Para salir del bloqueo: Gobierno de unidad y presidente de consenso

España vive una emergencia política. Ninguna de las fórmulas de Gobierno que han propuesto los partidos sirve a las necesidades del país

Foto: Congreso de los Diputados. (EFE)
Congreso de los Diputados. (EFE)

Los partidos políticos tienen la rara cualidad de dañarse a sí mismos a sabiendas. No es que cometan errores, es que se autolesionan conscientemente. También un país puede hacer algo que todo el mundo sabe que perjudica al interés colectivo sin que nadie parezca capaz de impedirlo. Eso es lo que está a punto de pasar en España.

El Rey ha puesto fecha a la decisión: si el 25 de abril los partidos no le ponen sobre la mesa un acuerdo que garantice la formación de un Gobierno, disolverá las Cámaras y convocará elecciones. El mensaje del jefe del Estado es claro: tienen ustedes 12 días para hacer algo distinto de lo que han estado haciendo hasta ahora. Si no, España adquirirá el dudoso honor de ser el primer país en el que los políticos desautorizan el voto de los ciudadanos y les obligan a repetirlo, como las tareas escolares mal hechas.

España adquirirá el dudoso honor de ser el primer país en el que los políticos desautorizan el voto de la gente y obligan a repetirlo, como la tarea escolar mal hecha

Se pueden utilizar estos 12 días para dos cosas: insistir en la receta de cada uno y culpar a los demás de que no haya guiso. O recapacitar, bajarse de la burra y buscar de verdad una solución que merezca tal nombre. Es decir, perder el tiempo o hacer algo útil.

España vive una emergencia política. Ninguna de las fórmulas de gobierno que han propuesto los partidos sirve a las necesidades del país:

El PP defiende un Gobierno de gran coalición presidido por Rajoy, lo que es inaceptable -por razones distintas, pero muy comprensibles- para Ciudadanos y para el PSOE.

Ciudadanos propone ese mismo Gobierno quitando a Rajoy, o bien un Gobierno PSOE-C’s con la abstención del PP. Ambas cosas son una humillación para un partido que, guste o no guste, recibió más votos que nadie y tiene el mayor grupo de la Cámara.

Los cuatro líderes de los principales partidos en España. (Reuters)
Los cuatro líderes de los principales partidos en España. (Reuters)

El PSOE se empeña en juntar en el mismo Gobierno a Ciudadanos y a Podemos, y finge sordera cuando desde ambos flancos le repiten que eso no puede ser. Esa mezcla contiene tal cantidad de contradicciones que no resistiría más de dos consejos de ministros sin saltar por los aires; y además arruinaría cualquier posibilidad de diálogo constructivo con el PP, puesto que estaría cimentado únicamente sobre la voluntad de expulsarlo del poder.

Y Podemos defiende una aventurera coalición de izquierdas que rompería al PSOE en dos mitades, pondría la estabilidad del Gobierno de España en las manos de quienes quieren abandonarla y además provocaría un cisma en la sociedad.

Nadie quiere las elecciones, pero todos las damos por hechas. ¿Cómo puede aceptarse así algo que nadie desea?

Nadie quiere las elecciones, pero todos las damos por hechas. ¿Cómo puede aceptarse así algo que nadie desea? Las rechazan sus protagonistas, los ciudadanos a los que se quiere hacer votar contra su voluntad. No las quieren los partidos -en realidad, todos las temen secretamente- ni las fuerzas sociales. Y no las quiere Europa, que ya no oculta su malestar por este vacío de poder en uno de sus países más importantes. Nadie cree que repetir las elecciones ayude a resolver los problemas de España.

Del 26-J puede salir un Gobierno que deje al PP fuera del poder, pero admitamos entonces que ello comporta renunciar a toda posibilidad de consenso para las grandes reformas que necesita el país.

Y puede salir (más probablemente, según las encuestas) un Gobierno de centro-derecha que envíe al PSOE a la oposición, pero eso abriría inmediatamente una destructiva guerra civil entre los socialistas y los impulsaría a radicalizarse para no ser devorados por Podemos. Además, con un Gobierno formado por dos fuerzas del nacionalismo español como el PP y C’s, sería casi imposible recuperar el clima de diálogo que se necesita para reconducir a términos racionales el conflicto de Cataluña.

