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El PSOE no es un partido: es una productora de contenidos audiovisuales
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Ramón González Férriz

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El PSOE no es un partido: es una productora de contenidos audiovisuales

Ayer Leire Díez dio una rueda de prensa grotesca, Prisa despidió a Pepa Bueno y Sánchez exigió una inversión estratosférica en vivienda. Estamos atrapados en el bucle de la propaganda y las necesidades inmediatas del Gobierno

Foto: La exmilitante socialista Leire Díez comparece ante los medios. (EFE/Chema Moya)
La exmilitante socialista Leire Díez comparece ante los medios. (EFE/Chema Moya)
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Para gobernar un país, lo primero que hay que hacer es tenerle entretenido, afirmaba el novelista Saul Bellow. Abraham Lincoln contaba chistes bastante malos, decía, pero eso le servía para distraer a los estadounidenses de las graves circunstancias políticas del momento. El Gobierno español ha aprendido la lección. Su gestión es discutible, pero tiene una capacidad asombrosa para entretenernos.

El día de ayer lo mostró de manera ejemplar. Por la mañana, Leire Díez afirmó en una grotesca rueda de prensa que ella no es una fontanera del PSOE, sino una periodista de investigación que está escribiendo un libro sobre la corrupción de las cloacas del Estado. Algo más tarde, el Grupo Prisa comunicó el despido de Pepa Bueno como directora de El País, en lo que parece una respuesta a los intentos de un asesor de comunicación del presidente del Gobierno de controlar su línea editorial. Por la tarde, antes de lo que será una fallida conferencia de presidentes autonómicos, Sánchez propuso a estos que las administraciones públicas españolas ¡tripliquen! su inversión en vivienda: "Los españoles y españolas no nos eligen para que nos tiremos los trastos a la cabeza o llevemos el ruido partidista a las instituciones —dijo en la carta que les mandó— Nos eligen para que dialoguemos, acordemos y resolvamos sus problemas". Obviamente, esa fue la noticia de apertura de El País, El Diario e Infolibre.

No se trata de una conspiración. Ningún minion de Moncloa se pasó el día coordinando todo esto. Estos actores actuaron por su cuenta y de acuerdo con el guion que ellos mismos se han escrito. Pero todo junto transmitía la sensación de que el partido socialista es una gran productora de contenidos. Dirige instituciones, hace políticas, tiene legítimas preferencias ideológicas, gestiona mil problemas reales, en pequeños pueblos extremeños y en el barrio europeo de Bruselas. Pero, por encima de todo, crea contenidos. Comunica. Genera relato. Está persuadido de que lo que más importa es la comunicación. Si algo sale mal, se contraprograma con otras cosas. Pilar Alegría lo puede explicar en la rueda de prensa posterior al próximo Consejo de Ministros. Díez era una militante común y si fue directiva de dos empresas públicas era porque lo merecía y, al mismo tiempo, apenas sabemos quién es, quizá diga. El PP no quiere triplicar la inversión en vivienda pero nosotros sí. El Gobierno no sabe nada de Prisa porque respeta la libertad de prensa y la autonomía de las empresas. La derecha esparce bulos. El presidente solo se preocupa por el bienestar de los españoles y la lucha contra el fascismo global.

Se trata de un entretenimiento de primera. Y está perfectamente adaptado al sistema digital de circulación de las ideas.

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De un astronauta a Díez

La semana pasada, mi colega Ángel Villarino resumía muy bien la situación, que no es exclusiva de España y de su Gobierno: "El problema es que los políticos que más éxito están teniendo en los últimos tiempos, en prácticamente todo el mundo, son aquellos que han entendido que el nuevo paradigma comunicativo funciona […] sin límites. Que la atención está totalmente fraccionada y que convive información veraz, sesgada y falsa a todas horas en todos sitios, de manera que se puede justificar casi cualquier cosa, decir algo y lo contrario, proyectar en los demás tus propios pecados".

Hace unos meses, escribí que Pedro Sánchez entiende la gobernación como una serie: cuando la audiencia cae, da un giro de guion. No le importa que un capítulo contradiga a otro de la temporada anterior. Los personajes secundarios entran y salen para mantener la tensión.

Me quedé corto. Las series son puro entretenimiento, pero algunas tienen vocación de perdurar. Lo que estamos viendo ahora mismo se parece mucho más un reality show, ese género en el que se mezclan la crueldad y el sentimentalismo, los bullies y la exhibición de miserias. O a la sucesión de vídeos azarosos que vemos en las aplicaciones de Instagram o TikTok: estos solo pretenden retener nuestra atención unos segundos, para satisfacer una urgencia momentánea y colocarnos un anuncio, y sus creadores saben que los olvidaremos inmediatamente, cuando haya pasado su momento viral y ni siquiera recordemos cuál era su sentido.

Insisto: no se trata de una conspiración ni es fruto de una mente brillante que lo coordina todo. Es consecuencia de la sintonía ideológica de muchos actores distintos, de su servidumbre voluntaria y de una deriva aparentemente inevitable de la comunicación digital. Sea como sea, la izquierda parece ahora mismo una inmensa generadora de contenidos cada vez más mórbidos y, España, un espectador enganchado y atónito. Lo peor de todo es que mañana aparecerá otro episodio, prometeremos ver dos vídeos más y dejarlo y bajaremos un poco más en el scroll. La legislatura empezó con un astronauta como ministro. Ahora sigue con Díez escapando de Aldama en un hotel. Es imposible saber cómo acabará este experimento audiovisual. Pero entretenidos, estaremos.

Para gobernar un país, lo primero que hay que hacer es tenerle entretenido, afirmaba el novelista Saul Bellow. Abraham Lincoln contaba chistes bastante malos, decía, pero eso le servía para distraer a los estadounidenses de las graves circunstancias políticas del momento. El Gobierno español ha aprendido la lección. Su gestión es discutible, pero tiene una capacidad asombrosa para entretenernos.

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