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De derrota en derrota, ¿hasta la victoria final?
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Jordi Sevilla

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De derrota en derrota, ¿hasta la victoria final?

No podemos aguantar más de un año de legislatura sin cambiar el rumbo político seguido por el PSOE estos últimos tiempos. Esto no da más de sí. Necesitamos recuperar un discurso y una práctica socialdemócrata

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Europa Press/Álex Cámara)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Europa Press/Álex Cámara)
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¿Cuántas derrotas electorales más necesitas, Presidente, para aceptar, como imprescindible, un cambio de rumbo político para el PSOE, por España? ¿De verdad te crees eso de que las sucesivas derrotas en autonómicas garantizarán la victoria en generales porque crecerá el temor a la extrema derecha? ¿Qué, estirar la legislatura esperando ese milagro, a base de cesiones que se presentan como humillaciones por unos socios poco colaboradores y con golpes de efecto como el ataque, ahora, a los tecnooligarcas, es una estrategia que movilizará el voto progresista en vez de conseguir un chorro creciente de pérdidas en el mismo?

De momento, el resultado de tu estrategia se resume en cuatro hechos: auge de la extrema derecha, pérdida de voto socialista, desaparición de la "izquierda del PSOE" y dictadura de las minorías a las que has otorgado un poder muy superior al de su representación parlamentaria. Se diría, Presidente, que tu objetivo político no es tanto conseguir una victoria socialista (a la que parece que has renunciado) sino forzar un gobierno del PP con Vox, aunque sea a costa de que el PSOE caiga a mínimos históricos.

Sin embargo, todavía hoy, aún sin claro bipartidismo, entre PP y PSOE suman en torno al 65% de los votos de los españoles y ello hace que la mayor anormalidad política hoy en España sea que los dos grandes partidos claramente constitucionalistas no hablen, ni se pongan de acuerdo en nada, de nada, de nada, estando dispuestos antes a echarse en manos de minorías radicales. Desde ese punto de vista, tan extraño resulta que el PSOE no siga la recomendación de Juan Carlos Rodríguez Ibarra de abstenerse en Extremadura (o Aragón) para evitar un Gobierno del PP chantajeado por Vox, como que, seguramente, el PP no hubiera aceptado dicha abstención para no darle ningún reconocimiento, ni capacidad de decisión, a un PSOE convertido en su enemigo.

Y esa anormalidad, que está engordando el voto de los extremos hasta niveles nunca vistos, no responde a la situación real de España, sino al predominio de las estrategias de marketing político en cada uno de ellos, dentro de una concepción partitocrática que antepone los intereses de partido al interés general que, incluso, se niega que exista.

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Una radiografía del momento actual de España, después de siete años de presidencia tuya, nos detecta algunos desacoples importantes.

1. Desacople entre Unión Europea y nuevo desorden mundial

Carecemos de una estrategia de país, pactada entre los dos principales partidos, ante el principal desafío hoy: formar parte de una Unión Europea en declive acelerado ante los embates del mundo tripartito surgido tras la victoria de Trump.

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Putin ataca militarmente Europa, China amenaza con dominarnos económicamente y Estados Unidos nos abandona por considerarnos un lastre que sigue un camino equivocado, arrogándose la potestad de injerir en nuestros asuntos internos para potenciar a aquellas fuerzas políticas aliadas suyas. Y la actual Unión Europea naufraga por no ser capaz de aplicar, con la rapidez exigida, la nueva hoja de ruta marcada por los Informes Letta y Draghi, unido al ascenso de partidos de extrema derecha que juegan como aliados de Putin y de Trump en la tarea de desmontar la Unión y regresar al viejo nacionalismo tan inútil hoy.

Si la fuerza, sea militar, económica o tecnológica es la que marca hoy el futuro del mundo, la Unión Europea está mal posicionada para ser respetada en ninguno de los tres capítulos.

Ha sido el primer ministro canadiense quien, en Davos, ha dibujado un camino alternativo llamando a la unión de las potencias medias en diferentes coaliciones para diferentes cuestiones, y así hacer frente al unilateralismo de los tres grandes: actuar juntos, porque si no estás en la mesa, formarás parte del menú. Y, ¿qué estrategia defiende España en este contexto crucial?

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2. Desacople entre crecimiento económico y su reparto social.

