Igualdad sin victimismo ni populismo
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Milagros Marcos Ortega

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Igualdad sin victimismo ni populismo

Podrían aprovechar este día para explicar cuántas mujeres hosteleras o autónomas han recibido ayudas directas para salvar sus negocios frente a la terrible crisis

placeholder Foto: La ministra de Igualdad, Irene Montero. (EFE)
La ministra de Igualdad, Irene Montero. (EFE)

Como todos los años por estas fechas, la conmemoración del Día de la Mujer llena de opiniones los medios de comunicación y nos anima a reflexionar. El día 8 de marzo, tuvo su razón de ser en el impulso a la incorporación de las mujeres al mercado laboral —de ahí su primera denominación, Día de la Mujer Trabajadora—; hoy, es el día en el que se mezclan temas de diferente índole con un denominador común: las limitaciones para que las mujeres alcancen la igualdad efectiva y real con los hombres, y la imagen de las mujeres como víctimas.

Utilizar el victimismo nunca es una solución, para nada. Ideologizar un problema para luego hacer de él un medio de vida tampoco parece la forma más noble de resolverlo, mucho menos cuando el tema incumbe a la mitad de la población de este país, las mujeres.

Foto: Una enfermera se dispone a inyectar una vacuna. (EFE) Opinión

En la lucha por la igualdad, las mujeres no debemos considerarnos, por definición, víctimas de una sociedad machista, ni podemos caer en estereotipos, ya que eso limitaría por sí mismo nuestra ambición, justificaría actuaciones generalizadas que no aportarían soluciones y nos llevaría al conformismo y a renunciar a nuestro potencial individual y colectivo.

Me niego a pensar que soy parte de una cuota, me niego a ser víctima por el hecho de ser mujer, me niego a pensar que nuestra mejor opción para visibilizar el papel de las mujeres en la sociedad y defender la igualdad de género sea manifestarnos el 8 de marzo a pesar de las alertas sanitarias que se ocultaron hace un año y aún persisten en este momento.

Ideologizar el problema, lejos de contribuir a dar soluciones, llevará a la división, incluso, entre quienes somos las protagonistas de este día

Me identifico con tantas y tantas mujeres, trabajadoras, luchadoras incansables por aquello en lo que creen; con aquellas que han conseguido alcanzar sus objetivos a base de esfuerzo, de mucho esfuerzo, estudiando y trabajando al mismo tiempo; aquellas a las que nadie ha regalado nada y que no entienden que la defensa de los derechos de la mujer, la noble lucha por la igualdad de género, quede relegada a dar gritos detrás de una pancarta y sea objeto, no de debate inteligente y sosegado, sino de peleas infantiles entre los dos partidos del Gobierno, como si de un capricho se tratara.

La igualdad no entiende de colores políticos, no es de izquierdas o derechas; es de todas y cada una de nosotras, sin excepción. Ideologizar el problema, lejos de contribuir a dar soluciones, llevará a la división, incluso, entre quienes somos las protagonistas de este día.

Foto: Manifestación del 8 de marzo de 2018. (EFE)

Debemos luchar unidas contra esos estereotipos que nos arrogan funciones por definición, avanzar como sociedad y reconocer la igualdad en todos los escenarios de la vida: laboral, familiar y personal.

El 8 de marzo es buen día para reconocer y valorar lo conseguido, sin por ello dejar de avanzar y luchar por seguir mejorando. Afortunadamente, ya han desaparecido las barreras en el acceso a la formación y, cada vez más, las mujeres somos libres de elegir nuestro futuro profesional y nuestro estilo de vida. Hay mujeres rectoras de universidad, juezas, fiscales, políticas, diplomáticas, escritoras o investigadoras, entre otras, pero no por ello debemos conformarnos, hay que seguir trabajando, por ejemplo, en el desafío que aún supone la brecha de género en algunas disciplinas tecnológicas o científicas, o en las estructuras de toma de decisiones en las grandes empresas. No podemos dar nada por conseguido hasta que los límites a nuestro desarrollo profesional sean exclusivamente nuestros méritos profesionales o nuestra propia decisión y capacidad para desempeñar determinado puesto.

¿Qué han hecho desde el Ministerio de Igualdad para eliminar la inaceptable brecha salarial, hoy de más de 23 puntos?

Las mujeres podemos y debemos alzar la voz cada día, cada uno de los 365 días del año, desde nuestro quehacer diario, y bien que lo hacemos. Sin embargo, quienes en este momento tienen responsabilidad de gobierno, en vez de utilizar este día para politizar una celebración para organizar parodias desde sus sillones ministeriales o para pelearse por ver quién presenta la ley más progre, aunque no resuelva nada, podrían al menos explicar qué han hecho desde el Ministerio de Igualdad para eliminar la inaceptable brecha salarial, hoy de más de 23 puntos; por qué la tasa de paro femenino en España (17%) es la segunda más alta de la Unión Europea (7%) o por qué el último año se ha perdido mucho más empleo femenino. Podrían aprovechar este día para explicar cuántas mujeres hosteleras o autónomas han recibido ayudas directas para salvar sus negocios frente a la terrible crisis, o cuántas mujeres empresarias más hay en el medio rural español que hace un año y las razones por las que en sus políticas no aparecen estas cuestiones.

Estos son los indicadores de igualdad, estos deben de ser los verdaderos motivos de reivindicación constante, suficientes para levantar la voz ante quienes pretenden hacer de los problemas de igualdad su modo de vida, reduciendo la solución a la pancarta, al eslogan y la manifestación de un solo día al año, mientras se mantienen suntuosas estructuras ministeriales los 365 días con mucho cargo y poco resultado.

Debemos, como sociedad, hacer una firme defensa de la igualdad con mayúsculas, de los derechos de las mujeres y de los hombres, defender nuestra libertad de decisión y capacidad de actuación individual y colectiva, desde la unidad y el reconocimiento de que todos somos iguales y cada uno diferente a los demás. Solo así el progreso será real.

Igualdad de género Populismo 8 de marzo