Un laberinto sin salida o el derecho a no decidir

Paradojas de la vida: de tanto rechazar a los políticos, hemos puesto el futuro del país en manos de una complejísima negociación entre políticos

Foto: Mariano Rajoy se dirige a sus simpatizantes en la sede del PP. (EFE)
Mariano Rajoy se dirige a sus simpatizantes en la sede del PP. (EFE)

Hace 72 horas, los analistas -empezando por el que esto escribe- nos movíamos con pies de plomo, pero había un consenso más o menos explícito sobre dos cosas: que el Gobierno más probable tras las elecciones nacería de un acuerdo entre el PP y Ciudadanos y que, en todo caso, Ciudadanos tendría la llave del futuro Gobierno. "No habrá mayoría de gobierno sin C’s": esto lo ha escrito este servidor de ustedes. Pero el honrado pueblo ha adquirido últimamente la costumbre de dejarnos a todos en evidencia, y esta vez no ha sido una excepción.

En este momento es imposible saber quién va a gobernar este país. Pero ya sabemos con seguridad dos cosas que no van a ocurrir: no va a haber un Gobierno del PP y Ciudadanos y Albert Rivera no va a ser el árbitro de la situación política. Lo que parecía más probable se ha tornado simplemente inviable.

[Resultados de las elecciones generales 2015 por municipios y comunidades]

A partir de ahí, todo es incertidumbre. Por primera vez desde que hay democracia, los españoles salimos de unas elecciones generales sin haber elegido un presidente y sin haber creado una clara mayoría de gobierno. El veredicto popular ha sido la ausencia de veredicto, el derecho a no decidir. Paradojas de la vida: de tanto rechazar a los políticos, hemos puesto el futuro del país en manos de una complejísima negociación entre políticos. Y de tanto combatir el bipartidismo, hemos creado las condiciones que podrían hacer inevitable una coalición bipartidista.

Por primera vez desde que hay democracia, salimos de unas elecciones sin haber elegido un Presidente y sin haber creado una clara mayoría de gobierno

¿Qué pasará ahora? Sigamos el rastro del trámite constitucional. El Rey llamará a consultas a los líderes de los partidos y, previsiblemente, propondrá al Congreso la investidura del candidato del partido más votado, Mariano Rajoy. En la primera votación necesita mayoría absoluta: es obvio que no la tendrá. En la segunda votación necesita más votos afirmativos que negativos. Hagamos cuentas: 123 votos afirmativos del PP. Si llega a un acuerdo con Ciudadanos, 163 votos afirmativos. No sumará ni uno más. Enfrente, 187 votos negativos. Investidura rechazada.

Supongamos que a continuación el Rey propone otro candidato: el segundo más votado, Pedro Sánchez, 90 votos afirmativos de su partido. Si llegara a un acuerdo con Podemos y con IU para formar un Gobierno de izquierdas, 161 votos. Lógicamente, un Gobierno de ese tipo tendrá los votos negativos del PP y de C’s: 163. Y la decisión quedaría en manos de los 26 diputados restantes, a saber: 17 independentistas catalanes, ocho nacionalistas vascos y un nacionalista canario. Y no le bastaría con la abstención de todos: necesitaría que ninguno votara en contra y que al menos tres de ellos votaran a favor.

Bastante compleja va a ser la negociación con Podemos y con IU para formar ese Gobierno de izquierdas: el primer obstáculo lo va a encontrar Sánchez dentro de su propio partido, donde poderosas fuerzas se oponen tajantemente a lo que consideran un suicidio político y un desastre para el país. Pero suponiendo que logre armar ese acuerdo, ¿quién más le va a dar los votos que necesita? Quizá podría convencer al PNV y a CC, pero bastaría con que los independentistas catalanes de ERC o CDC se opusieran para que todo se fuera al garete.

Pedro Sánchez tras su comparecencia en la sede del PSOE. (EFE)
Pedro Sánchez tras su comparecencia en la sede del PSOE. (EFE)

Si un Gobierno del PP con Ciudadanos es imposible porque no salen las cuentas, uno del PSOE con Podemos y con IU, prisionero de los independentistas vascos y catalanes, es aritméticamente imaginable pero políticamente estremecedor.