España lleva varios años creciendo más que la media europea, siendo uno de los países avanzados que mayor crecimiento económico presenta año, tras año. Gracias a eso, estamos batiendo récords en número de ocupados, la crisis económica ha bajado en el ranking de preocupaciones de los ciudadanos y un 65% califica su situación económica personal como buena o muy buena frente a un 25% que lo hace como mala o muy mala.

Además, los últimos análisis realizados por el Observatorio de Productividad y Competitividad apuntan a que también la productividad ha crecido en España a su mayor ritmo en tres décadas siendo uno de los motores que explican el crecimiento experimentado. Como decía el economista jefe del FMI: "España no sólo crece por la mano de obra, ha mejorado la productividad".

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Sin embargo, los frutos de este crecimiento no se han repartido de manera equitativa, entre otras cosas, porque no se han aplicado políticas socialdemócratas de redistribución. Así, según cálculos de Funcas, el crecimiento acumulado desde 2019, una vez deflactado, se ha repartido de la siguiente manera: Rentas del capital, 42,2%. El patrimonio de las mayores fortunas en España se multiplica por cuatro en 12 años, abriendo la brecha con el resto de la población. Rentas salariales, 16,7%.

Con la particularidad de que el crecimiento de las rentas salariales proviene más del aumento en el número de trabajadores que del aumento de su poder adquisitivo ya que la inflación se ha incrementado en el último trienio en un 17,6%, ligeramente por encima de la renta disponible media de los hogares. Tras la fuerte inflación de 2022, el poder adquisitivo de los salarios no se ha recuperado hasta principios de 2026 y sigue siendo inferior al de 2019.

Esta realidad, que ha intentado encubrirse con la aprobación de medidas populistas puntuales, explica la cruda realidad mostrada en el reciente Informe Cáritas sobre desarrollo social en España del que solo queremos citar algunos datos que refuerzan su principal conclusión: España atraviesa un proceso inédito de fragmentación social donde la clase media se contrae desplazando a muchas familias hacia estratos inferiores.

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Seis hechos explican esta tendencia:

  • Un 48% de la población activa se enfrenta a una precariedad laboral convertida en nueva normalidad, con salarios muy bajos (trabajadores pobres) y jornadas involuntariamente parciales.
  • El acceso a la vivienda es el principal factor de exclusión social hoy.
  • El ascensor social está averiado: la pobreza se hereda y los esfuerzos por mejorar se enfrentan a barreras estructurales.
  • Los servicios públicos están aquejados de un deterioro creciente que golpea, sobre todo, a quienes más los necesitan.
  • Un 56% de los hogares ubicados en las grandes ciudades llega con dificultad a fin de mes (Foro NESI, datos Cáritas).
  • La tasa de pobreza o exclusión social de menores de 18 años es del 34,6%, superando en diez puntos la media europea.
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3. Desacople entre políticos y ciudadanía.

La posición social de los individuos depende hoy, mucho más, de la familia en la que nacen que de su esfuerzo, mérito, capacidad y oportunidades ofrecidas por las políticas públicas. La confianza de los ciudadanos, sobre todo los jóvenes, en que el sistema político democrático sea capaz de ayudarles a resolver sus problemas es cada vez menor.

Sólo el 22% de los españoles cree que las futuras generaciones estarán mejor que ahora (Edelman Trust Barometer)

España, con un 44% de media, se sitúa entre los países con menor nivel de confianza en las instituciones (Edelman), siendo los gobiernos quienes obtienen peor valoración.

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A pesar de que un 87% de ciudadanos considera que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, casi un 70% consideran que, en España, la democracia funciona mal o regular. Según el barómetro Edelman, siete de cada diez españoles muestran insatisfacción ante el funcionamiento de la política, siendo la corrupción el mayor lastre.

A título de ejemplo, señalar que, según el CIS, y de forma consistente a lo largo del tiempo, un 70,2% de ciudadanos manifiestan tener poca o ninguna confianza en el presidente del Gobierno, a lo que se une que un 82% dicen tener poca o ninguna confianza en el líder de la oposición.

Agrupando todos los problemas relacionados con la política, los políticos y los partidos políticos, este se ha convertido en el primer problema del país para casi el 50% de los españoles, siendo la vivienda el segundo.

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4. No hay dos Españas enfrentadas.

