Es noticia
Viene una nueva oleada populista en Cataluña. Esta vez será distinta
  1. España
  2. Tribuna
Ramón González Férriz

Tribuna

Por

Viene una nueva oleada populista en Cataluña. Esta vez será distinta

La élite independentista lleva años mintiendo a sus seguidores. La negativa de la UE a reconocer el catalán destruye ese mundo basado en ficciones. Los nacionalistas de a pie rechazarán ahora a aquellos en quienes creyeron ciegamente

Foto: La presidenta de Aliança Catalana, Sílvia Orriols. (Europa Press/Kike Rincón)
La presidenta de Aliança Catalana, Sílvia Orriols. (Europa Press/Kike Rincón)
EC EXCLUSIVO

Debe haber pocas sociedades europeas en las que los políticos hayan mentido tanto a sus ciudadanos y estos lo hayan aceptado con tanto entusiasmo.

En Cataluña, durante más de una década, las élites políticas repitieron que la independencia no solo era deseable, sino que era posible e inminente. La mitad de la población decidió creerlo o hacer como si lo creyera. Cuando algo salía mal, asumía que se trataba solo de una “jugada maestra” para ocultar un avance real pero que todavía no debía conocerse; cuando esa élite le pedía que saliera a la calle a manifestarse, lo hacía de inmediato. El referéndum de 2017 fue una farsa y, en términos reales, no se tradujo en nada. Si Maimónides afirmó hace casi un milenio que “el Mesías vendrá, pero podría retrasarse”, los nacionalistas empezaron a decir lo mismo de la independencia. Mientras tanto, repetían, lo urgente era solidarizarse con los “presos políticos” y los “exiliados”. Sus seguidores lo hicieron.

Sigo con las citas ilustres; esta, de Abraham Lincoln: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo y a algunas personas todo el tiempo, pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”. Fruto de la costumbre, entre julio y noviembre de 2023, la élite independentista volvió a mentir a todos los suyos para explicar el apoyo a la investidura de Pedro Sánchez. Dijo que se trataba de un paso más hacia esa independencia postergada. Y había pruebas, dijo. El PSOE firmó un documento según el cual el Estado era el responsable de todo lo malo que había traído el procés. Dejó que los independentistas redactaran la ley de amnistía y estos prometieron a sus bases que esta sería efectiva y rápida. Más adelante, los líderes independentistas dijeron que la investidura de Sánchez y, posteriormente, la de Salvador Illa, darían a Cataluña la soberanía fiscal, el control de la inmigración y la transferencia de los trenes de cercanías. Todo se incumplió. Luego, el nacionalismo prometió algo muy importante para los independentistas angustiados por la hipotética desaparición de su lengua: el reconocimiento del catalán en las instituciones europeas.

Anteayer, cuando se supo que esto último tampoco iba a suceder, el relato se rompió, las mentiras dejaron de parecer verosímiles. No ha sido de un día para otro, pero algunas cosas (esta vez parafraseo a Hemingway) suceden primero poco a poco, pero luego de repente.

Oleada populista

El desapego de los independentistas que creyeron ciegamente en sus líderes no se debe solamente a estos motivos. En los últimos meses se ha conocido que parte de las donaciones que hicieron muchos ciudadanos al Consell de la República, una especie de Parlament paralelo creado por Carles Puigdemont, se destinaron a los gastos privados de su vicepresidente, Toni Comín. La semana pasada se supo que una red de fundaciones vinculadas a Esquerra dedicadas a la acogida de menores puede haber recibido dinero de la Generalitat de manera irregular.

Muchos independentistas educados en el progresismo banal están haciendo ahora, como muchos otros europeos, el camino hacia posiciones radicales en materia de inmigración. El independentismo, el PSC y la izquierda poscomunista, que suponen más de tres cuartas partes del establishment político catalán, llevan décadas protegiéndose mutuamente para conservar una imagen falsamente idílica y consensual de la política catalana, pero ahora hay alguien capaz de explotar las pulsiones antipolíticas y el rencor contra las instituciones. Siguiendo el manual del populismo europeo, Sílvia Orriols, de Aliança Catalana, ahora no solo puede decir: “¡Que se vayan todos!”, sino que, después de esta sucesión de mentiras, frustraciones y escándalos, tiene un creciente público dispuesto a sumarse a ella. Para los independentistas, esa proclama incluye una ominosa segunda parte: “¡Incluidos los nuestros!”.

Foto: independentismo-extremista-alianca-catalana-1hms

El procés fue uno de los grandes movimientos populistas de Europa de la pasada década. Pero ahora va a entrar en una nueva fase. Será una fase antipolítica, porque muchos independentistas se sienten traicionados por los partidos y las asociaciones en las que creyeron y hoy piensan que todos sus movimientos estaban destinados a conservar el poder, el acceso al dinero público o donado y a prolongar el engaño. Quieren venganza.

Pero también será una fase antieuropea. Durante un siglo, el nacionalismo catalán ha sostenido que Europa no tendría más remedio que apoyar al independentismo. Hoy está claro que eso también es falso: Europa no está muy interesada en el conflicto catalán y ha demostrado que no va a permitir que se convierta en un nuevo frente político en un momento como el actual.

Orriols, como ariete de la impugnación, se beneficiará de todo ello. También el PSC, que podrá presentarse como el garante del orden para quienes quieran mantenerlo. Todo ello será el fin de la percepción que muchos nacionalistas tenían de sí mismos y de Cataluña. Última cita: “Una mentira puede viajar medio mundo mientras la verdad aún está poniéndose los zapatos” (Jonathan Swift).

Debe haber pocas sociedades europeas en las que los políticos hayan mentido tanto a sus ciudadanos y estos lo hayan aceptado con tanto entusiasmo.

Noticias de Cataluña
El redactor recomienda