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Incorporar tecnología innovadora y de calidad en salud pasa por una ley específica para el sector
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Pablo Crespo

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Incorporar tecnología innovadora y de calidad en salud pasa por una ley específica para el sector

Compartir regulación con el sector farmacéutico ha supuesto un freno a la incorporación de la innovación en tecnología sanitaria, generando una barrera en el acceso de los pacientes a los nuevos avances

Foto: Foto: iStock.
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Hay millones de personas que padecen enfermedades crónicas en España y que, gracias a los productos sanitarios, pueden convivir con ellas, siendo para ellos bienes de primera necesidad. Para los pacientes ostomizados, con incontinencia o aquellos que requieren del tratamiento de sus heridas, las tecnologías sanitarias, financiadas por receta y dispensadas en las oficinas de farmacia, son productos de primera necesidad sin los cuales su calidad de vida es inimaginable.

Tenemos la gran suerte de que las empresas que desarrollan estos productos tienen en su ADN buscar nuevas soluciones que permitan mejorar la salud y calidad de vida de los pacientes, pero esta capacidad innovadora supone un reto para el Sistema Nacional de Salud.

Hasta ahora, compartir regulación con el sector farmacéutico (con el que existen notables diferencias) ha supuesto un freno a la incorporación de la innovación, generando una barrera en el acceso de los pacientes a los nuevos avances tecnológicos. La Ley de Garantías y Uso Racional de los Medicamentos y Productos Sanitarios, es una de las normas ‘matrices’ de nuestra Sanidad y una disposición que fue concebida atendiendo a las peculiaridades del sector farmacéutico, pero no para el de tecnología sanitaria, generando importantes disfunciones que persisten desde el año 2006.

Es cierto que los medicamentos y productos sanitarios tienen en común su objetivo de mejorar la salud de las personas, pero los productos sanitarios tienen unas profundas singularidades y diferencias respecto de los medicamentos, tanto desde el punto de vista de su naturaleza y características como desde el punto de vista de las actividades de fabricación, distribución y comercialización, que requieren de un marco normativo propio que permita explotar todo su potencial.

Todo ello, en la práctica, provoca que desde hace 18 años no haya posibilidad de incorporar innovaciones al catálogo de productos sanitarios que se dispensan en farmacia mediante receta, situación que no es aceptable porque afecta a la salud y calidad de vida de millones de personas.

Es el momento de adecuar la legislación a la realidad tecnológica y dar acceso a los pacientes a productos innovadores

Estas barreras no solo tienen consecuencias en la atención sanitaria, también en el progreso económico del país, ya que genera inseguridad jurídica a las compañías y puede reducir su interés por las inversiones en nuestro país en un sector que tiene la innovación como seña de identidad y que crea empleos de calidad.

Desde el año 2006 tenemos pendiente abordar esta problemática y, por suerte, el Ministerio de Sanidad parece decidido a revisar el marco normativo, siendo una oportunidad única abordar esta diferenciación y crear una regulación propia para un sector clave para el futuro de la atención sanitaria y de la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud mediante el diagnóstico precoz de la enfermedad y la atención sanitaria personalizada basados en la tecnología sanitaria.

La futura regulación debe permitir la incorporación de nuevos productos y tecnologías que son necesarios para el diagnóstico, tratamiento, monitorización (remota) de patologías y cuidado de los pacientes con el objetivo de mejorar su salud y calidad de vida de forma eficiente, siendo para ello necesario un marco regulatorio propio.

El nuevo marco normativo debe recoger nuevas categorías y grupos de productos dentro de la prestación farmacéutica del Sistema Nacional de Salud, para que los usuarios —muchos de ellos pacientes crónicos, dependientes o personas mayores— puedan tener acceso a nuevas soluciones clínicas de las que ya disponen otros ciudadanos de países de nuestro entorno. Es el momento de revertir casi 20 años de inmovilismo y seguir mejorando nuestro SNS; es el momento de adecuar la legislación a la realidad tecnológica y dar acceso a los pacientes a productos innovadores y de calidad.

*Pablo Crespo es secretario general de Fenin.

Hay millones de personas que padecen enfermedades crónicas en España y que, gracias a los productos sanitarios, pueden convivir con ellas, siendo para ellos bienes de primera necesidad. Para los pacientes ostomizados, con incontinencia o aquellos que requieren del tratamiento de sus heridas, las tecnologías sanitarias, financiadas por receta y dispensadas en las oficinas de farmacia, son productos de primera necesidad sin los cuales su calidad de vida es inimaginable.

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