En tu debate de investidura tras las elecciones de 2023, llamaste a "levantar un muro frente a la agenda reaccionaria de las derechas retrógradas".

Lo hacías después de años en que esa derecha te había venido acusando de ser un presidente "ocupa", "ilegítimo", "riesgo para la democracia". El líder de la oposición señaló que "Sánchez quiere subvertir el orden constitucional", mientras Abascal habla directamente de que Sánchez ha dado un "golpe de Estado".

Como resumía S.M. El Rey en su mensaje de Navidad 2025: "Los ciudadanos perciben que la tensión en el debate público, provoca hastío, desencanto y desafección", añadiendo que los extremismos, los radicalismos y populismos se nutren de esta falta de confianza, de la desinformación, de las desigualdades, del desencanto con el presente y las dudas sobre cómo abordar el futuro", concluyendo que "las soluciones a nuestros problemas requieren del concurso, la responsabilidad y el compromiso de todos" en una "España que es, ante todo, un proyecto compartido" .

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Si en 1912 Machado escribió aquello de que "una de las dos Españas (la que muere o la que bosteza) ha de helarte el corazón", más de cien años después hay que decir alto y claro que ya no hay dos Españas enfrentadas, aunque persistan políticos que fundamentan su estrategia electoral en forzar el enfrentamiento con el adversario, convirtiéndolo en enemigo como forma de movilizar el voto afín.

Y ello, a pesar de la evidencia de que el éxito de la transición y de la Constitución fue precisamente la voluntad de los políticos de apartar todo lo que enfrentaba y primar aquello que teníamos y queríamos en común: no volver a ningún pasado y ser parte de la Europa democrática.

Los sociólogos no encuentran evidencias de polarización en la sociedad española de hoy, a pesar del elevado clima de crispación política y mediática que existe. Por lo menos, en aquellos puntos esenciales que podrían evidenciar visiones enfrentadas.

Con una realidad social tan poco polarizada, apostar por una política de dos Españas y su enfrentamiento, sintiéndose más como nietos de la guerra civil que, como hijos de la transición, es un error histórico.

5. Todavía estamos a tiempo de cambiar el rumbo político: Socialdemocracia 21

Presidente, en estas condiciones no podemos aguantar más de un año de legislatura, esperando un milagro, sin cambiar el rumbo político seguido por el PSOE estos últimos tiempos. Esto no da más de sí. Necesitamos recuperar un discurso y una práctica socialdemócrata, reconocible por nuestros votantes y fiable, es decir, sin volver a hacer, nunca más, "de la necesidad virtud" según sople el viento. Y centrarnos en ofrecer soluciones a los problemas reales de nuestro país y de sus ciudadanos, arrinconando las ocurrencias de quita y pon sugeridas por los expertos en marketing.

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Empezando por ofrecer, de manera creíble, a las comunidades autónomas y ayuntamientos, es decir, al PP, una lista de diez temas para resolver conjuntamente (desde construir vivienda, hasta acabar con listas de espera en sanidad, mejorar el poder adquisitivo de los salarios, preparar el sistema eléctrico para una reindustrialización del país o un plan completo de rehabilitación y mantenimiento de todas nuestras infraestructuras) a modo de nuevos Pactos de la Moncloa que tan decisivos fueron en la transición.

Y si los minoritarios, de uno u otro signo, patalean, será que la mayoría, vamos por buen camino, haciendo de la democracia un sistema de pactos eficaces para resolver los problemas de los ciudadanos que verán, así, su utilidad. Y si es el PP quien se niega, tendrá que explicarlo ante sus electores, hartos también de tanta crispación y tanta aproximación frentista e inútil a Vox.

*Jordi Sevilla, exministro de Administraciones Públicas con José Luis Rodríguez Zapatero y economista.

¿Cuántas derrotas electorales más necesitas, Presidente, para aceptar, como imprescindible, un cambio de rumbo político para el PSOE, por España? ¿De verdad te crees eso de que las sucesivas derrotas en autonómicas garantizarán la victoria en generales porque crecerá el temor a la extrema derecha? ¿Qué, estirar la legislatura esperando ese milagro, a base de cesiones que se presentan como humillaciones por unos socios poco colaboradores y con golpes de efecto como el ataque, ahora, a los tecnooligarcas, es una estrategia que movilizará el voto progresista en vez de conseguir un chorro creciente de pérdidas en el mismo?

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