Los planes de Pedro Sánchez siguen su curso con éxito
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Ramón González Férriz

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Los planes de Pedro Sánchez siguen su curso con éxito

Es discutible si el plan de Sánchez es bueno para España. Pero es indudable que le está saliendo de acuerdo con lo que planeaba al principio de la legislatura y la pandemia

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

Pedro Sánchez parece satisfecho con su gestión. La salida de los españoles y los colaboradores de estos en Afganistán fue un “éxito”, dijo hace unos días. La recuperación económica tras la pandemia será “justa”, afirmó ayer en una conferencia con la que puso en marcha el curso político. Puede que la factura de la luz no pare de subir, aseguró ante el empresariado español, entre el que se encontraban los responsables de las grandes empresas eléctricas, pero el Gobierno no solo “ha actuado y seguirá actuando” para detener el alza, sino que, a modo de compensación simbólica, aprobará una subida del sueldo mínimo de unos 15 euros mensuales. España ha logrado el hito de vacunar al 70% de la población en apenas ocho meses, con lo que ha cumplido —día arriba o día abajo— con la promesa que el propio presidente hizo en abril. Los indultos fueron una arriesgada apuesta personal de Sánchez y algunos de sus estrechos colaboradores en el PSOE, pero probablemente sean un asunto amortizado y además, por el momento, parecen ser la última concesión a los nacionalistas. ¿De qué se queja la oposición?, parece preguntarse el presidente.

Foto: La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño. (Getty)

Es discutible si el plan de Sánchez para esta legislatura es bueno para España, pero es indudable que le está saliendo bien. Desde que se puso en marcha el Gobierno con una inestable coalición y, poco después, se declaró la pandemia, ha cundido la sensación de que la posición de Sánchez era extremadamente débil. Y, en muchos sentidos, lo es: para empezar, carece de una mayoría estable en el Congreso que le permita sacar adelante sus planes.

De acuerdo con sus deseos

Pero, a pesar de ello, todo parece estar desarrollándose de acuerdo con lo que deseaba. Poco a poco se hará visible la progresiva reducción del impacto del covid en la vida cotidiana de los españoles, en gran medida debido a la vacunación sin apenas resistencia. El Gobierno podrá hacer políticas sociales gracias a los fondos europeos y el gran crecimiento que estos contribuirán a impulsar. Al mismo tiempo, Sánchez mostrará que sus políticas de izquierdas no están reñidas con un perfil europeísta, tecnocrático y reformista: todo lo que pueda hacer de acuerdo con sus promesas electorales será mérito del Gobierno, todo lo que haga el Gobierno que contradiga sus propósitos será consecuencia de las constricciones del marco europeo, todo lo que el Gobierno quiera hacer pero no haga —empezando por intervenir el precio de la energía eléctrica— será muestra de su compromiso con la UE o, simplemente, culpa de otros.

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE) Opinión
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Pero no es solo eso. La dinámica de la coalición de gobierno es exactamente la que el PSOE deseaba: humillar de vez en cuando en público a Podemos, quedarse con sus promesas más atractivas para su propio electorado y contraponer su seriedad con la tendencia a la pataleta de un partido menor del que no sabemos siquiera quién es su líder. Por lo que respecta a Cataluña, la reforma del delito de sedición está parada, la mesa de negociación posterga todos los problemas dos años, incluso la Generalitat ya está hablando de nuevos hitos del 'procés' nada menos que para 2030 y el enfrentamiento entre Junts y ERC prosigue y desmotiva al independentismo. Es de esperar que el próximo paso del presidente en ese frente sea envolverse en la bandera de España: el Gobierno ha mostrado toda la generosidad posible dentro de la Constitución, podrá decir Sánchez; si el mundo independentista no quiere moverse, allá él.

Y finalmente está la oposición. No es tan raro que los gobiernos, cuando tienen poco margen de maniobra, y los medios afines a él, cuando se mueven solo por la convicción de que peor sería la alternativa, se conviertan en oposición a la oposición. En este caso, el Gobierno tiene el relato perfecto: el PP se ha colocado fuera de la Constitución, sugirió el presidente, al negarse a pactar la renovación del poder judicial. Y sus pactos con Vox lo sitúan fuera del consenso europeo —en realidad, ese consenso no existe en todas partes, pero sí en Alemania y Francia— de hacer el vacío a los partidos de la derecha autoritaria.

Foto: El líder del PP, Pablo Casado, y el secretario general del partido, García Egea. (EFE)

En esos frentes —economía, pandemia, Cataluña, oposición—, los hechos encajan con los planes iniciales de Sánchez; y si no lo hacen, no hay nada que una mezcla de retórica eficaz, la exhibición de buenas intenciones y una crisis de Gobierno no pueda corregir. Incluso cuando hay imprevistos se pueden hacer encajar en el relato: el Gobierno español al mismo tiempo asegura que será acogedor con los refugiados afganos, aprueba el empeño de la UE en que estos ni siquiera lleguen a Europa y expulsa a los menores marroquíes en Ceuta porque sabe que la combinación de generosidad gestual y rechazo real a un aumento de la inmigración es exactamente el escenario en el que se sienten cómodos muchos españoles.

Los riesgos del optimismo

Por supuesto, este aparente éxito en el desarrollo de los planes del Gobierno para la legislatura tiene sus riesgos. El primero es el que engendra todo exceso de optimismo. Los intentos de Sánchez de aumentar generosamente el gasto público y de ser, al mismo tiempo, un impecable tecnócrata ortodoxo que cumple con las exigencias de la Comisión serán cada vez más complicados: habrá que hacer reformas y no parece que sus socios circunstanciales vayan a comprárselas fácilmente. El empresariado está expectante por la llegada del dinero europeo y muestra una rara complacencia con el Gobierno, pero el reparto irritará a muchos u obligará a los receptores a mostrar aún más docilidad. Y aunque el independentismo siga en estado de 'shock' ante su propio fracaso, uno nunca sabe qué puede pasar en Cataluña.

En todo caso, la oposición se equivoca. A Sánchez los planes le están saliendo de manera asombrosamente parecida a sus deseos. La cuestión, más bien, es el impacto de esos planes a largo plazo: en la viabilidad fiscal, en la estabilidad territorial o en la reputación en Europa. Pero eso queda lejos. Y ahora mismo, los hechos son los hechos: a Sánchez le encanta que sus planes salgan bien. Y elecciones, en 2023.

Pedro Sánchez parece satisfecho con su gestión. La salida de los españoles y los colaboradores de estos en Afganistán fue un “éxito”, dijo hace unos días. La recuperación económica tras la pandemia será “justa”, afirmó ayer en una conferencia con la que puso en marcha el curso político. Puede que la factura de la luz no pare de subir, aseguró ante el empresariado español, entre el que se encontraban los responsables de las grandes empresas eléctricas, pero el Gobierno no solo “ha actuado y seguirá actuando” para detener el alza, sino que, a modo de compensación simbólica, aprobará una subida del sueldo mínimo de unos 15 euros mensuales. España ha logrado el hito de vacunar al 70% de la población en apenas ocho meses, con lo que ha cumplido —día arriba o día abajo— con la promesa que el propio presidente hizo en abril. Los indultos fueron una arriesgada apuesta personal de Sánchez y algunos de sus estrechos colaboradores en el PSOE, pero probablemente sean un asunto amortizado y además, por el momento, parecen ser la última concesión a los nacionalistas. ¿De qué se queja la oposición?, parece preguntarse el presidente.

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