La importancia de la cooperación y la cultura en la diplomacia
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Pedro Díaz Chavero

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La importancia de la cooperación y la cultura en la diplomacia

En aquellos países donde hay Instituto Cervantes, existe una dualidad de responsables de actividades culturales con empleados laborales y una gran variedad de contratos

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acompañado del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acompañado del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. (EFE)

Tiene el Departamento de Albares dos instrumentos de diplomacia pública de capital importancia y generadores de prestigio, dependiendo de su eficiente gestión y trasparencia, que son el Instituto Cervantes y la AECID. Aunque en el primero, los Ministerios de Cultura y Educación forman parte también de su consorcio y sobre el segundo algunos han reclamado su independencia respecto a la política exterior española.

Vamos a comenzar señalando que, en el exterior, en materia de acción cultural, intervienen no solo estos organismos con una aportación modesta, todo hay que decirlo, sino también Acción Cultural de España (ACE). Nosotros nos centraremos en las dos primeras.

En aquellos países donde hay Instituto Cervantes, existe una dualidad de responsables de actividades culturales; por un lado están los consejeros culturales ( siempre diplomáticos) en las Embajadas, dándose la paradoja en esta área que la cantidad destinada a salarios es muy superior al montante que se les envía desde la AECID para hacer política cultural que suele ser muy poco, aunque hay que decir también que no ejercen en exclusiva de consejeros culturales, sino que compatibilizan con funciones consulares o de administración, con lo que suele ocupar la gestión cultural una mínima parte de su labor diaria y, por otro lado, en algunos países están los Institutos Cervantes con empleados laborales todos ellos y con una gran variedad de contratos ( alta dirección, laborales fijos y contratados locales tanto fijos como de aquella manera... asistencias técnicas etc. ) que también hacen gestión cultural y con bastante más dinero para promoción de la cultura que las Embajadas.

Foto: El ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares. (EFE)

Hay pues tres problemas; uno de duplicidad, otro de competencia y cómo no de eficiencia. El Instituto Cervantes tiene un gran potencial, pero tiene mucho que hacer, entre otras cosas seleccionar a sus directivos con un auténtico proceso de concurrencia competitiva.

Para nosotros una razón principal de estos problemas es que el Departamento que ahora dirige Albares históricamente ha sido incapaz de incorporar a otros profesionales y expertos y compartir la importancia de su función, lo que ha generado la creación de puestos y estructuras diversas abaratando de camino costes y precarizando la contratación. Estos organismos terminan por crearse vida propia al margen de Exteriores e incluso, a veces, ignorando y confrontando con el propio ministerio.

En contra de la tesis de Juan José Prieto Gutiérrez (La acción cultural exterior de España a través del Instituto Cervantes) nosotros creemos que un modo de resolver esta dualidad en la gestión y los problemas de coordinación, frustración y despilfarro de recursos, podría ser que los puestos de consejeros culturales se abrieran a otros profesionales, siempre dentro de las embajadas y a las órdenes del embajador, y que gestionaran todos los recursos destinados a actividades culturales, tanto los que actualmente dedica el Instituto Cervantes como los de la AECID, sin prescindir de los funcionarios diplomáticos. Para ello se hace preciso que estos profesionales sean seleccionados en un régimen de concurrencia competitiva y que junto a los funcionarios diplomáticos que deseen especializarse en estas tareas reciban una formación adecuada en gestión de recursos humanos, contratación administrativa y gestión económica, así como en conocimiento de la cultura española actual para poner a la Cultura con c mayúscula como parte de la política exterior española. La Escuela Diplomática tendrá mucho que hacer en esta tarea.

Las dotaciones de la AECID y el Instituto Cervantes

Ni que decir tiene que aumentar el presupuesto para acción cultural en el exterior es imprescindible y una muestra del interés que tiene esta tarea.

