El sismógrafo del CIS anuncia un terremoto

Este sondeo nos ofrece la imagen más fiable de la situación existente hace un mes. Una radiografía creíble pero probablemente anticuada

Foto: El candidato de Ciudadanos a presidente del Gobierno, Albert Rivera. (EFE)
El candidato de Ciudadanos a presidente del Gobierno, Albert Rivera. (EFE)

Hay dos tipos de encuestas electorales: las que describen la realidad tal como se muestra en su investigación y las que, además, modifican esa misma realidad. Las del CIS pertenecen claramente a este segundo grupo: la situación de esta campaña no era igual hace 48 horas que hoy. Los equipos de campaña pasarán el fin de semana reconsiderando la estrategia del debate del próximo lunes tras el impacto de esta macroencuesta.

No pierdan de vista que las entrevistas de esta encuesta comenzaron hace 38 días y terminaron hace 18. Es cierto que las encuestas del CIS siguen siendo las más consistentes de las que se hacen públicas. No por su valor profético (que ninguna lo tiene), sino por el rigor de su trabajo y la transparencia de sus datos. Así que podríamos decir que este sondeo nos ofrece la imagen más fiable de la situación existente hace un mes. Una radiografía creíble pero probablemente anticuada.

Todo sugiere que las cosas se están moviendo a gran velocidad. Comparemos al CIS consigo mismo: entre su barómetro de octubre y este estudio de noviembre, el PP ha bajado medio punto (del 29,1% al 28,6); el PSOE ha retrocedido la friolera de cuatro puntos y medio (del 25,3% al 20,8%); Ciudadanos ha subido 4,3 puntos (del 14,7% al 19%), y Podemos ha avanzado desde el 10,8% al 15,7% si sumamos todas las alianzas de las que forma parte.

No son cambios pequeños para un periodo tan corto. Indican que, para el CIS, entre octubre y noviembre el PP se ha mantenido con dificultades, el PSOE ha acelerado en la cuesta abajo, Ciudadanos ha continuado su progresión y Podemos -gracias sobre todo a sus acuerdos en determinados territorios- ha recuperado terreno. Y no hay ninguna razón para suponer que el mundo se detuvo el día que terminó esta encuesta: la rueda sigue girando y nadie sabe a dónde nos puede llevar el 20-D.

Repasemos algunas informaciones interesantes que nos da este sondeo:

La participación. Que, como todos barruntamos, será alta. El 75% declara que irá a votar “con toda seguridad”. Podríamos tener casi 2,5 millones más de votantes que en 2011 (y la cifra sería mayor si el legislador no hubiera convertido el voto de los residentes fuera de España en una tortura burocrática).

Los del “tendido del 5” apoyan primero a Ciudadanos, después al PSOE y en tercer lugar al PP. Sirva como aviso de navegantes

El 'punto 5'. Que es como el punto G de las elecciones. Convencionalmente, se considera el espacio del centro: en una escala del 1 al 10 en la que el punto 1 fuera la extrema izquierda y el punto 10 la extrema derecha, uno de cada cuatro españoles se sitúa en el 5. Y es estratégico, porque la tradición dice que quien gana en ese colectivo tiene la mayor probabilidad de ganar las elecciones (aunque estas elecciones tienen pinta de ser poco respetuosas con las tradiciones).

Pues bien, según esta encuesta, los del 'tendido del 5' apoyan primero a C’s, después al PSOE y en tercer lugar al PP. Sirva como aviso de navegantes.

El PP. Dentro de su declive (¡16 puntos de caída!), resiste gracias al clamoroso favor que recibe del sistema electoral y por el respaldo tenaz de los mayores de 65 años y de la población rural. No es de extrañar que Rajoy vaya a pasarse la campaña jugando al dominó por los casinos de los pueblos de España.

Pero sus dirigentes deberían preocuparse por la manifiesta pérdida del espacio del centro. En la famosa escala del 1 al 10, los ciudadanos sitúan al PP en el 8,26, ya muy cerca del territorio de la extrema derecha.

La consecuencia es clara: en estos cuatro años el PP ha perdido el apoyo del 40% de sus votantes, y los que se mantienen fieles son precisamente los que se sitúan más a la derecha. Más de dos millones han migrado ya a Ciudadanos y otros tantos miran a otros partidos o se lo están pensando.

