La pandemia por coronavirus y otras 'epidemias': ¿cisnes negros o rinocerontes grises?
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La pandemia por coronavirus y otras 'epidemias': ¿cisnes negros o rinocerontes grises?

Tenemos un gran rinoceronte gris entre nosotros y ¿qué hemos de hacer? ¿Seguir con nuestra ceguera parcial o hacer algo?

Foto: Personal sanitario de un hospital atiende a un paciente covid en la UCI. (EFE)
Personal sanitario de un hospital atiende a un paciente covid en la UCI. (EFE)

Un ensayista norteamericano de origen libanés, Nassim Nicholas Taleb, acuñó en 2007 el término 'cisne negro' para referirse a un acontecimiento extremadamente raro, que produce un impacto extremo y que se explica retrospectivamente, pero que no es predecible. El propio Taleb y otros muchos autores han negado que la pandemia por coronavirus fuera un cisne negro porque, según ellos, había muchos indicios de que podría llegar y que podría ser una auténtica catástrofe sanitaria, económica y social.

La mayoría de los expertos de Salud Pública habían mantenido durante mucho tiempo que una pandemia devastadora podría producirse, después del SARS en 2003, la gripe aviar de 2009 y la epidemia del ébola en 2014. Pero se minimizó su probabilidad al no causar estos virus el impacto pronosticado y generalizado en el planeta. Y es aquí donde entra otro símil animal, el 'rinoceronte gris', que supone, si está cerca, un peligro terrible. Michele Wucker, periodista financiera, también norteamericana, acuñó en su libro 'The Gray Rhino', publicado en 2016, este término para referirse a situaciones o acontecimientos de riesgo extremo para un país o una empresa, que, aunque resultan predecibles, no son enfrentados por sus responsables.

Foto:  Michele Wucker. (Fotografía cedida)

Esta autora y varios analistas de riesgos futuros representan esta ceguera del género humano a través del rinoceronte gris. Según esta experta, el coronavirus es un rinoceronte gris, grande, peligroso y anunciado. Los expertos llaman rinocerontes grises a los peligros predecibles ante los que no actuamos. El informe de riesgos mundiales del Foro Económico Mundial colocaba las pandemias entre los primeros 10 riesgos de su lista. La globalización, la gran movilidad intercontinental, el cambio climático, la resistencia a los antibióticos, la mutabilidad de los virus… eran y son amenazas ya conocidas.

Y ante este conocimiento y la pandemia por coronavirus, hemos observado tres grandes reacciones a nivel mundial, que representan diferentes niveles de ceguera. Países que no han podido (países subdesarrollados) o no han querido reaccionar ante la pandemia (Suecia, Brasil e inicialmente EEUU) porque confiaban en la "inmunidad poblacional por la infección natural" y que han tenido un exceso de mortalidad importante con un daño a la economía considerable. Países que han reaccionado de manera parcial y tardía, con una 'estrategia de mitigación', entre los que se encuentran muchos países europeos, y por ende nosotros, con exceso de mortalidad y daño a la economía y con un coronavirus circulando entre nosotros y ocasionando una ola tras otra, con alto impacto sobre la salud, el sistema sanitario y la economía.

Y otro grupo de países que han reaccionado de manera muy ágil con medidas contundentes para la limitación de la movilidad y el contacto social, buscando la "máxima eliminación del virus", y han conseguido disminuir prácticamente a cero la presencia del coronavirus, con muy bajo impacto en exceso de mortalidad, en el sistema sanitario y en su economía. No han confrontado salud y economía porque han asumido que ambas están unidas. Y han asumido que cuanto mayor sea el impacto sobre la salud y más muertes haya, mayores riesgos para la economía. Y la economía puede recuperarse, pero la pérdida de la vida no. Su clave está en cómo perciben el riesgo, no tanto por su régimen político, porque en este grupo se encuentran países tan diferentes como China, Vietnam, Australia o Nueva Zelanda.

Foto: Dos empleados de una empresa de desinfección en Corea del Sur. (Reuters)

Daniel Kahneman, psicólogo y premio Nobel, en su trabajo 'Ruido' determina cómo los sesgos cognitivos moldean el juicio y cómo el ruido modula nuestras actuaciones. Los juicios humanos, que deberían ser idénticos, varían. El ruido en los sistemas introduce variabilidad en las decisiones en sistemas destinados a producir juicios uniformes. ¿Qué podemos hacer para mitigar esa variabilidad indeseada? Los juicios basados en sentimientos intuitivos deben ser disciplinados y retrasados. Se debe hacer una consideración equilibrada y cuidadosa de la evidencia. Ciencia y política han de ir de la mano, y más en un contexto de incertidumbre como el actual. Reducir el error humano mejorando el juicio humano.

