar esta cuestión, desde Farmaindustria hemos presentado al Gobierno la Manifestación de Interés del proyecto MEDES (Medicamentos Esenciales y Capacidades Industriales Estratégicas para la cadena de valor de la Industria Farmacéutica Innovadora en España), que se enmarca dentro del Programa de Impulso de proyectos tractores de Competitividad y Sostenibilidad Industrial del Ministerio de Industria.

Cerca de 500 millones de euros de inversión

Esta iniciativa reúne de partida a 14 laboratorios farmacéuticos nacionales y multinacionales pertenecientes a Farmaindustria y 21 empresas auxiliares (desarrollos industriales, materiales de envasado, ingeniería de procesos, digitalización o medio ambiente), y cuenta con el apoyo de Afaquim, en representación de los fabricantes de principios activos, y de universidades. La iniciativa, que aspira a ser uno de los Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica (Perte) que apruebe en su momento el Consejo de Ministros, supone una inversión del sector cercana a los 500 millones de euros, que podría duplicarse con la participación prevista de más compañías farmacéuticas.

El proyecto tiene un objetivo: dar más seguridad al sistema sanitario y a los pacientes españoles en el acceso a medicamentos estratégicos. Pero lleva aparejados otros efectos muy positivos desde el punto de vista económico y social, puesto que implica aumentar las capacidades estratégicas de fabricación sobre la base ya sólida de las 82 plantas de producción de medicamentos de uso humano que la industria tiene hoy en España. Se trata de potenciar el tejido productivo a través de su capacitación en conocimiento, incorporación de tecnología y digitalización, mejorando su competitividad frente a competidores internacionales. Como es lógico, esto implica una inversión en capital humano y ha de redundar en mayor exportación por parte de un sector líder en exportación de alta tecnología, con más de 12.000 millones de euros anuales.

El proyecto MEDES se orienta a aumentar las capacidades de producción y la disponibilidad de medicamentos esenciales y estratégicos

Estamos muy ilusionados con esta iniciativa. Primero, porque se orienta a aumentar las capacidades de producción y tener una mayor disponibilidad de medicamentos esenciales y estratégicos, lo que implica garantías para los pacientes. Y segundo, porque concreta en el plano industrial la propuesta que venimos haciendo desde que en el verano pasado participamos en la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica, donde expusimos cuatro líneas de trabajo a través de las cuales la industria biofarmacéutica puede contribuir a la reactivación económica y social de España.

Esta, la de incrementar las inversiones industriales, fue una de ellas. Las otras tres son proporcionar más empleos de calidad, es decir, fijos, cualificados y diversificados; potenciar las inversiones en investigación básica y clínica en el ámbito biomédico, y contribuir a crear el entorno adecuado para afrontar mejor futuras pandemias y otras emergencias sanitarias.

La industria biofarmacéutica es parte de la solución a la crisis sanitaria y también de la económica. Proyectos como el que acabamos de presentar prueban esa realidad y el sólido compromiso del sector con nuestro país.

*Juan López-Belmonte es presidente de Farmaindustria.

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