Hace poco, el líder de Vox lanzó una perla en X dirigida a Feijóo: “En política internacional y nacional no se puede coincidir con Sánchez”. Así, sin matices.
Según Abascal, coincidir con Sánchez en algo, aquí o allá, es lo mismo que sostenerlo “en todas partes y a todas horas”. Una especie de contaminación ideológica inmediata. No importa el tema, la coyuntura o las hemerotecas: si en algún momento piensas lo mismo que Sánchez, felicidades, eres parte de su red de apoyo global.
Este planteamiento tiene la elegancia lógica de un silogismo de primaria:
Bajo esta regla, lo complicado no es desmarcarse políticamente, sino hacerlo sin caer en la contradicción o la pura demencia. Porque si mañana Sánchez declara que el agua es H₂O, ¿qué hacemos? ¿Anunciar que es H₂O por decreto-ley?
Más allá del absolutismo de este razonamiento (y no, no hablo de monarquías), hay que reconocerle a Abascal que nos pone ante un dilema digno de la física cuántica. Porque, claro, estamos hablando de Sánchez, un político capaz de ser pro, anti y neutro en la misma semana. Así que, ¿qué significa coincidir con él? ¿Coincidir con qué versión?
¿O es que cuando Sánchez prometía encarcelar a Puigdemont, Abascal pedía su indulto? Me niego a creer que en aquel momento Vox compartiera línea con él. Porque si lo hicieron, según su propia teoría, deberían admitir que fueron sanchistas en todas partes y a todas horas.
A esto se suma otro problema: si Vox dice que no se puede coincidir con Sánchez en nada, nunca, ¿qué pasa si Sánchez dice lo mismo de Vox? ¿Debe entonces Vox llevarle la contraria, coincidiendo con él en que no se puede coincidir? Aquí entramos ya en un nivel de paradoja que podría hacer cortocircuitar a un chatbot de IA.
Abascal nos dice que no coincidir con Sánchez es tarea simple. A mí me parece un reto metafísico. Porque si mañana Sánchez declara que el cielo es azul, ¿qué hacemos? ¿Negarlo? ¿Llamar a la Agencia Estatal de Meteorología para exigir nubes rojas y blancas?
Y si, de repente, el presidente decide incrementar el gasto en defensa, ¿qué hará Vox? Imagino a sus dirigentes en un parque, cantando "haz el amor y no la guerra" con un ukelele, porque lo último que querrán es mantener a Sánchez en todas partes y a todas horas.
Pero la paradoja no termina ahí. Resulta que, en el tema de Ucrania, Vox no es que coincida con Sánchez: empieza a sonar sospechosamente parecido a los de "bizum Moscú". Hay frases de Abascal en X que podrían ir en la parrilla de Canal Red sin que nadie pestañee.
Así que, siguiendo su lógica, si Feijóo es sanchista por coincidir en Ucrania, ¿Vox es podemita por compartir la misma visión? Porque, si no recuerdo mal, quienes llevaban desde el principio con el discurso de “medios diplomáticos para frenar la guerra” eran Belarra y compañía. Unidos en el pacifismo que, curiosamente, nunca menciona al culpable de todo: el señor Putin.
Y aquí llegamos al momento cumbre. Si la coincidencia equivale al apoyo incondicional, entonces Vox lleva meses coincidiendo con Rusia, con Podemos y con la extrema izquierda internacional. Puede que no lo digan en alto, pero el giro ideológico ha sido tan brusco que deberían empezar a revisar su archivo de discursos.
Quizás la verdadera ironía no es que Feijóo coincida con Sánchez, sino que Vox, de tanto girar sobre sí mismo, haya dado la vuelta completa y se haya sentado a la misma mesa que Putin, Belarra, Irán y Corea del Norte. Seguramente Abascal, con una taza de té en la mano, se consuele pensando: “Por lo menos no está Sánchez”.
*Abelardo Bethencourt, cofundador y director general de Ernest.
Hace poco, el líder de Vox lanzó una perla en X dirigida a Feijóo: “En política internacional y nacional no se puede coincidir con Sánchez”. Así, sin matices.