El camino del 'sorpasso': ¿Qué añade IU a Podemos?
  1. España
  2. Una Cierta Mirada
Ignacio Varela

Una Cierta Mirada

Por

El camino del 'sorpasso': ¿Qué añade IU a Podemos?

Lo que aún pueda quitar Unidos Podemos al PSOE no será por Podemos, sino por IU; no llegarán atraídos por Iglesias, sino por Garzón. Para eso hace falta que sepan usar esa bicefalia

placeholder Foto: Los líderes de Podemos, Pablo Iglesias, y de Izquierda Unida, Alberto Garzón, tras el preacuerdo entre ambas formaciones. (EFE)
Los líderes de Podemos, Pablo Iglesias, y de Izquierda Unida, Alberto Garzón, tras el preacuerdo entre ambas formaciones. (EFE)

Sí, ya sabemos que 5,2 millones de votos de Podemos y sus confluencias más 900.000 de Unidad Popular-IU darían para superar de largo a los 5,5 millones que obtuvo el PSOE el 20-D. Es moneda común la constatación de que esa agregación de votos tendría un impacto espectacular en la asignación de escaños, afectando a todo el arco parlamentario.

Sabemos también que en esas cuentas hay una parte de cuento de la lechera. Primero, porque el mero hecho de que dos partidos formen una alianza electoral no garantiza que retengan el 100% de sus votos anteriores. Segundo, porque habrá que comprobar en qué medida una menor participación afecta a la nueva coalición de izquierdas. Y tercero, porque la posición de Podemos en el momento de sellar su alianza con IU no es la del 20-D, sino más débil. De hecho, su descenso en las encuestas ha sido el más poderoso incentivo para aceptar el acuerdo que antes rechazaron.

La aritmética no sirve -al menos, no basta- para medir el potencial electoral de Unidos Podemos y anticipar sus posibilidades de ser la primera fuerza de la izquierda (lo que a su vez le daría la posición dominante en un eventual Gobierno de izquierdas). Hay elementos cualitativos en esa alianza que alteran su sustancia y afectan decisivamente al futuro mapa político de España.

El Podemos que irrumpió en la política española en la primavera de 2014 tiene ya poco que ver con el producto que se presenta a las elecciones del 26-J

En el final del franquismo, el espacio socialista estaba atomizado en un sinfín de grupúsculos. El viejo PSOE desapareció durante décadas, pero nadie llegó a ocupar el espacio vacío. Así que Felipe González no solo se dedicó a revitalizar la sigla histórica -asegurándose además una referencia sindical a través de la UGT-, sino que se puso a la labor de unificar bajo el paraguas común a todas las organizaciones socialistas dispersas por España. Poco a poco fue absorbiendo pequeños grupos hasta completar las dos operaciones más importantes: el pacto del que nació el actual PSC y el acuerdo de unidad con el PSP de Tierno Galván. Sin aquel proceso de unidad del espacio socialista, no habría llegado el éxito de 1982.

Salvando todas las distancias, lo que está haciendo Podemos se asemeja en cierto modo a aquello. El Podemos que irrumpió en la política española en la primavera de 2014 (elecciones europeas) tiene ya poco que ver con el producto que se presenta a las elecciones del 26-J. No solo por su propia evolución, sino porque con sus sucesivas confluencias y convergencias se ha ido creando un objeto político muy distinto al original.

Cuando Podemos se abrió a los grupos del nacionalismo radical emergente en Cataluña, la Comunidad Valenciana y Galicia, no solo sumó votos: cambió de piel. Y cuando ahora lo complementa uniéndose a Izquierda Unida, lo que resulta es más que una mera adición de votos y posibles escaños.

En realidad, mediante la convergencia de las dispersas sensibilidades existentes a la izquierda de la socialdemocracia clásica asistimos al nacimiento de una nueva criatura política. Es lo que intentó hacer en su día Izquierda Unida, pero nunca lo logró porque entonces la circunstancia histórica no acompañaba y el PSOE era aún demasiado poderoso.

Es esta una criatura heterogénea en la que se agregan distintas culturas: el populismo pretendidamente transversal de Podemos, los restos de la tradición comunista y republicana de IU, el ecologismo militante de Equo, el nacionalismo izquierdista de Colau, Oltra y Beiras…y de fondo, siempre, la herencia atávica del viejo anarquismo español, que lo llevamos en la sangre.