No se olvide que el 40% de la fuerza parlamentaria de Podemos no responde a la disciplina de Pablo Iglesias, sino que proviene de sus confluencias con distintos nacionalismos radicales de Cataluña, Galicia y la Comunidad Valenciana. Así que estaríamos ante una coalición explosiva entre la izquierda tradicional, el populismo y diversas versiones del nacionalismo radical. Para empezar, ese acuerdo exige un compromiso de Sánchez para convocar un referéndum de autodeterminación en Cataluña. Y de ahí hacia arriba: detrás vendrían todas las exigencias centrífugas de los Beiras, Colau, Oltra, Mas, Junqueras… España, otra vez, en manos de los nacionalismos, y esta vez no precisamente de los moderados.

Algo más: con un Gobierno como ese y el PP en la oposición tras ser el partido más votado con 33 escaños más que el segundo, olvídense de cualquier clase de consenso para cualquier cosa. Ni reforma constitucional pactada, ni nada de nada. La política española se convertirá en una insoportable guerra de trincheras en la que cada día será una batalla para hacer caer a un Gobierno construido con materiales tan frágiles. Y la parte más cruenta de esa batalla se librará dentro del Partido Socialista.

La política se convertirá en una guerra de trincheras en la que cada día será una batalla para hacer caer a un gobierno construido con materiales tan frágiles

Y sin embargo, no es posible ignorar que en estas elecciones la izquierda (PSOE, Podemos e IU) ha sacado casi un millón de votos más que la derecha de PP y Ciudadanos. Voto a voto y sin las trampas del sistema electoral, esta elección la ha ganado claramente la izquierda.

No es posible ignorar que la derecha ha fracasado doblemente: el PP se ha dejado en el camino la friolera de cuatro millones de votos y 63 escaños. Su gestión de gobierno no ha sido precisamente premiada por los españoles. Y Ciudadanos, que parecía que iba a comerse el mundo con un resultado histórico, se lo ha cargado él solito con una campaña mal orientada de principio a fin que ha demostrado las infinitas limitaciones de su líder. En cuatro semanas ha pasado de rutilante protagonista aspirante a todo, a petulante árbitro necesario y de ahí a mero comparsa. Como decía Rivera, imposible es solo una opinión: él mismo lo ha demostrado.

Albert Rivera valora los resultados electorales. (EFE)
Albert Rivera valora los resultados electorales. (EFE)

No es posible tampoco ignorar que la participación ha estado muy lejos de las cifras astronómicas que todos esperábamos; que la mitad de los españoles han desconfiado expresamente del PP y del PSOE, que han tenido los peores resultados de su historia; que aunque los independentistas catalanes y vascos han sido derrotados, quien los ha vencido no ha sido el constitucionalismo sino un partido tan equívoco como Podemos, que a su vez está comprometido con varios nacionalismos radicales.

No podemos ignorar que un Gobierno de los dos partidos del turno gobernante sería una salida traumática y frustrante para una sociedad que si ha demostrado algo es una sed compulsiva de cambio político: una paradoja cruel, una venganza de la vieja política que probablemente daría paso a una oleada de rechazo social que podría dejar el 15-M convertido en un juego de niños.

Rajoy puede darse por liquidado. Y Sánchez está ante una encrucijada, porque lo que ocurra a continuación depende en gran parte del camino que él elija

Y solo queda una tercera posibilidad: ante la imposibilidad de formar Gobierno, repetir las elecciones. El fracaso de la política. Y sin ninguna garantía de que su resultado fuera más manejable que este. Mientras tanto, varios meses de deterioro: malo para la economía, malo para lo de Cataluña, malo para la convivencia y malo para el ya muy perjudicado prestigio del país.

Pablo Iglesias, tras hacerse públicos los resultados electorales. (Reuters)
Pablo Iglesias, tras hacerse públicos los resultados electorales. (Reuters)

Rajoy puede darse por liquidado. Y Pedro Sánchez está ante una encrucijada, porque lo que ocurra a continuación depende en gran parte del camino que él elija. Si piensa en su persona, no lo tiene mal: puede ser el presidente de un Gobierno de coalición de la izquierda con el nacionalismo radical o puede ser el vicepresidente de un Gobierno de gran coalición. Si piensa en la unidad de su partido y en su país, este resultado le va a exigir la altura de estadista que hasta ahora no ha mostrado. Ojalá acierte, él y los demás, porque lo que las urnas han puesto sobre la mesa es el laberinto más intrincado de los últimos 40 años de la vida de España.

 

[Para más información y consultar otros datos, puede descargar gratuitamente la aplicación de El Confidencial, Elecciones 20-D, tanto para dispositivos Android como para teléfonos y 'tablets' de Apple]

Una Cierta Mirada

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
18 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios