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Si repetir curso fuese una vacuna o un medicamento
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Si repetir curso fuese una vacuna o un medicamento

Es una medida ineficaz para mejorar el aprendizaje, que desmotiva al alumnado y no favorece el esfuerzo, y que está perjudicando especialmente al alumnado de más bajo nivel socioeconómico

Foto: Alumnos en clase. (EFE/Carlos Lemos)
Alumnos en clase. (EFE/Carlos Lemos)

Si se piden más fondos al sector educativo, sobre todo si se tiene en cuenta que España invierte menos que la media de los países europeos, la mayoría de la sociedad estaremos de acuerdo. Ahora bien, hablar de gastar mejor es menos popular en el debate. A pesar de ello, parece algo de sentido común querer que el dinero de nuestros impuestos se gaste bien. Quienes trabajamos en favor de las personas más desfavorecidas sabemos que, por una cuestión de equidad, nadie necesita más de la eficiencia del gasto público que las más vulnerables, pues de ello depende que se eliminen las desiguales barreras que enfrentan.

Saldré por un momento del polarizado e ideológico debate educativo en España, con una metáfora sanitaria: ¿ustedes querrían que sus impuestos fueran a pagar un carísimo medicamento o una vacuna que la evidencia científica acumulada muestra que no cura la enfermedad, ni la mejora ni la empeora? La respuesta casi unánime sería no. Pues algo así es lo que nos pasa con la repetición de curso en nuestras aulas.

Foto: Foto: Isabel Blanco/Imagen: Laura Martín.

Como mostramos en el último estudio de Save the Children, la repetición de curso es una medida ineficaz para mejorar el aprendizaje, que desmotiva al alumnado y no favorece el esfuerzo, y que está perjudicando especialmente al alumnado de más bajo nivel socioeconómico. Sin embargo, está más extendida aquí que en ningún otro país europeo y tiene un amplio apoyo social y escolar.

Sé que habrá quien diga que están demasiado manidas las comparaciones entre sanidad y educación, y no negaré la complejidad de los procesos y resultados educativos y la influencia del contexto. Sin embargo, investigaciones que sintetizan estudios de la mayor calidad en ciencias sociales (aquellos que más se acercan a poder ver una relación causa-efecto imitando "experimentos"), realizados en distintos contextos, llegan a la conclusión de que ni mejora ni empeora el aprendizaje y que, además, es perjudicial para quienes tienen más dificultades.

El conocimiento es siempre temporal, en la medida en que la ciencia se construye y evoluciona sobre un constante cuestionamiento de sus conclusiones. Los avances científicos basados en el conocimiento suponen que unas técnicas van sustituyendo a otras, conforme avanza lo que sabemos. Unos medicamentos y terapias mejores sustituyen a otros, unas tecnologías sustituyen a otras. A día de hoy, con el conocimiento que tenemos, es difícil seguir defendiendo, por muy contraintuitivo que resulte para muchos, esta práctica educativa.

Foto: La ministra de Educación, Pilar Alegría, y su antecesora Isabel Celaá. (Reuters)

Pero es que, además, es una medida carísima. España gasta en hacer repetir curso aproximadamente 1.440 millones de euros, el equivalente al presupuesto de educación de todo un año de las islas Canarias. Con ese dinero podríamos, por ejemplo, dar clases de refuerzo a casi la mitad del alumnado de primaria y secundaria, una medida muy eficaz según las investigaciones. ¿Qué pasaría entonces? Siguiendo los ejemplos de la mayoría de países desarrollados (sí, en dos tercios, incluidos aquellos sistemas con mejores resultados, repite una proporción testimonial), reducir la repetición de curso es hoy una cuestión de eficiencia de la inversión educativa y de modernización.

Volviendo a la metáfora, la realidad es que, si la repetición fuera una vacuna o un medicamento, por suerte para nosotros, no pasaría la aprobación de las autoridades sanitarias.

*Álvaro Ferrer es especialista en Equidad Educativa de Save the Children.

Si se piden más fondos al sector educativo, sobre todo si se tiene en cuenta que España invierte menos que la media de los países europeos, la mayoría de la sociedad estaremos de acuerdo. Ahora bien, hablar de gastar mejor es menos popular en el debate. A pesar de ello, parece algo de sentido común querer que el dinero de nuestros impuestos se gaste bien. Quienes trabajamos en favor de las personas más desfavorecidas sabemos que, por una cuestión de equidad, nadie necesita más de la eficiencia del gasto público que las más vulnerables, pues de ello depende que se eliminen las desiguales barreras que enfrentan.

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