PSOE y C’s, entre el miedo a las terceras elecciones y la repulsión por Rajoy

El PP debe prepararse para dar algún giro a su política económica, revisar la reforma laboral y para abrirse a la reforma constitucional y a nuevas soluciones para Cataluña

Foto: El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, junto al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, en el Congreso el pasado 13 de enero. (EFE)
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, junto al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, en el Congreso el pasado 13 de enero. (EFE)

Algunos creímos ingenuamente que el resultado de las segundas elecciones permitiría una solución clara y rápida para tener un gobierno. Error. Lo ocurrido desde entonces me recuerda a aquel profesor, famoso por lo abstruso de sus explicaciones, que en mitad de la clase se interrumpía y exclamaba: “Esto está demasiado claro, oscurezcámoslo un poco”. Y lograba que nadie entendiera nada.

Sin embargo, tras el 26-J la opción ya no es múltiple, sino simple: todo se reduce a decidir si tenemos un Gobierno del PP presidido por Mariano Rajoy o prolongamos el bloqueo hasta desembocar en las terceras elecciones. Como estos días la pregunta más repetida es ¿cómo lo ves?, les diré resumidamente cómo lo veo -por supuesto- “a día de hoy”.

Todo se reduce a decidir si tenemos un Gobierno del PP presidido por Mariano Rajoy o prolongamos el bloqueo hasta desembocar en las terceras elecciones

1. Creo que el Rey propondrá a Rajoy como candidato y que este aceptará presentarse ante el Congreso.

2. Creo que la verdadera negociación durará 48 horas, las que transcurran entre la primera y la segunda votación de la investidura. Será una negociación convulsa, frenética y dominada por el vértigo de verse a un paso del precipicio electoral. Nada de lo que se diga hasta entonces es decisivo, sino preventivo.

3. Nadie quiere repetir las elecciones. Pero menos que nadie, el PSOE y Ciudadanos. Ellos serían las principales víctimas de la hecatombe: Rivera pasaría a ser la segunda edición de Rosa Díez y el PSOE quedaría inexorablemente señalado como el culpable de la repetición y expuesto en primera fila al impacto de la ira social.

4. Ellos lo saben. Por tanto, salvo las pulsiones suicidas, todo su problema actual consiste en encontrar el modo de evitar las elecciones, permitiendo la investidura de Rajoy sin perder la cara por completo.

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)

5. Es probable que en esta fase Sánchez y Rivera estén actuando sincronizadamente: que la sociedad que formaron en su día se mantenga. Tienen tres intereses comunes: evitar las elecciones, amortiguar el coste de dar paso a Rajoy -una forma de hacerlo es compartir la coartada- y tratar de tener al Gobierno tan debilitado y condicionado como sea posible, obligándolo a negociar todo.

6. Un primer camino es 'la vía 138'. Consistiría en lo siguiente:

En la primera votación, 138 síes frente a 212 noes: una paliza monumental para el candidato. Sería la forma de explicitar la desconfianza masiva de la Cámara hacia Rajoy y hacia su partido. Machacar a Rajoy en la primera votación forma parte de la coartada necesaria para salvarlo en la segunda. El propósito no es respaldarlo ni hacerle la vida fácil en el gobierno, sino únicamente desactivar la bomba electoral y, en el caso del PSOE, ganar tiempo para recomponerse por dentro y hacia fuera.

Machacar a Rajoy en la primera votación forma parte de la coartada necesaria para salvarlo en la segunda para desactivar la bomba electoral

En la segunda votación, la Cámara quedaría dividiría en tres bloques: a) el bloque del sí, que seguiría siendo de 138 diputados (Rajoy no habría añadido ni un solo voto favorable); b) el bloque del no, con los 95 diputados de Unidos Podemos y los nacionalistas. Y el bloque de la abstención patriótica, con los 117 diputados del PSOE y de Ciudadanos: “Los mismos que intentamos desbloquear el gobierno en marzo, lo desbloqueamos ahora en interés de España”.

Resultado: un Gobierno ultraminoritario en libertad condicional, obligado a pedir permiso hasta para ir al baño y expuesto a tantas derrotas parlamentarias como convenga a la oposición. Como es obvio que así no se puede gobernar mucho tiempo, no tendríamos elecciones en 2016, pero probablemente sí en 2017.

7. El otro itinerario es el de 'la vía 170'. En la segunda votación, Ciudadanos se pasa al sí responsable y el PSOE a la abstención patriótica. Según parece, esta es la vía preferida para buena parte de los dirigentes socialistas. Suponen que 170 votos favorables les darán una excusa más presentable para justificar su abstención 'in extremis'.

No obstante, visto desde el discurso de Sánchez hay una contradicción en ello. Porque si el no al PP se debe realmente a insalvables diferencias de fondo, esas diferencias deberían subsistir haga lo que haga Rivera. Y si no, es que las diferencias no eran tan profundas ni tan insalvables. Es lo que tiene impostar más de la cuenta: al final terminas como el vegetariano de estricta observancia que en cuanto huele la barbacoa del vecino sale disparado hacia la carnicería.

El presidente del Gobierno de España en funciones, Mariano Rajoy, en el Palacio de la Moncloa. (Reuters)
El presidente del Gobierno de España en funciones, Mariano Rajoy, en el Palacio de la Moncloa. (Reuters)

8. El PP ha tenido la habilidad de instalar la idea de que todo depende de que se muevan Ciudadanos y el PSOE. Pero es una falacia.

Tiene razón Pablo Iglesias: por muchas coartadas que se preparen, el simple hecho de que el PSOE y C’s permitan la investidura de Rajoy los contamina y, en cierto sentido, los responsabiliza de lo que haga ese Gobierno.

Por tanto, la obligación de Rajoy es suministrar a ambos razones convincentes que justifiquen un cambio de posición. Puede que esos dos partidos se vean obligados a permitir un Gobierno del PP con Rajoy, pero, como diría Errejón, tendrá que ser con un PP y un Rajoy muy distintos a los que hemos conocido hasta ahora.

El hecho de que PSOE y C's permitan la investidura de Rajoy los contamina y, en cierto sentido, los responsabiliza de lo que haga ese Gobierno

Enviar como base de negociación un refrito del programa del PP es una provocación. El candidato debería tomar en consideración dos textos: el acuerdo Ciudadanos-PSOE que presentó Sánchez en su investidura y la resolución del comité federal del PSOE del 28 de diciembre de 2015. En ambos hay propuestas serias y reformadoras que el PP puede y debe reconocer y asumir.

Debe prepararse también para dar algún giro a su política económica, para revisar la reforma laboral, para abrirse a la reforma constitucional y a nuevas soluciones para Cataluña, para cambiar de actitud en materia de derechos y libertades, para demostrar que lo de la lucha contra la corrupción va en serio y que no se va a pasar la legislatura escurriéndose del control del Parlamento. Y todo ello debe quedar claro en su discurso de investidura. Lo dicho, otro PP y otro Rajoy.

El miedo a las elecciones es un incentivo poderoso, cierto. Pero podría no ser suficiente. Porque el miedo no es la única de las pasiones humanas: frente a él, por ejemplo, opera la repulsión. Y el actual estado emocional de los socialistas y los riveristas es justamente un conflicto dramático entre el pánico a las elecciones y la repulsión a Rajoy. Como ambos sentimientos tienen fundamento, más le vale a este no confiar solo en el miedo y esforzarse para lograr que el sapo sea más digerible, o estará jugando con fuego.  

Una Cierta Mirada
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