Conocer el ruido y los prejuicios ayudará con este objetivo, según este experto. Pero los diferentes ruidos nos han llevado a diferentes tomas de decisiones, con el consiguiente desasosiego y estupor de nuestra población. Y por esta razón era y es importante el 'semáforo' basado en criterios epidemiológicos y sanitarios para definir niveles de alerta y encauzar la difícil toma de decisiones, pero también ha de ser modulado por diferentes factores, protectores como las vacunas, o de mayor riesgo, como las variantes.

Ciencia y política han de ir de la mano, y más en un contexto de incertidumbre como el actual

Ante un rinoceronte gris, lo peor que se puede hacer es no hacer nada. Como afirma Wucker, si no puedes imaginar a otro que viene, estás deliberadamente ciego. Por lo tanto, tenemos un gran rinoceronte gris entre nosotros y ¿qué hemos de hacer? ¿Seguir con nuestra ceguera parcial o hacer algo?

Es ineludible formular la Ley de Pandemias o al menos una nueva Ley de Salud Pública. La que tenemos es preautonómica y no se aplica bien a una pandemia. Para muestra, un botón: la reciente resolución del Tribunal Constitucional. No tener un marco legislativo adecuado nos lleva a la situación actual. Se derivan las propuestas de soluciones al medio judicial, cuando la respuesta debería haber estado en el marco de los poderes ejecutivo y legislativo. Medio judicial que, al no tener un marco legislativo sólido para un evento de estas características, interpreta, y de ahí los diferentes resultados. Necesitamos una ley que prevea niveles de alerta, que defina riesgos y las actuaciones a poner en marcha, que estén lo más científicamente fundadas, que adapte estas según el nivel de riesgo a los derechos fundamentales de los ciudadanos.

Foto: Ilustración: El Herrero. Opinión

Por otra parte, hemos de potenciar la resiliencia del sistema. Se debe hacer una reserva estratégica de material, profesionales formados y entrenados para enfrentar una pandemia o futuras catástrofes, incluidas las NBQR (eventos nucleares, biológicos, químicos y radiológicos).

Necesitamos reconfigurar la manera en que realizamos nuestras evaluaciones de riesgos, necesitamos implementar mejores detectores de señales y capacitarlos para que se reciba la advertencia adecuada en los oídos correctos. Gran parte de la incapacidad para identificar un problema en escalada, antes de que alcance un nivel de crisis, es que la mayoría de las organizaciones que abordamos la identificación de la crisis de la organización a menudo se centran en la ocurrencia de un cierto nivel de daño. Necesitamos sincronizarnos con las señales de alerta. Y estas, en general, son verdades incómodas. No importa la probabilidad, el impacto es lo que importa. Por lo tanto, hemos de promover la resiliencia organizacional.

Pero la pandemia no es nuestro único rinoceronte gris. Nuestros otros rinocerontes grises, a nivel social, son la violencia, el suicidio, la desigualdad, la pobreza, el cambio climático, la despoblación, la soledad, la fatiga pandémica y la empática, que es más terrible ("no me importa nada lo que te pase, tú te lo has buscado"), que si cunde en el sistema sanitario su impacto puede tener proporciones insospechadas; y a nivel sanitario, la patología no covid pospandémica, la fragilización de la atención primaria, la necesidad de algunos profesionales, la lenta digitalización del sistema, la financiación insuficiente para un sistema sanitario público de la envergadura que deseamos: desde el abordaje de la extrema complejidad hasta el máximo control de factores riesgo y de prevención.

Anticiparse es ganar, y cuando la salud y la vida de las personas están en juego, toda previsión, antelación o contingencia es poca

La vida es como una partida de ajedrez, tendremos que enfrentarnos a problemas, obstáculos y amenazas, y solo el más inteligente podrá avanzar. ¿Y quién es el inteligente? Aquel que es capaz de anticiparse a lo que está a punto de llegar. La inteligencia es la capacidad de adaptarse y mirar al futuro, y no es más inteligente el que más conocimientos tiene, sino el que más capacidad tiene para adaptarse a los cambios y para adelantarse a los problemas. Todo buen estratega es capaz de ver el futuro cercano. Y es la única manera de conseguir una victoria.

La realidad es que es más frecuente pensar en adaptarse según van llegando los problemas, pero en esos casos, las posibilidades de triunfo se reducen. Y no solo eso, sino que los daños causados después serán mayores. Sin embargo, aquel que es capaz de 'ver llegar' un problema antes de que llegue lo recibirá con una estrategia y con un buen escudo de protección. Los daños serán menores y las posibilidades de triunfo, mayores.

De modo que, si extrapolamos estas cuestiones al ámbito de la emergencia sanitaria, resulta más evidente, si cabe, que anticiparse es ganar, o al menos no perder tanto; y cuando la salud y la vida de las personas están en juego, toda previsión, antelación o contingencia es poca.

*Verónica Casado Vicente es la consejera de Sanidad de Castilla y León.

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