Del 26-J puede salir un Gobierno que deje al PP fuera del poder, pero ello comporta renunciar a un consenso para las grandes reformas que necesita España

Cualquiera que mire a esta hora de España sin los anteojos del sectarismo puede constatar que las elecciones no son un remedio, sino un fracaso -y los fracasos nunca son gratis, se pagan a un precio muy alto-. Puede constatarse también que Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, en lugar de ser una solución de liderazgo integrador, forman parte del problema y contribuyen al atasco. Y puede llegar a la conclusión de que lo que menos necesita España en este momento son gobiernos divisivos, pactos excluyentes o falsas mayorías de ocasión destinadas a deshacerse al primer choque con la realidad. Al revés: ni uno solo de los principales problemas de España tiene arreglo sin acuerdos transversales, compromisos duraderos y grandes dosis de responsabilidad política y de cohesión social.

La pregunta que me atormenta es: ¿por qué este país tiene que hacerse daño a sí mismo con un pacto de gobierno insostenible o con unas elecciones que solo pueden traer más desengaño social y más rencor político?

Tenemos 12 días para encontrar una salida superadora de este bloqueo. Lo que me dice la razón es que si España necesita unidad, debería formarse un Gobierno de unidad. Y si los dos actuales candidatos presidenciales se han convertido en un obstáculo, necesitamos a un presidente que genere más confianza que hostilidad y más consenso que discordia.

Ni uno solo de los principales problemas de España se arreglará sin acuerdos transversales, compromisos duraderos, responsabilidad política y cohesión social

En una cosa tiene razón Rajoy: se necesita un Gobierno de amplia mayoría, como la que podrían dar los 253 votos sumados del PP, PSOE y C’s. En lo que no tiene razón es en que ese Gobierno pueda encabezarlo él, como tampoco podría liderarlo Sánchez. Alguien que se pareciera a un estadista lo habría admitido en la misma noche del 20-D.

Un Gobierno de amplia mayoría con un programa ligado a cinco objetivos. La recuperación sana de la economía y del empleo. El pacto que restablezca los derechos y los equilibrios sociales destruidos durante la crisis. La reforma de la Constitución y del sistema político. La solución acordada del conflicto de Cataluña y la reforma del modelo territorial. Y todas las medidas de medicina preventiva -y no solo represiva- para frenar la corrupción.

El alcalde de Granada, José Torres Hurtado, investigado junto a otras 16 personas por su supuesta implicación en una trama de corrupción. (EFE)
El alcalde de Granada, José Torres Hurtado, investigado junto a otras 16 personas por su supuesta implicación en una trama de corrupción. (EFE)

La política económica que preconiza Podemos no es compatible con la salud económica del país

Es cierto que esa fórmula dejaría fuera del Gobierno a Podemos. Fuera del Gobierno, pero no necesariamente fuera del diálogo ni de la solución. La política económica que preconiza Podemos no es compatible con la salud económica del país, pero yo deseo ver a Pablo Iglesias y a sus aliados contribuyendo desde la oposición a la reforma de la Constitución, a la regeneración política, al diálogo con Cataluña y a las políticas sociales. En todos esos terrenos tiene mucho útil que aportar. Y mientras tanto: Podemos está respaldando a varios gobiernos autonómicos del PSOE. Ejerce las alcaldías de las mayores ciudades del país. Y en otoño tendrá una buena probabilidad de entrar en el Gobierno vasco y en el de Galicia. Todo ello ayudará a que una organización nacida de la indignación y programada para la protesta sedimente y madure como una opción confiable de Gobierno para España -lo que, a mi juicio, todavía no es.

No aseguro que esta sea la única solución -y desde luego, la veo tan improbable como ustedes-. Pero les invito a que busquen, comparen y si alguien encuentra algo mejor para salir de este embrollo, se lo compro desde ahora.

Una Cierta Mirada
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