20 de junio de 2016, relato de una pesadilla

Faltan seis días para las elecciones y aparece en el televisor una cabecera institucional: 'Cara a cara 2016'. Da paso a la imagen de Rajoy, Sánchez y en medio Manuel Campo Vidal

Foto: Mariano Rajoy y Pedro Sánchez durante su reunión del 12 de febrero. (EFE)
Mariano Rajoy y Pedro Sánchez durante su reunión del 12 de febrero. (EFE)

Lunes, 20 de junio de 2016, 22 horas. Aparece en el televisor una cabecera institucional: 'Cara a cara 2016'. Da paso a la imagen de tres personajes bien conocidos: Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y en medio, cómo no, Manuel Campo Vidal. “Oh no, ellos otra vez”, piensa usted mientras manda a los niños a la cama para que no vean lo que viene.

Faltan seis días para las elecciones y los dos protagonistas se disponen a despellejarse una vez más ante varios millones de espectadores. Desde el debate gore del 14 de diciembre han añadido a su enemistad una colección de agravios y ofensas, así que los amantes de la casquería política se las prometen felices. Gran expectación sobre quién negará el saludo a quién y quién lanzará el primer insulto. No sé si a ustedes les pasará lo mismo, pero yo lo imagino y me corren sudores fríos.

Antes habremos tenido que soportar una campaña exasperante y soporífera con un único tema de discusión: quién es el culpable de que se repitan las elecciones. La economía dará múltiples señales de alarma, lo de Cataluña se habrá puesto aún peor de lo que estaba, la presencia de España en el mundo habrá alcanzado los cero grados -ni frío ni calor- y el debate político batirá récords de banalidad y encanallamiento, pero para los gurúes el 'frame' será ¿quién tuvo la culpa?, y nos brindarán un recital de reproches precocinados para endilgarle el marrón al adversario. Así que, según parece, lo que nos debe importar no es qué pasa con España, sino quién nos obliga a volver a votar. Yo me inclino a dar mi voto al que menos se meta en ese lodazal.

En el escenario más favorable, Sánchez se presentaría a la investidura con un pacto transversal -C’s, IU, Compromís, PNV y CC- y sumaría 143 votos positivos

La pesadilla comienza el 5 de marzo, inmediatamente después de que Pedro Sánchez pierda la segunda votación. Esa sesión ya va tomando forma:

El pacto de izquierdas ha quedado descartado por el momento (empezamos viajando a Portugal y terminamos negociando el contrato único con Garicano). Sánchez y su equipo trabajan a destajo este fin de semana para presentar públicamente varios acuerdos cruzados.

El más importante, un pacto de legislatura con Ciudadanos. Y junto a él, aunque por separado, acuerdos paralelos con dos fuerzas de izquierda -IU y Compromís- y con dos nacionalistas -PNV y Coalición Canaria-. Este paquete se sometería a la consulta de los militantes socialistas y se aprobará de forma aplastante. Sánchez empieza puntuando en el frente interno: tiene algo que consultar y lo gana de calle. Un grillete más para mantener inmovilizados a barones y baronesas.

Reunión de los equipos negociadores del PSOE y Ciudadanos en el Congreso, el pasado día 17. (EFE)
Reunión de los equipos negociadores del PSOE y Ciudadanos en el Congreso, el pasado día 17. (EFE)

En el escenario más favorable, Sánchez se presentaría a la investidura con un pacto transversal -el centro-derecha de C’s, la izquierda de IU y Compromís y el nacionalismo moderado de PNV y CC- y sumaría 143 votos positivos. Los requisitos imprescindibles son que IU y Compromís proporcionen la coartada por la izquierda y que Ciudadanos finalmente se decida a votar sí. Ese es el afán del candidato socialista en estas horas: agrupar más votos afirmativos que los que hubiera alcanzado Rajoy.