Fueron los socialistas los que dotaron a ambos organismos, AECID e Instituto Cervantes, de estructuras flexibles en la gestión y abiertas a la participación de diferentes profesionales y fue el PP el que creó, comenzando por la Fundación Carolina, toda la rama de sociedades estatales, nube de sociedades clientelares que manejaron a su antojo los fondos de cultura en el exterior y en España. De todo ello queda hoy la ACE, pero este tema no es para esta tribuna.

Ambos organismos, la AECID y el Instituto Cervantes, tienen dotaciones presupuestarias modestas para un país como el nuestro y para la importancia de sendas políticas públicas: la cooperación y la difusión de nuestra lengua y cultura.

Foto: La princesa Leonor, este miércoles. (Limited Pictures)

La AECID tiene un presupuesto insuficiente para actividades culturales, especialmente en países que no son destinatarios de política al desarrollo del que una parte sustancial son gastos de gestión y entre ellos una enorme cuantía para personal. No se debe exigir rentabilidad económica a una política de cooperación al desarrollo, pero sí eficiencia y desde luego excelencia y retorno del esfuerzo en prestigio político y buena imagen de país. Igualmente cabe exigirle al Instituto Cervantes, aunque a este si se le debe requerir también rentabilidad económica pues la venta de sus servicios es fácilmente justificable y además necesario para exigir excelencia en su prestación. Para disminuir su actual déficit, debería realizar una política de públicos y mayor financiación externa, una apertura amplia al sector privado participando de sus beneficios en base a cánones por el reconocimiento como títulos propios de los otorgados por esos centros, por la atención permanente a sus requerimientos de formación de su profesorado combatiendo la pérdida de profesorado formado en el Instituto que acaba en las academias bien por mejores condiciones laborales bien por mejor ambiente de trabajo y por último implicar a otras administraciones en la difusión de la lengua y la cultura bajo el marchamo del Instituto.

El Instituto Cervantes no puede ser una academia de español más o menos grande en el exterior, debe ser una herramienta fundamental de diplomacia pública y de creación de riqueza y empleo. No debemos ignorar además las legítimas críticas de emprendedores locales que ven como sus negocios se arruinan por inexplicables decisiones políticas y la perplejidad que despierta que, en ciudades en las que la población hispanohablante es numerosa y por tanto el acceso al aprendizaje del español es fácil, cómodo y barato, se abra una academia con recursos públicos en muchos casos muy deficitaria.

Foto: José Manuel Albares en el acto de homenaje a los agentes de la policía nacional que participaron en la misión de evacuación de Kabul. (EFE)

El Instituto Cervantes, debe potenciar el aprendizaje y la inmersión de nuestra cultura también aquí, en España, fomentando los convenios con Ayuntamientos para que estos hagan de la enseñanza de nuestra lengua un recurso económico importante. La difusión de nuestra lengua y cultura debe convertirse en un instrumento de creación de riqueza y empleo y aprovechar la coparticipación pública y privada para luchar contra el abandono de la España interior potenciando la apertura de escuelas en esos pueblos de gran prestigio turístico y poca industria más allá de figones y restaurantes, implementando un ambicioso programa de ayudas que atraiga a nuestro país a los miles de personas interesadas en conocernos. Créannos, es más rentable que abrir centros deficitarios y más eficiente atrayendo la riqueza que el turismo idiomático acarrea.

Foto: El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. (EFE)

El PSOE, en el gobierno, en estos momentos en periodo congresual, debe incorporar estos elementos en sus resoluciones y el Partido Popular dejar de usar el español como herramienta para la publicidad y colocación de amigos y desechos de tienta.

Sabemos que Albares está convencido de la importancia de lo aquí expuesto, no en vano ha introducido en la importantísima Secretaría de Estado para Iberoamérica el español como política de interés prioritario y trabaja en una modernización de la política de cooperación comprometiendo más recursos y mejorando las condiciones de trabajo de los numerosos profesionales que la ejecutan.

No queremos terminar sin reconocer el esfuerzo y la dedicación por la implantación de muchas de estas medidas por parte de los responsables actuales, Luis García Montero y otros, y esperamos que todos nos pongamos a la obra cuánto antes pues los españoles se lo merecen.

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