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¿Y si reinventamos la política desde las personas?
Si queremos que la política tenga sentido de nuevo, hace falta un cambio profundo. No basta con más participación, hace falta que esa participación parta de necesidades reales, convertidas en retos claros con soluciones construidas desde las personas
Cada vez más personas quieren tener voz en las decisiones que afectan sus vidas. Según el CIS (enero 2025), el 83% de los españoles estaría dispuesto a participar en reuniones para votar propuestas ciudadanas, un 30% preferiría decidir mediante referéndums, y solo el 29,5% de los encuestados considera que las decisiones políticas deben ser tomadas por los diputados o concejales elegidos en las urnas. El mensaje es claro: no queremos ser solo votantes cada cuatro años, queremos participar. Pero ¿está preparado el sistema para escucharnos?
Más allá de las ideologías: ¿qué necesitamos realmente?
Nacemos conectados con nuestra esencia responsable, creativa e innovadora que no juzga. Pero desde pequeños, absorbemos de terceros ideas, juicios y etiquetas que condicionan cómo debemos pensar. Nos dicen lo que está bien, lo que está mal y en qué "lado" tenemos que estar. Y sin darnos cuenta, vivimos dentro de una caja llena de consignas, creencias, valores y dogmas adquiridos.
No necesitamos ideologías. Porque no sirven para ponernos de acuerdo desde el momento en que cada uno está preparado para defender la suya. Aunque intenten encasillarnos, la realidad es que hoy, no somos de ninguna. O un poco de todas. Queremos el bien común, pero tener oportunidades individuales, escudo social, pero libre mercado, que el planeta esté sano...
Debemos hablar de necesidades —no de ideologías— para entendernos. Si partimos de necesidades reales, cada uno puede empatizar con la del otro para buscar soluciones comunes. Por ejemplo: ¿qué necesidades reales no están resueltas en nuestro barrio, ciudad o país? Es un cambio de enfoque: de la lucha de ideas al diálogo sobre lo que realmente importa.
Ciudadanos que participan, políticos que no escuchan
Ahora vamos a lo práctico. No es tan "fácil" (obviamente). Aunque hay herramientas disponibles como presupuestos participativos, referéndums, consultas online, plataformas digitales, no funcionan. ¿Por qué?
Primero, por el propio ciudadano, que cuando es convocado a un proceso participativo:
1.- Primero viene con sus quejas.
2.- Después, con lo que quiere.
3.- Finalmente, con lo que cree que necesita (que rara vez es la necesidad real).
Solemos llegar a esos espacios de participación desde la queja, el deseo o una idea prefabricada de lo que "necesitamos". Pero lo que creemos que es una necesidad, muchas veces es una solución que queremos imponer.
Pongamos un ejemplo: alguien dice "necesitamos poner placas solares en los tejados". Tal vez esa sea parte de la solución. Pero la verdadera necesidad puede ser "acceso a energía asequible en zonas despobladas para atraer nuevos habitantes". Y la solución puede pasar por comunidades energéticas, o incluso por modelos de producción que generen ingresos solo por vivir en esos territorios... El reto es identificar bien la necesidad antes de buscar soluciones.
Por otro lado, están los gobernantes. La mayoría quiere hacerlo bien, pero operan dentro de un sistema profundamente competitivo y jerárquico, basado en competencia y mayorías. Eso les impide salirse del guion ideológico. Muchas veces no proponen lo que creen necesario, sino lo que su electorado espera o lo que "toca" decir según el consenso ideológico al que pertenece.
¿Y los líderes independientes, capaces de detectar necesidades no resueltas con la ciudadanía, poner conjuntamente retos concretos, medibles y evaluables, y generar soluciones comunes? No están. No tienen espacio. El sistema no los deja entrar.
Un nuevo contrato ciudadano-gobernante
Si queremos que la política tenga sentido de nuevo, hace falta un cambio profundo. No basta con más participación; hace falta que esa participación parta de necesidades reales, convertidas en retos claros, medibles, y con soluciones construidas desde las personas.
Es hora de redefinir la relación entre ciudadanía y representantes. Un nuevo contrato político, sin ideologías como punto de partida
Es hora de redefinir la relación entre ciudadanía y representantes. Un nuevo contrato político, sin ideologías como punto de partida, sino con un compromiso claro: actuar sobre lo que realmente necesitamos.
Solo cuando gobernamos con las personas —y no sobre ellas— la política vuelve a conectar con su propósito.
*José Almansa, creador de la metodología Grasshopper NRS, autor de 'El Fin de la Innovación. La Era del Innovador' e 'Innovación Caórdica', profesor, cofundador de Impact Hub Madrid y LOOM.
Cada vez más personas quieren tener voz en las decisiones que afectan sus vidas. Según el CIS (enero 2025), el 83% de los españoles estaría dispuesto a participar en reuniones para votar propuestas ciudadanas, un 30% preferiría decidir mediante referéndums, y solo el 29,5% de los encuestados considera que las decisiones políticas deben ser tomadas por los diputados o concejales elegidos en las urnas. El mensaje es claro: no queremos ser solo votantes cada cuatro años, queremos participar. Pero ¿está preparado el sistema para escucharnos?