Tribuna
Por
Arde, todo arde
Todo lo que en España necesita un pacto, que es todo lo importante, es elevado a conflicto irresoluble, precisamente para que no tenga solución
Arde A Costa da Morte, arden Las Médulas, arde Tarifa y también la Mezquita ardió. Gracias a Alá, que es grande, nadie ha dicho que éste fue un ataque racista o xenófobo. El gabinete de la propaganda debía de estar de vacaciones.
Arde agosto, y las vías del tren se funden como la parrilla de San Lorenzo, donde en mitad del campo se asan los trenes que no hace mucho volaban como aves. Viajeros on the grill es el menú de verano que sirve Óscar Puente en los fogones ferroviarios, haciendo un alto en cualquier camino.
Perdemos la energía en convertir los problemas o los privilegios de Cataluña en lo único que importa a los españoles, y en ocurrencias picapleitos, mientras el país se nos escapa de las manos. Se prohíbe bastante, se anatemiza mucho y se manipula todo, pero la vida no va de prohibiciones, ni de anatemas ni de soflamas que no llegan al cabo de la calle, porque todo es humo. Pero gobernar, no gobierna ni dios. La luz se apaga, los trenes se paran, las carreteras de la España que funcionaba se resquebrajan, los sueldos no alcanzan, la meritocracia naufraga en un trasiego de biografías amañadas que alcanzan de lleno a los que se dicen servidores públicos.
¿Macrocrisis de vivienda? Eso sí que está que arde, pero nadie coge la sartén por el mango porque abrasa más que poner las manos en el fuego por la inocencia de los ocupantes del Peugeot. No es que las viviendas conspiren contra la población y decidan encarecerse: se encarecen porque no se construyen; y no se construyen porque no se promueve vivienda por quienes tienen el deber de hacerlo y además implementan políticas restrictivas de la oferta de alquiler, con lo que el problema no para de agravarse. Todo lo que en España necesita un pacto, que es todo lo importante, es elevado a conflicto irresoluble, precisamente para que no tenga solución.
No hay política de emigración, pero cuánto ruido político genera y cuántos réditos electorales da a diestra y siniestra. Tenemos dinero para financiar cursos de todo lo que se nos pueda imaginar, especialmente si los imparten ONG amigas, pero no hay dinero para el mundo rural. Si arde el monte y hay que desalojar al vecindario, la culpa es del cambio climático, que la tiene, pero ninguna administración se hace cargo del abandono rural, que agrava los riesgos de esa mutación medioambiental.
Hablábamos de la España vacía cuando era una moda, pero cuando es solo una realidad ya no interesa, es demasiado cruda… La España vaciada, más bien abandonada, es una pieza fundamental de la biosfera que contribuye decisivamente a la salud del medioambiente, pero no da votos. Y eso es imperdonable cuando se trata de tener el poder, como sucede en esta España polarizada y caciquil, de un clientelismo militante y bien retribuido. La España abandonada tiene otro problema: libera oxígeno a un lado y otro del muro sin miramientos, lo mismo a la tropa progresista que a la fachosfera, y eso no es bueno para el convento.
Opinión Cuando, en desgracias como esta de Las Médulas se evidencian las carencias, conviene recordar que somos el segundo país de la UE en asignación de fondos Next Generation, pero estamos en el furgón de cola en su ejecución; un 19,5% frente al 88,4% de Dinamarca o al 87,1 de Francia. Digamos que se podría poner un puñado de euros, de esos que no sabemos qué hacer con ellos, para que a la Next Generation le llegue algo más que una península calcinada, ya que a sus miembros, la generación joven actual, les estamos fundiendo los recursos de la Seguridad Social y los estamos condenando a una vejez despensionada, a cambio de que el partido o la coalición gobernante pesque en el gran caladero de votos del presente, que es jubilandia.
¡Jóvenes sin nación ni pensión, el destino os pertenece! No sufráis por ello: heredar deudas no da de comer, pero aporta señorío. Recuerda: tanto debes, tanto vales.
Nos sobra la pasta. No añadimos un gramo de productividad a nuestra economía desde el año 2018… pero luchamos por más vacaciones, cuando Francia las recorta. ¡Eso es echarle bemoles a la cosa! Somos tan cojonudas y tan buenas que en la España de la coalición progresista apagamos el fuego con gasolina. Y en nombre de la igualdad estamos decididos a quitar dinero a los pobres de la España olvidada (hoy llena de maleza, mañana en cenizas) para que se lo quede parte de la España rica, digamos Cataluña. Y a la nomenclatura socialista le parece bien.
Pero, a pesar de la desidia, la realidad tarde o temprano nos alcanzará, y entonces tocará apearse del sueño y bajarse del tren que, mientras dormíamos, se habrá parado inexorablemente. Entonces no estará Europa regando millones a manguerazos. Seguirá el cambio climático, pero hará mucho frío. Europa puede incluso estar más lejos que nunca, desde aquel día memorable, el 1 de enero de 1986, en que entramos en el club de las democracias liberales. Y más lejos aún estarán los responsables del fiestón que se están corriendo a nuestra costa.
Que vuelva Goya, que va a tener trabajo. El paisaje desolado en el que hoy asoman las crestas de arcilla roja de Las Médulas es un buen punto de partida para retomar la metáfora de la España oscura, apartada, invisible y sola que en este agosto ilumina el fuego en puntos diversos de nuestra geografía.
Arde A Costa da Morte, arden Las Médulas, arde Tarifa y también la Mezquita ardió. Gracias a Alá, que es grande, nadie ha dicho que éste fue un ataque racista o xenófobo. El gabinete de la propaganda debía de estar de vacaciones.