El método Sánchez: ante cualquier problema complejo, un anuncio estrella
El acceso de los jóvenes a las redes o el porno, la vivienda o la financiación autonómica son cuestiones trascendentales que generan debates serios y documentados. El presidente pretende solucionarlos con anuncios espectaculares que quedan en nada
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Europa Press/Matias Chiofalo)
Quizá usted tiene una hija de trece años angustiada porque su cuerpo y su vida no se corresponden con lo que ve en Instagram. Quizá ella entra en la red social constantemente a pesar de que usted se lo prohíbe. Si es así, tal vez haya recibido con alivio el anuncio de Pedro Sánchez de que el Gobierno de España va a impedir que los menores de dieciséis sean usuarios de las redes. Pero tengo malas noticias para usted: el anuncio fue solamente eso, un anuncio. El Gobierno no dispone de un plan viable para convertirlo en realidad.
Pero si usted tiene un hijo de catorce años, cree que ve pornografía y teme que eso esté alterando su percepción del sexo y su trato con las chicas, ya sabe a qué me refiero. Sánchez anunció en 2024 que el Gobierno disponía de un plan para impedir que los menores de 16 años pudieran entrar en páginas pornográficas. El anuncio sirvió para que los españoles discutiéramos sobre el tema durante un par de semanas. Dos años después, no hay ningún resultado.
El debate sobre el impacto de las redes y del pornosobre los cerebros de los jóvenes es importante. Hay centenares de estudios sobre él y ni siquiera los expertos se ponen de acuerdo en lo que habría que hacer. Muchos, reacios a prohibir cosas que se acabarán haciendo igualmente, tenemos dudas morales. Otros, en contacto con los adolescentes, lo ven mucho más claro. Casi todos los informáticos son escépticos. Pero Sánchez ignoró esa suma de complejidades, discusiones y dudas e hizo su anuncio, de manera inverosímil, durante una reunión de segundo orden en Dubái.
Esta manera de proceder es uno de los rasgos principales de Sánchez y su Gobierno. Este cuenta con un inmenso ejército de asesores que son capaces de recopilar literatura académica, reunirse con expertos, formar comités de debate e incentivar la discusión en los medios. Pero al final todo ese conocimiento solo sirve para que el presidente y sus ministros presuman de solidez tecnocrática y respaldo académico. Porque su forma de gobernar consiste en tomar esos debates complejos sobre los que se documentan los gabinetes y tratar de zanjarlos con medidas dudosas e improvisadas, que permiten ocultar transitoriamente las múltiples crisis del Gobierno y que tienen la intención deliberada de crear brechas de opinión. El Gobierno lo llama "recuperar la iniciativa".
Como otros países, España enfrenta una gran crisis de vivienda. El debate es increíblemente complejo y no hay soluciones fáciles, pero yo mismo he visto a asesores del ministerio esgrimir datos e ideas ante gente con la que discrepan para intentar encontrar remedios sostenibles y justos. Sin embargo, el presidente quiere hacer anuncios frecuentes que alimenten a los medios afines e ilusionen a sus votantes —como la reiterada promesa de la construcción de cientos de miles de viviendas—, que creen brechas entre la izquierda y la derecha —ayer la ministra Isabel Rodríguez dijo que habría que suspender la autonomía de la Comunidad de Madrid con un 155 por sus políticas de vivienda— y luego presentar medidas contraproducentes —como eximir del IRPF a los propietarios de pisos que no suban el alquiler— que luego hay que rehacer porque así lo desean los socios parlamentarios —como la exención de la moratoria antidesahucios de quienes tengan dos pisos, pero no tres— y que en muchos casos ni siquiera llegan a desarrollarse porque no hay mayorías suficientes, los tiempos son demasiado largos o simplemente hay que centrarse en algo nuevo que vuelva a distraer a la opinión pública.
Un último ejemplo. Pocas cosas en la política española suscitan tantas discusiones eruditas como la financiación autonómica. Hace un año y medio el Gobierno anunció que tenía una solución para zanjar todos sus conflictos, que pasaba por otorgar una especie de cupo a Cataluña. Parecía imposible que esa solución pudiera salir adelante por su osadía —y la desigualdad que generaba— pero el Gobierno insistió, aunque retrasó una y otra vez el anuncio de los detalles hasta que finalmente hace un mes presentó algo que: a) no era lo pactado con ERC, b) no cuenta con el aval de los especialistas c) no soluciona el problema y d) nunca se aprobará.
Con la prisa que tiene el Gobierno por comunicar que "recupera la iniciativa" es probable que hoy mismo haga otro truco comunicativo para transmitir que ha encontrado la manera de zanjar un nuevo debate complejo. Pero los que he enumerado hasta aquí tienen un rasgo en común: todos ellos podrían haber generado un razonable nivel de consenso. No uno total, por supuesto. Pero sí uno suficiente para que la política española pareciera el arte de buscar soluciones imperfectas a problemas dificilísimos, y no una mera sucesión de anuncios de soluciones mágicas que entretienen al personal durante poco tiempo, generan brechas polarizadoras y acaban teniendo resultados contraproducentes o ni siquiera salen adelante. Todo sea por la "iniciativa".
Quizá usted tiene una hija de trece años angustiada porque su cuerpo y su vida no se corresponden con lo que ve en Instagram. Quizá ella entra en la red social constantemente a pesar de que usted se lo prohíbe. Si es así, tal vez haya recibido con alivio el anuncio de Pedro Sánchez de que el Gobierno de España va a impedir que los menores de dieciséis sean usuarios de las redes. Pero tengo malas noticias para usted: el anuncio fue solamente eso, un anuncio. El Gobierno no dispone de un plan viable para convertirlo en realidad.