Si, una especie de Confederación Ibérica de Izquierdas Autónomas en pleno siglo XXI. Ante ella, hay dos simplezas fáciles de cometer: primera, creer que la disparidad de sus componentes (hasta 16 siglas se han agrupado de momento) la hace necesariamente frágil o efímera. La segunda, aún más burda, despacharlo como “los comunistas” o “los extremistas”. Sí, ahí dentro hay comunistas y un buen puñado de extremistas, pero el conjunto es bastante más complejo. Y como creo que esta criatura nace para perdurar, conviene analizarla con serenidad y sin estereotipos ni epítetos facilones.

Para empezar, y pensando en la cita del 26-J, ¿qué aporta Izquierda Unida a Podemos, además de la posibilidad de sumar sus 900.000 votos? Señalaré solo lo que me parece más relevante electoralmente:

La figura de Alberto Garzón ayudará a compensar el deterioro de la de Pablo Iglesias. En el espacio fronterizo con el PSOE -crucial para el 'sorpasso'-, vemos que los votantes socialistas del 20-D aprueban a Garzón (5,0) mientras suspenden contundentemente a Iglesias (2,9). Y antes de la alianza, la transferencia de votos del PSOE hacia Podemos estaba ya prácticamente cortada, pero había votantes socialistas inclinados a entregar su voto a IU. Lo que aún pueda quitar Unidos Podemos al PSOE no será por Podemos, sino por IU; no llegarán atraídos por Iglesias, sino por Garzón. Para eso hace falta que sepan usar inteligentemente esa bicefalia durante la campaña, lo que no es sencillo.

Se abre un ciclo bipartidista en la izquierda, con dos bloques: uno socialdemócrata, representado por el PSOE, y un bloque 'izquierdista', liderado por Podemos

Podemos tiene tres insuficiencias serias: el voto de las mujeres, el de los mayores de 45 años y el de la clase obrera tradicional, los trabajadores 'blue collar'. Justamente los tres grupos que están permitiendo al PSOE sobrevivir electoralmente. Pues bien, al menos en el tercero, la vinculación de IU con el sindicalismo -y en general, con el activismo organizado- puede ser importante. La mitad de los votantes de IU pertenecen a alguna asociación ciudadana; casi el 30% (cerca de 300.000) están afiliados a un sindicato, principalmente CCOO; y el 41% (casi 400.000) son miembros de alguna ONG o asociación de solidaridad. Podemos está lejos de esos porcentajes.

Izquierda Unida es fuerte y competitiva en algunos territorios clave: singularmente, Madrid, Andalucía y Asturias, donde se reparten la friolera de 105 escaños. El 54% de todos los votos de IU en España proceden de esas tres comunidades.

Pero más vale que los dirigentes del PSOE se vayan haciendo a la idea de que hay un elefante en el salón y que tendrán que convivir con un bicho camaleónico

Personalmente, no creo en la 'pasokización' si por ello se entiende que el Partido Socialista quede como una minoría testimonial y sea suplantado por Unidos Podemos, al modo de una Syriza a la española. Pero sí creo que se abre un ciclo bipartidista en el seno de la izquierda, con dos bloques de fuerza pareja: un bloque socialdemócrata, que seguirá siendo representado por el PSOE, y un bloque variopinto pero estable al que podríamos llamar “izquierdista”, liderado por Podemos.

Lo que todo esto suponga el 26-J en términos de equilibrios parlamentarios y de posibles mayorías de gobierno, es una incógnita. Pero más vale que los dirigentes del PSOE se vayan haciendo a la idea de que hay un elefante en el salón y que, en el mejor de los casos, a partir de ahora tendrán que convivir con un bicho camaleónico que será a la vez su competidor más feroz y su aliado potencial. Y que les va a situar permanentemente en la tesitura de decidir si bisagrean por su flanco derecho -Ciudadanos-, se resignan a la oposición o se adentran en la jungla de gobernar con “los extremistas”.

Unidas Podemos Noticias de Podemos Izquierda Unida PSOE Equo Pablo Iglesias Alberto Garzón