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La cumbre de la OTAN salió bien para todos menos para España
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Ramón González Férriz

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La cumbre de la OTAN salió bien para todos menos para España

Aunque fuera con trucos sonrojantes, Rutte consiguió que Trump siga comprometido con la defensa de Europa y que esta aumente su gasto militar. Sánchez convirtió su participación en un truco comunicativo para seguir vivo un día más

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la cumbre de la OTAN. (EFE/J.J. Guillén)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la cumbre de la OTAN. (EFE/J.J. Guillén)
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El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, concibió la cumbre de ayer con un objetivo en mente: impedir que Donald Trump tuviera un berrinche, se marchara dando un portazo y amenazara con abandonar la organización. Mientras el presidente estadounidense volaba hacia La Haya, Rutte le mandó un mensaje sonrojantemente pelota: "Enhorabuena por tu decisiva actuación en Irán, que fue verdaderamente extraordinaria —decía—, algo que nadie más se ha atrevido a hacer". Redujo las negociaciones a unas pocas horas para que no hubiera tiempo de aburrirle. Limitó el texto de la declaración consensuada a cinco escuetos párrafos —en las dos últimas cumbres las declaraciones tuvieron cuarenta y cuatro y noventa, respectivamente— centrados en que todos los miembros se comprometían a gastar el 5% de su PIB en defensa. Y en la declaración posterior a la cumbre dijo, para referirse a la agresiva mediación de Trump para acabar con la guerra en Oriente Medio, que en ocasiones "papi tiene que ponerse serio".

A Trump se le vio ostensiblemente satisfecho. Todo fue un poco ridículo. Pero funcionó. No tenemos ni idea de si en 2035, el año en que se revisará el acuerdo de ayer, los socios habrán cumplido o, siquiera, si Trump estará vivo. Pero la OTAN sigue en pie, Trump dice que está comprometido con Europa "al cien por cien" y nuestros países se rearmarán un poco más. No está nada mal.

Pedro Sánchez, en cambio, concibió la cumbre de la OTAN como un mero gesto de política interna. Tiene razón al decir que la cifra del gasto en defensa del 5% del PIB es arbitraria. Tiene razón al decir que España no vive las mismas necesidades que Europa del Este: Vladímir Putin puede amenazar con invadir un país báltico, mientras que nuestros problemas son la inestabilidad en el Sahel, el tráfico ilegal de inmigrantes y las mafias. Y eso requiere recursos distintos.

Pero en lugar de afirmar que cumpliría y luego trampear con esa decisión, que es lo que harán todos los demás países, Sánchez decidió presentarse a sí mismo como el líder europeo de la resistencia antitrumpista, forzó la interpretación de una diplomática carta de Rutte para vender ante su electorado que había doblegado la voluntad de la OTAN y, ayer, hizo el inane gesto de no saludar a Trump y afirmar que no se comprometía a lo firmado por todos. Tenía la esperanza de irritar al presidente estadounidense para que le atacara en público y, así, poder transmitir que él es el valeroso progresista David ante el ultraderechista Goliat. Lo consiguió. Trump señaló a España en la rueda de prensa, dijo que acabaremos pagando el doble y amenazó con desatar una guerra comercial contra nosotros.

Foto: sanchez-resistencia-aversion-perdida-1hms Opinión

Sánchez ha agotado la mayor parte de los recursos internos para seguir manteniendo la credibilidad entre sus votantes. Ante la corrupción, la incapacidad legislativa y los resultados decrecientes de sus políticas, sus trucos habituales, como presentarse como el último baluarte ante Vox o el único preocupado por los desfavorecidos, parecen haber perdido efectividad. En consecuencia, ayer demostró que también está dispuesto a convertir cualquier asunto de política exterior, incluso los más importantes, vinculados a la seguridad o la reputación internacional del país, en un golpe de efecto comunicativo para seguir políticamente vivo un día más.

Lo importante

Es difícil abstraerse del ruido generado por las necesidades políticas personales de Sánchez y las represalias que quizá emprenda Trump contra nosotros. Estas pueden incluir nuevos aranceles; aunque España no está muy expuesta al comercio con Estados Unidos, podrían perjudicar a algún sector concreto. Pero también podrían consistir en gestos que beneficien a Marruecos: en cuanto surja algún conflicto con el país de nuestra frontera sur —del que proceden, como reconoció tácitamente Sánchez al hablar de nuestra singularidad, algunos de los problemas específicos de España—, Estados Unidos se pondrá de su lado.

En todo caso, si ampliamos el foco para incluir no solo Europa, sino la noción misma de Occidente, ayer hubo buenas noticias. Es bueno que los dos lados del Atlántico sigan hablando, compartiendo información y estrategias defensivas, e identificando de manera compartida riesgos como los que plantea de Rusia. Es bueno, también, que Europa siga decidida a aumentar su presupuesto en materia de defensa, aunque sea trampeando, y a eximir paulatinamente a Estados Unidos de su costoso papel como responsable de nuestra seguridad. Es bueno, finalmente, que muchos mandatarios globales, incluido Rutte y los presidentes de los otros países miembros de la OTAN, estén aprendiendo a manejar el carácter volátil de Trump y le ayuden a tomar las mejores decisiones.

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Sánchez tenía argumentos para plantear un debate serio. También tenía la opción de hacer lo mismo que los demás. Pero a Sánchez siempre se le acaban imponiendo las necesidades políticas personales de Sánchez.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, concibió la cumbre de ayer con un objetivo en mente: impedir que Donald Trump tuviera un berrinche, se marchara dando un portazo y amenazara con abandonar la organización. Mientras el presidente estadounidense volaba hacia La Haya, Rutte le mandó un mensaje sonrojantemente pelota: "Enhorabuena por tu decisiva actuación en Irán, que fue verdaderamente extraordinaria —decía—, algo que nadie más se ha atrevido a hacer". Redujo las negociaciones a unas pocas horas para que no hubiera tiempo de aburrirle. Limitó el texto de la declaración consensuada a cinco escuetos párrafos —en las dos últimas cumbres las declaraciones tuvieron cuarenta y cuatro y noventa, respectivamente— centrados en que todos los miembros se comprometían a gastar el 5% de su PIB en defensa. Y en la declaración posterior a la cumbre dijo, para referirse a la agresiva mediación de Trump para acabar con la guerra en Oriente Medio, que en ocasiones "papi tiene que ponerse serio".

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