Eso no daría el Gobierno, pero dejaría establecido un bloque de 143 votos en torno a Sánchez, que aparecería como la única fórmula de gobierno realmente existente frente al “bloque del no”, integrado por el PP, Podemos y los independentistas catalanes. Es una buena posición para afrontar los dos meses de espera hasta la convocatoria electoral. Si lograra esos 143 votos afirmativos -lo que aún está por ver-, bastaría una abstención posterior del PP o de Podemos y habría dos meses por delante para apretarlos. Estaríamos más cerca de una segunda sesión de investidura del propio Sánchez que de un intento imposible de Rajoy o de otro candidato del PP.

En esa situación, toda la presión cargaría sobre el PP y sobre Podemos, puestos ante el dilema de facilitar con su abstención ese Gobierno o pagar el precio de su terca negativa.

La heterogeneidad de la coalición armada por Sánchez es su principal fortaleza, pero a la vez da al PP una cómoda vía de escape para justificar su resistencia

Es cierto que ambos tienen coartada. El PP puede argumentar que una cosa es permitir por omisión un gobierno PSOE-C’s y otra avalar un acuerdo con una ensalada de partidos como IU, Compromís o el PNV. La heterogeneidad de la coalición armada por Sánchez es su principal fortaleza, pero a la vez da al PP una cómoda vía de escape para justificar su resistencia.

El argumento de Podemos sería aún más simple: si Sánchez nos hubiera elegido a nosotros en lugar de Ciudadanos, partiría de 161 votos y no de 143. Él prefirió jugar a la derecha y no a la izquierda, ahora que apechugue y que trate de convencer al PP, nosotros ya no tenemos nada que ver con eso. Una posición que sería más fuerte si Podemos lograra “rescatar” para el no a IU y, sobre todo, a Compromís (lo intentará por las buenas y por las menos buenas). Además de impedir que Sánchez se blanquee por su izquierda, ambos partidos suman casi un millón y medio de votos que serán cruciales el 26 de junio.

Pedro Sánchez y Albert Rivera durante la reunión que mantuvieron el 4 de febrero. (EFE)
Pedro Sánchez y Albert Rivera durante la reunión que mantuvieron el 4 de febrero. (EFE)

El escenario malo para Sánchez es que lo tengan negociando hasta el último minuto y finalmente solo logre arrancar de Ciudadanos la abstención, lo que probablemente sería disuasorio para los demás contertulios y lo dejaría ante un resultado desolador: 90 votos a favor, 209 en contra y 51 abstenciones. Ese fracaso reactivaría la conspiración en el PSOE -de momento silente, pero siempre atenta y lista para revivir- y el flamante candidato actual lo pasaría mal para llegar sano y salvo al 26 de junio.

Una cosa me parece clara: que nadie espere que el Rey proponga un segundo candidato salvo que alguien le ofrezca garantías en cuanto al resultado. Él ha cumplido con la obligación que le impone el artículo 99 de la Constitución (“El Rey propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno”) y ha hecho saber a los interesados que no será cómplice del juego táctico de ningún partido. Una vez desatascada la convocatoria electoral, quien quiera una investidura tendrá que llevar a la Zarzuela los votos o las abstenciones para ganarla, previamente negociados. Eso de que Rajoy se presentará cuando pierda Sánchez… no depende de él, y me temo que sus credenciales no han mejorado precisamente desde que declinó la primera propuesta. La crónica de tribunales tampoco parece que vaya a ayudarle a encontrar apoyos.

Los 58 días desde la primera -y quizá única- investidura al hasta el 4 mayo serán un tormento: forcejeos en la oscuridad, demagogia a raudales…

Esos 58 días desde la primera -y quizá única- investidura al hasta el 4 mayo serán un tormento: forcejeos en la oscuridad, operaciones subterráneas y presiones mediáticas en la superficie, demagogia a raudales…Vaya, como si fuera un partido entre un equipo de Bilardo y otro de Clemente: un montón de tiempo desperdiciado en marrullerías estériles para un 0-0 casi asegurado.

En fin, cualquier cosa mejor que desembocar en Rajoy, Sánchez y Campo Vidal en la Academia de Televisión el 20 de junio. Por favor, que alguien haga algo para apartar ese cáliz de nosotros, que bastante llevamos ya padecido

Una Cierta Mirada

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