El triste final del concurso público del Consejo de Administración de RTVE: Marx, Hegel y el conde Foxá
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Jaime Nicolás Muñiz

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El triste final del concurso público del Consejo de Administración de RTVE: Marx, Hegel y el conde Foxá

Hasta el mismo nuevo presidente de RTVE ha dicho que no había que pensar que el concurso era un concurso de verdad, y se ha quedado tan tranquilo

placeholder Foto: La sede de RTVE en Torrespaña. (RTVE)
La sede de RTVE en Torrespaña. (RTVE)

Con la elección del presidente de RTVE la semana pasada se consumó el tortuoso proceso de formación de los órganos de dirección de la corporación estatal. Aunque para algunos se abre así una esperanzadora etapa en la corporación al poner fin a un largo periodo de provisionalidad (engendrado y alargado por los mismos pirómanos que ahora celebran la extinción del incendio), otros muchos consideramos que el precio que se ha debido pagar por la forma con que se han frustrado las expectativas de profesionalización del gobierno del gigante estatal que abría el novedoso “concurso público con participación de un comité de expertos” tal vez ha sido demasiado elevado.

Ya he señalado anteriormente que el concurso había resultado una farsa. No soy el único que lo ha dicho. Hasta el mismo nuevo presidente de RTVE ha dicho que no había que pensar que el concurso era un concurso de verdad, y se ha quedado tan tranquilo. Luego, con mala conciencia, ha sostenido que a él el Congreso lo había elegido por sus méritos en virtud de la evaluación de los técnicos que nuestros próceres se habían encargado de liquidar y sustituir por unas cuotas al más puro viejo estilo. Lo uno y lo contrario. Y para rematar la faena, ha añadido que hay que sentirse orgullosos del proceso, un ejemplo para el mundo. ¡Nada ha cambiado!

"Los grandes sucesos y las grandes figuras se producen, como si dijéramos, dos veces en la historia"

Como quiera que sea, a propósito del engaño que ha sido el concurso, se me viene a la cabeza una acotación de Marx a la idea de Hegel de que “los grandes sucesos y las grandes figuras se producen, como si dijéramos, dos veces en la historia”. Para Marx, “a Hegel se le olvidó añadir: la primera vez como tragedia, la segunda como farsa”. La cita corresponde a las palabras con que se abre uno de los más luminosos escritos de Carlos Marx, 'El 18 Brumario de Luis Bonaparte', la historia, precisamente, de un golpe de Estado cortesano. La acotación de Marx viene al caso para el concurso, que para mí es una gran idea. Pero tal vez se queda corta. Yo creo que debió añadir que cuando la primera vez ya estamos ante una farsa su repetición solo puede traer consigo algo grotesco. Pensando en cómo se ha desarrollado el concurso, en su fase final en el Senado, cuando se sabía escandalosamente quiénes iban a resultar agraciados en el sorteo, ya solo cabría hablar de sainete o de esperpento, por mantener la calificación en el marco de las formas artísticas del drama. O, en otro caso, de estafa ciudadana.

A la vista de que al Senado se le ordenaba a quién tenía designar y se hacían públicos sus nombres, solo unos pocos candidatos, los que se sabían de antemano agraciados en el trucado sorteo, comparecieron ante la Cámara, “impasible el ademán” (Foxá/Tellería), y repitieron sin más su actuación ante el Congreso; y aunque hubo quien decidió no participar más en la pieza burlesca, la mayoría de los que lo hicieron lo hicieron para poder mostrar su indignación por el humillante comportamiento de nuestros próceres.

El trabajo de los expertos había dejado de valerles a esos efectos. No había otra razón. Entre los preseleccionados no estaban los elegidos

Cuando el Congreso, después de una larga serie de sonrojantes irregularidades, había decidido tirar por la borda lo que quedaba del concurso y proclamó la indiscriminada idoneidad de todos los candidatos al margen del dictamen de los expertos designados 'ad hoc', ya se había producido la vulneración de todo lo imaginable y hasta lo inimaginable: la ley de reforma democrática de la radiotelevisión del Estado, que imponía el concurso de méritos; las bases del concurso aprobadas por las mesas de ambas cámaras; las resoluciones del comité de expertos; y la resolución de la Comisión Mixta de Control Parlamentario de RTVE de 28 de noviembre de 2018, que ratificó los criterios técnicos de los expertos y el filtro selectivo, con una defensa de la autonomía de los expertos y un argumento que se resume en la máxima, no menos rotunda, casi un eslogan publicitario de “Sin filtro no hay concurso”, a la par que declaraba que la preselección por méritos a cargo de los expertos no solo no mermaba la autonomía política del Parlamento sino que era la única manera de cohonestar, con esa autonomía, la realidad misma del concurso de méritos que exige la ley.

Todo eso quedó sacrificado en aras de la decisión de los partidos dominantes de atender a sus intereses partidarios a través de la negociación descarnada de cuotas. El trabajo de los expertos había dejado de valerles a esos efectos. No había otra razón. Entre los preseleccionados no estaban los elegidos.

