Otegi, Ternera y la transfiguración de ETA
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Otegi, Ternera y la transfiguración de ETA

El final de ETA ha propiciado una transformación retórica del legado terrorista encaminada a convertir a sus epígonos en heraldos de la paz y la democracia

placeholder Foto: El histórico exdirigente etarra Josu Ternera, a su salida del Tribunal de Apelación de París. (EFE)
El histórico exdirigente etarra Josu Ternera, a su salida del Tribunal de Apelación de París. (EFE)

El diario 'Gara' resumía así el resultado de las elecciones catalanas: “El rebote vasco: el socio de EH Bildu a la Generalitat y el del PNV fuera del Parlament”. El ‘rebote’ tiene lectura de ida y vuelta. La vuelta por la apropiación mimética del éxito, la ida porque Otegi ha sido una figura destacada en la campaña de ERC. En ella, ha utilizado mayormente dos recursos mal avenidos: dar lecciones de democracia e invocar el esquema schmittiano amigo/enemigo insistiendo en un ‘ellos’ despectivo y opresor. Con remate plebiscitario: “Tenemos el cariño de la gente”. La secretaria general de ERC, Marta Rovira, le presentó como alguien del que “aprender mucho”.

Antes de sus mítines catalanes, Otegi había sido noticia por las cartas a los presos de ETA pidiéndoles la afiliación: “EH Bildu necesita la experiencia y la fuerza de las celdas. (...) Tú ayudarás a EH Bildu a convertirse en el instrumento político eficaz y sólido que nuestro pueblo necesita”. Tras el proyecto de “consecución de una república vasca”, la segunda batalla es la de “la memoria y el relato”, porque “no podemos responder mirando hacia otro lado ante los intentos evidentes de imponer un único relato sobre lo sucedido”.

El 'procés' ha supuesto una caución al legado del nacionalismo vasco radical. Pero la principal acción sobre el relato se ha producido al norte de los Pirineos y su foco ha sido Josu Ternera. Desde que protagonizara la lectura del comunicado de disolución de ETA, ha conocido un tratamiento informativo intensivo dirigido a convertirlo en un “artesano de la paz”. La iniciativa ha sido promovida por un sector muy reducido, vinculado al denominado tercer espacio y sus ‘mediadores’ estrella, que jugó un papel protagonista en la llamada conferencia de Ayete y ha tenido continuidad en Francia con grupos como Bake Bidea y Artisans de la Paix.

Josu Ternera se sitúa en el foco de esa estrategia de enmarcar a ETA como una organización sedienta de paz

Es este colectivo el que promovió la primera gran maniobra de transfiguración: la estatua del hacha-árbol instalada en Bayona en abril de 2018 (luego desinstalada por la protesta del colectivo Mémoire et Vigilance). En el discurso, el alcalde 'proabertzale' de Bayona, Jean-René Etchegaray, declaraba que el simbolismo de la estatua “constituye un acto que podría ser decisivo”. En efecto, la sublimación del hacha es un emblema del proceso de reelaboración del relato que convierte a ETA en metonimia de la vida y las ansias de paz.

Donde mejor se ilustra este empeño es en el documental de Thomas Lacoste, 'Euskal Herria eta Askatasuna', que se presentó en un festival de Biarritz y luego pasó por las televisiones francesa y vasca. Consiste en una secuencia de declaraciones de personalidades y figuras del 'abertzalismo' que corean el repertorio retórico del etnorradicalismo siguiendo las convenciones del código vasco, de difícil elucidación para los no iniciados, y es realzada por una voz en 'off'. Un análisis identifica en detalle las falsedades que allí se exponen.

Josu Ternera se sitúa en el foco de esa estrategia de enmarcar a ETA como una organización sedienta de paz, según el título del documental. A lo largo del año pasado, se desarrollaron varias iniciativas con ese objeto. El 16 de octubre de 2020, 'Mediapart' publicaba un “llamamiento internacional para la liberación de Josu Urruticoetxea”; lo reproducía 'Mediabask', junto con 'Enbata', el medio más identificado con el 'abertzalismo'. Entre los firmantes, ‘mediadores’ oficiales, Artisans de la Paix y algunas personalidades de relumbrón como Noam Chomsky o, por afinidad, Carles Puigdemont y Clara Ponsatí. También Maddalen Iriarte, de EH Bildu, quien lograría el pasado enero un titular sintomático de la obsesión narrativa: “El daño causado por ETA está reconocido, que fuese o no justo, depende de cada relato”.

Josu Ternera: “La clave no consiste en pedir perdón o decir que se siente, cosas que, además, ya se han hecho”

Ternera conoció su transfiguración literal cuando Joël Saget, fotógrafo de la AFP, le dedicó una sesión que envolvía al personaje en un velo de 'glamour'. 'Gara' lo reconocía así en un artículo centrado en consideraciones estéticas. Pocos días después, una de esas fotos ilustraba una entrevista en el diario de más tirada en el País Vasco francés, 'Sud Ouest'. Interesa recuperarla, porque conecta con lo afirmado por Iriarte y afines respecto al arrepentimiento. Lo más lejos que ha ido, quien fuera dirigente etarra cuando se cometieron los atentados más sangrientos, es esto: “la violencia no es un fin en sí mismo. Ha habido daños irreversibles en los dos lados. Lamento el mal que se ha podido causar”. La suma del estilo impersonal y condicional da la medida del arrepentimiento.

Dos meses después, 'Gara' publicaba la traducción de otra larga entrevista, con este titular: “Cerramos una gran página, pero no es el final de nada”. Ante la invitación de que no debería ser tan difícil decir que matar estuvo mal, replica Ternera: “La clave no consiste en pedir perdón o decir que se siente, cosas que, además, ya se han hecho”. Concluye donde apuntaba Otegi: “El enemigo quiere que nos limitemos a las consecuencias del conflicto”.

A la postre, el soporte argumental es el relato de los dos bandos, el discurso del medio en el país del miedo, que tan contumazmente amasó el tercer espacio. Y que se impuso porque los no adeptos, como José María Calleja, fueron desalojados de los micrófonos. Sabemos quién le sucedió. Así se libra la batalla del relato. Así se transfigura una ejecutoria totalitaria. La socorrida demanda de pluralismo narrativo es apenas un formalismo. Ya lo anticipó Yoyes, víctima también de la depuración narrativa: “¿Cómo voy a apoyar a un HB convertido en payaso de un militarismo de corte fascista? ¿Cómo me voy a identificar con dirigentes que lo único que saben hacer es aplaudir los atentados de ETA y pedir más muertos?”. Ni Yoyes ni ninguna otra víctima de ETA figuran en el documental de Lacoste, que trasmitió ETB, contra el espíritu y la letra de la Ley 4/2008, de Reconocimiento y Reparación a las Víctimas del Terrorismo. Hay relatos que tienen padrinos poderosos.

*Martín Alonso Zarza y F. Javier Merino Pacheco son profesores jubilados de Filosofía e Historia y fueron miembros de Bakeaz.

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