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Es la libertad, muchachos

La Alianza va a definir en Madrid su nuevo concepto estratégico, para fortalecerse y enfrentarse con éxito a los retos de un mundo cada vez más competitivo

Foto: El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez (i), y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. (EFE/Horst Wagner)
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez (i), y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. (EFE/Horst Wagner)

La Asociación Atlántica Española, cuyo objeto es apoyar, desde la sociedad civil, los esfuerzos de la OTAN para el desarrollo de unas relaciones internacionales pacíficas y la defensa de los principios de libertad, democracia e imperio de la ley, contribuyendo al mismo tiempo a robustecer una estrategia europea de seguridad y defensa acorde con los intereses de España y con el permanente fortalecimiento del vínculo trasatlántico, no es ajena a lo que supone el cuadragésimo aniversario de nuestro ingreso en la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

El Reino de España se convirtió el 30 de mayo de 1982 en el miembro número 16 de la OTAN, reinando Juan Carlos I. El proceso lo comenzó el presidente Calvo Sotelo, lo continuó el presidente González, con sus vicisitudes, y lo culminó el presidente Aznar, con la plena integración en la estructura militar de la Alianza, que tuvo lugar en el año 1999. Este itinerario, atinente a las relaciones exteriores, la seguridad y la defensa de España, que recorrimos todos juntos, fue un indudable acierto, y la inequívoca voluntad española se acreditó con el hecho de que todos los gobiernos posteriores hasta hoy, matices aparte, mantuvieron lo andado sin desviarse del sendero.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d) en la base militar de Adazi (Letonia). (EFE/Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa)

España, que muy poco antes había ingresado en la Comunidad Económica Europea, se incorpora como miembro de pleno derecho al club de las grandes naciones democráticas, abandona el estéril ensimismamiento guerracivilista y participa en la gestión del mundo actual, desde su nada desdeñable bagaje histórico y cultural, con su creatividad, su compromiso y su solidaridad.

Naturalmente, el papel desarrollado por nuestras Fuerzas Armadas en este proceso fue desde el principio cardinal y permitió a nuestros soldados reinventarse, afianzar su posición institucional y ganarse la admiración y el respeto de propios y extraños. No conviene olvidar que durante estos años nuestras Fuerzas Armadas han sido capaces de integrarse de forma completa y eficiente en las estructuras militares de la Alianza, mientras en paralelo culminaban la trasformación más profunda que han experimentado en siglos: su completa profesionalización y al mismo tiempo cumplían con dedicación y rendimiento dignos de elogio cada misión que los sucesivos gobiernos les han encomendado al servicio de los intereses de España y de sus compatriotas, cualesquiera que fueran el escenario, las dificultades o los sacrificios personales exigidos, liderando incluso determinadas misiones internacionales. Las cifras que resumen 33 años de proyección internacional son elocuentes: en torno a 200.000 soldados desplegados, en más de 80 misiones (OTAN, ONU, UE y OSCE). En este momento, algo menos de 3.000. El doloroso e inolvidable tributo es igual de elocuente: 181 fallecidos, de los que 102 lo fueron en Afganistán.

Foto: Eduardo Serra, exministro de Defensa español, en su despacho en Madrid. (David Brunat)

No cabe la menor duda de que la persistente insuficiencia de la dotación presupuestaria, convencionalmente medida en términos porcentuales sobre el producto interior bruto nacional y que España se ha comprometido recientemente a superar por boca de su presidente del Gobierno, se ha visto honradamente compensada por nuestra destacada participación en operaciones internacionales. De los tres criterios con que la Alianza evalúa la contribución de sus miembros: dinero, capacidades y compromiso, España destaca sin duda en el tercero; sin devaluar por ello y en todo caso los otros dos.

El Reino de España cosecha ahora, reinando Felipe VI, con la celebración en Madrid de la próxima asamblea de la Alianza Atlántica, los frutos de todo ese esfuerzo, coincidiendo además, como ya hemos dicho, con el cuadragésimo aniversario de nuestra incorporación a esta.

Foto: Pedro Sánchez, en una rueda de prensa correspondiente a una cumbre de la OTAN. (EFE/Horst Wagner) Opinión

Aunque no se trata tanto de celebrar un éxito indiscutible cuanto de perseverar en el esfuerzo y reflexionar sobre el futuro. La Alianza va a definir en Madrid su nuevo concepto estratégico, para fortalecerse y enfrentarse con éxito a los retos de un mundo cada vez más competitivo.

Dos hechos trascendentales estarán además presentes en la reunión de Madrid. La reaparición de la guerra en suelo europeo, provocada por la injustificada invasión rusa de Ucrania, y, en conexión con lo anterior, la más que probable incorporación a la Alianza de Finlandia y de Suecia, quienes ya han formalizado la manifestación de su deseo.

Foto: Pedro Sánchez. (EFE/EPA MONCLOA)

Lo importante, sin embargo, es que el concepto estratégico que se apruebe en Madrid responderá a los valores y principios democráticos cuya defensa inspira y justifica la Alianza Atlántica, que debe mantener su firme defensa en el siglo XXI, siglo que 'sin duda' se caracterizará por la lucha global entre la libertad y la tiranía, entre la democracia y la autocracia.

Lucano atribuye a Julio César, en la Farsalia, un rasgo de carácter con una certera frase: “No da nada por hecho mientras quede algo por hacer”. Pues así, nosotros, cuando de la libertad se trata, no debemos dar nada por hecho mientras quede algo por hacer, y la terquedad de los hechos demuestra cuánto queda aún por hacer.

*Adolfo Menéndez Menéndez. Presidente de la Asociación Atlántica Española.

La Asociación Atlántica Española, cuyo objeto es apoyar, desde la sociedad civil, los esfuerzos de la OTAN para el desarrollo de unas relaciones internacionales pacíficas y la defensa de los principios de libertad, democracia e imperio de la ley, contribuyendo al mismo tiempo a robustecer una estrategia europea de seguridad y defensa acorde con los intereses de España y con el permanente fortalecimiento del vínculo trasatlántico, no es ajena a lo que supone el cuadragésimo aniversario de nuestro ingreso en la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

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