De aquellos casi 11 millones que lo votaron en 2011, solo el 13% considera que la gestión del Gobierno ha sido buena, solo al 58% le gustaría que el PP ganara estas elecciones y un tercio desea que tras el 20-D gobierne un partido distinto.

En estos cuatro años el PP ha perdido el apoyo del 40% de sus votantes y los que se mantienen fieles son precisamente los que se sitúan más a la derecha

El PSOE. Acosado por todos los flancos, es claramente la fuerza más vulnerable. Parecía que aquellos siete millones de votos que le quedaron a Rubalcaba tras el vendaval antizapateril serían fieles hasta la muerte; pues no, están resultando ser tan descastados como los anteriores. Según esta encuesta, el PSOE habría entregado ya 1,2 millones de votos a Podemos y alrededor de 700.000 a Ciudadanos. Eso, además de otros 700.000 que dudan entre Sánchez y Rivera y 600.000 más que dudan entre Sánchez e Iglesias.

Si los votantes del PP son críticos con su partido, los del PSOE no son más entusiastas con el suyo: solo un 29% cree que los socialistas lo hubieran hecho mejor que el PP si hubieran gobernado, un paupérrimo 16% considera buena su actuación en la oposición y aunque el 90% desea que gobierne otro partido que no sea el PP, solo a poco más de la mitad les gustaría que ganara el PSOE.

Mientras Rivera aún busca su techo, Sánchez mira con aprensión su suelo movedizo. Descartada cualquier ilusión de victoria, queda defender tres referencias simbólicas: 100 escaños, la segunda posición y el 20% del voto. Esta encuesta aleja la primera y salva por los pelos las otras dos. Más le vale al candidato socialista triunfar por todo lo alto el lunes en Antena 3.

Rivera es el único que sabe que formará parte de la próxima mayoría de gobierno. Simplemente, porque no habrá mayoría sin el apoyo de sus diputados

Ciudadanos. Es claramente la estrella ascendente de esta función. Se ha hecho con el liderazgo en el espacio del centro y desde ahí ha atraído como flautista de Hamelín a dos millones de votantes del PP hartos de Rajoy. Ahora incursiona también con éxito en un territorio PSOE blandamente defendido. Y por supuesto, de UPyD no ha dejado ni la espina. Empiezo a pensar que me quedé muy corto cuando a principios de marzo escribí en este blog que Ciudadanos estaría por delante de Podemos.

A día de hoy, solo hay una cosa segura: de los cuatro líderes principales, Rivera es el único que ya sabe que formará parte de la próxima mayoría de gobierno. Simplemente, porque no habrá mayoría posible sin el apoyo de sus diputados. Debe saber también que ocasiones como esta se presentan una vez en la vida: erraría si pensara que los votantes le van a dar un abono para el gordo de Navidad.

Podemos. Sí, a la vista de esta encuesta da la impresión de revivir electoralmente. En parte es una impresión engañosa, porque lo que lo propulsa no es su marca ni su líder, sino sus alianzas en determinados territorios: En Comú Podem en Cataluña, Compromís-Podemos en la Comunidad Valenciana y En Marea en Galicia. Y la mayoría de los diputados que serán elegidos en esas candidaturas no pertenecen a Podemos ni tienen intención de someterse a su disciplina en el Congreso. Ahora está aún más claro, si cabe, que con aquel acuerdo con IU que Iglesias despreció hoy estaría metido en un pañuelo con C’s y con el PSOE.

No puedo terminar este comentario sin hablar de la provincia de Barcelona. Frotándome los ojos he leído que el CIS sitúa a las dos fuerzas independentistas, CDC y ERC, en los puestos cuarto y quinto en esa provincia en la que vive el 73% de la población de Cataluña. Por delante de ellas estarían En Comú Podem, Ciudadanos y el PSC. Realmente no creo que suceda, pero si sucede…

[Para más información y consultar otros datos, puede descargar gratuitamente la aplicación de El Confidencial, Elecciones 20-D, para 'smartphones' y 'tablets' Android]

Una Cierta Mirada
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