La selección del nuevo consejo de RTVE es solo el primero de una serie de procesos de formación de otros órganos constitucionales

Si hemos de creer lo aparecido en prensa, los letrados del Senado hace casi un año allanaron el terreno para la liquidación del trabajo de los expertos y ajustar mejor el concurso a los deseos de los partidos, aun cuando para ello hubieran de ignorar ese trabajo y hasta el expediente del concurso con pasmosas razones como el reproche de que los expertos no habían podido respetar la cuota femenina por haber efectuado su evaluación en términos de imparcial anonimato. Una manera irónica, sorprendente, de encalomar a los expertos, ¡expertos de partido, designados directamente por los partidos! (¿preferían acaso que prevaricaran?), la responsabilidad del pésimo diseño de las bases del concurso. Pero las Cortes se han ocupado de que todo quede sumido en los 'arcana imperii', sin confirmación oficial. Y con apoyo en una jurisprudencia del Tribunal Supremo interpretada 'pro domo sua' estarían tratando de blindar su autonomía para restablecer la ominosa doctrina del acto político de que tanto uso hizo la dictadura franquista. Pero eso no es así, ni es posible que, Constitución democrática en mano, sea posible.

Además, nadie ha discutido la autonomía del Parlamento en la decisión final del concurso, sino solo el principio de publicidad de las normas y la vinculación de las cámaras a sus propias normas y a la ley, máxime en un caso como este en que no han actuado como poder legislador sino, a lo sumo, delegada y ejecutivamente.

¿Para qué valían esas comparecencias que hacían del Senado una pasarela de moda?

Por lo demás, el proceso de selección del nuevo consejo de RTVE es solo el primero de una serie de procesos de formación de otros órganos constitucionales en los que al final los partidos dominantes también acabarán poniéndose de acuerdo. La escenificación pública del desencuentro entre los partidos a cuenta de estos arrastrados procesos no es más que puro teatro, en todos los casos.

En el caso del consejo de RTVE, incluso aunque la solución pase por pisotear el procedimiento fijado por las propias cámaras en cuyo seno se negocia, las cosas se han agravado extraordinariamente justo al salir del Congreso, porque la elección de los cuatro miembros que debía nombrar el Senado había quedado convenida de antemano cuando se escenificaron las comparecencias en la Cámara Alta y la Comisión de Nombramientos elevó al pleno su simulacro imposible de valoración de méritos y proyectos. Así lo reconocían sin rubor cuando en el Senado se limitaban ya a invitar a los candidatos como si se tratara de un concurso libre de ideas, de concursantes fuera de concurso, a que se les recantara lo que ya habían cantado en la Cámara Baja. ¿Para qué valían esas comparecencias que hacían del Senado una pasarela de moda? ¿Dónde quedaba su autonomía? ¡Vaya papel el que las cámaras han tenido que representar!

Sigo creyendo en el concurso, es una gran idea, mucho mejor que las disonantes maniobras orquestadas en la oscuridad

Así las cosas, ¿no habría estado de más que los senadores hubieran obviado ante los comparecientes sus reproches mutuos de manipulación política de la radiotelevisión estatal, a los que los candidatos han tenido que asistir atónitos como meros invitados de piedra? Toda una obscenidad. Pero se ve que se necesita ocultar a la ciudadanía la crudeza del mercadeo político y tiempo para concretar las cuotas en función de las fidelidades que los partidos esperan de los elegidos. Eso lo hacen muy bien. Al final, casi nunca se equivocan. Por no equivocarse, no se han equivocado ni con la elección de los expertos del comité al que las cámaras tan impúdicamente han zarandeado. Aunque en algún momento parecía que iban a alzar su voz y denunciar injerencias y presiones de todo calibre de los órganos parlamentarios, al final, fidelidad obliga, se han tragado sus bravatas.

Su presidente, José Manuel Diego Carcedo, que tanto protagonismo se había atribuido a cuenta del concurso y tanto arrojo había mostrado en alguna otra ocasión hasta para demorar la salida de un vuelo internacional con un falso aviso de bomba de modo que pudiera volar a su destino y cumplir a tiempo su misión reporteril, en esta otra prefirió guardar un prudente silencio. Aunque entre los expertos también hubo alguna que otra excepción positiva, como en el caso de la profesora Isabel Fernández Alonso.

"Parlamento-avestruz"

Yo he participado en este proceso hasta el final, porque no he querido excluirme ni renunciar a que me declararan idóneo, ni siquiera al modo almodovariano, idóneo del montón. Sigo creyendo en el concurso, y sigo pensando que es una gran idea, mucho mejor que las disonantes maniobras orquestadas en la oscuridad. Claro que me temo que la partitocracia ha aprendido y no habrá más concurso. No quiero decir que los representantes de los grandes partidos no hayan sido decentes, allá cada cual con su conciencia. Lo malo es que han sido torpes, muy torpes, y que con su torpeza ha sufrido RTVE, tres años descabezada (¿han pensado lo que supone eso para una empresa de la dimensión económica, social, política y tecnológica de aquella Casa?); más grave aún, se ha desacreditado la clase política dominante a la que, más que al pueblo llano, representan las autoridades parlamentarias que han participado en ese esperpento; se ha generado desconfianza en las instituciones; y, sobre todo, se han dañado la democracia y los derechos y las libertades de los ciudadanos.

Por acabar, como empecé, empleando palabras de Marx en su crónica del golpe de Estado palaciego del pequeño Napoleón: las Cortes han desempeñado en esta historia un papel de “Parlamento-avestruz” (aunque yo me permitiría también aquí acotar a Marx: cómplice), y con su resignación a vibrar democráticamente no están haciendo, como Marx cierra su lección magistral de historia, sino “engendrar una anarquía dentro del orden y despojar al Estado de su halo sagrado, haciéndolo por igual repugnante y ridículo”.

*Jaime Nicolás Muñiz fue letrado del Tribunal Constitucional y director de Estudios y Prospectiva del Instituto Oficial de Radio y Televisión (RTVE). Excandidato al Consejo de Administración de la Corporación RTVE.

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