La incomprensible política de chiringuito

Hay dos mandatos universalmente aplicables a cualquier político: a) No harás daño a tu país; b) Si tienes ideas y crees en ellas, aprovecharás cualquier ocasión para que se lleven a la práctica

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Si hoy aterrizara en España un marciano interesado por la política española, habría que explicarle que se ha perdido un mes desde las segundas elecciones sin que los partidos hayan comenzado una negociación merecedora de tal nombre. Que el líder del segundo partido se fugó a un chiringuito de Mojácar y desde su regreso no se le conoce actividad política útil. Que el ganador de las elecciones y presunto candidato a la investidura se ha ido a pasar el puente a Sanxenxo. Que en el fin de semana previo a las consultas con el Rey las agendas de los líderes han estado vacías.

Es probable que nuestro visitante de Marte exclamara, como Obélix: “Están locos, estos celtíberos”.

El marciano nos recordaría que hay dos mandatos universalmente aplicables a cualquier dirigente político, incluso en su planeta: a) No harás daño a tu país, al menos conscientemente; b) Si tienes ideas y crees en ellas, aprovecharás cualquier ocasión para que se lleven a la práctica.

Mariano Rajoy es, sin duda, el primer responsable del bloqueo de España. En el multipartidismo hay obligaciones del ganador que Rajoy despreció tras las primeras elecciones y también después de las segundas. Lo suyo es negligencia reincidente.

Pero eso no justifica el incomprensible comportamiento de Ciudadanos y del Partido Socialista. Cada uno a su manera, ambos están violando esos dos mandatos que rigen hasta en Marte.

Ellos saben que cada día que pasa con el gobierno bloqueado y el parlamento colgado trae consigo un daño inconmensurable para España. Y sabiéndolo, persisten en la actitud obstructiva de proteger su trasero por encima de todo (sin comprender que lo primero que va a volar cuando esto estalle son sus traseros).

Nadie ha mostrado una sola razón, relacionada con el interés de los españoles, que aconseje prolongar el bloqueo político. Todos los argumentos son tácticos

La realidad pura y dura es que dar un gobierno a España depende hoy de tres personas: Rajoy, Sánchez y Rivera. Pero nadie ha mostrado una sola razón, relacionada con el interés de los españoles, que aconseje prolongar el bloqueo político. Todos los argumentos son tácticos: que si se tiene que mover el otro para que me mueva yo, que si no se puede dejar el espacio de la oposición a Podemos, que si no quiero que me pase como a Nick Clegg, que si a mis votantes no les va a gustar… que sigan así y comprobarán dolorosamente que lo que más asquea a sus votantes es lo que están haciendo.

Además, desperdician una oportunidad inigualable de sacar adelante sus políticas. Se ve que no les importan tanto como para arriesgar por ellas.

Lo único rescatable del período anterior fue el contenido del acuerdo entre el PSOE y Ciudadanos. Un texto con muchas medidas acertadas y realizables para orientar una política reformista de gobierno. Disponiendo de ese instrumento, ¿qué harían en la situación presente unos dirigentes responsables y consecuentes? ¿Qué estarían haciendo hoy un Rubalcaba o un Suárez?

Es fácil imaginarlo: al día siguiente de las elecciones, se hubieran personado en la Moncloa con su programa de gobierno bajo el brazo y le hubieran dicho a Rajoy: “Aquí están nuestras propuestas. Si de verdad quieres gobernar, presentarás en el Congreso lo que no quisiste votar en marzo”. Y a fuerza de negociar bien lo hubieran logrado en gran medida, como suele ocurrir cuando propones cosas sensatas y tu interlocutor necesita desesperadamente un acuerdo.

Hoy es más factible que nunca sacar al PP del anquilosamiento y obligarlo a comprometerse con reformas a las que siempre se resistió

Hoy es más factible que nunca sacar al PP del anquilosamiento y obligarlo a comprometerse con reformas a las que siempre se resistió. Hoy es posible para quienes no ganaron las elecciones marcar la agenda del país y condicionar la acción del gobierno.

Ciudadanos podría imponer muchas de sus políticas de regeneración y las reformas democráticas que defiende, incluida la de la ley electoral. Que se siente y exija que ese paquete se incluya en el programa del gobierno; si es necesario –que lo es-, que pida cabezas para sanear el entorno. Se las entregarán (todas menos una que ha sido indultada en las urnas).

Si Rivera tuviera lo que hay que tener, no se limitaría a exigir la desaparición de Fernández Díaz; estaría reclamando el Ministerio del Interior, el de Justicia, el de Fomento, y participar en todos los organismos relacionados con la lucha contra la corrupción. No es cierto que los socios menores de las coaliciones de gobierno estén condenados a diluirse; sobreviven e incluso prosperan cuando ocupan áreas específicas en las que pueden marcar su impronta. Pero hay que atreverse a ir por el camino difícil.

Nunca antes una dirección del PSOE optó a sabiendas por una estrategia que colisiona objetivamente con el interés de España

El PSOE, pese a su fracaso electoral, tiene la oportunidad de revertir muchas de las injusticias de la mayoría absoluta del PP y obligar a que se active una nueva agenda social, ayudando a mejorar las vidas de aquellos a los que pretende representar. Pero necesita ocuparse menos de lo que pasa dentro de su tenderete y mucho más de lo que el país necesita –que, por cierto, es lo que siempre le ha sentado mejor.

De Ciudadanos es más difícil hablar con perspectiva por ser un partido reciente (y a este paso, efímero); pero nunca antes una dirección del PSOE optó a sabiendas por una estrategia que colisiona objetivamente con el interés de España. Nunca antes los socialistas eligieron desvincularse de las grandes decisiones, autoexcluirse de las negociaciones para no quedar comprometidos o instalarse en ese triste papel de perro del hortelano que ni gobierna ni deja gobernar.

El PSOE está en regresión no sólo por la sangría de votos, sino porque antes era el partido con mayor capacidad de interlocución con todo el espectro político y ahora se ha encerrado en una incomunicación suicida. En su huida hacia adelante, Sánchez ha ido volando los puentes con el PP, con Podemos, con los independentistas y con más de la mitad de su propio partido. Y la responsabilidad de todo ello no recae únicamente sobre el secretario general, sino sobre todos los dirigentes que avalan o consienten.

El PSOE antes era el partido con mayor capacidad de interlocución con todo el espectro político y ahora se ha encerrado en una incomunicación suicida

Negociar a tope. Apretar a Rajoy para definir un buen programa de gobierno y, después, controlar férreamente a ese gobierno y obligarlo a acordar cada decisión importante: eso es lo que debería estar ocurriendo desde el 27 de junio, lo que esperaría hasta un marciano con sentido común.

Al margen de la fórmula concreta (coalición, pacto de legislatura, acuerdo de investidura con acuerdos puntuales, simple abstención de desbloqueo y oposición útil después), el producto resultante no sería un gobierno del PP tal como los conocemos, sino un gobierno de políticas mestizas presidido por alguien del PP. Lo cual, dicho sea de paso, se aproxima bastante a lo que las urnas han pedido dos veces –la segunda, más claramente que la primera.

Hacer eso sí sería dar utilidad a los votos recibidos. Pero lo que previsiblemente van a contar al Rey es sólo política de chiringuito. Y se equivocan mucho si creen que de ella obtendrán alguna recompensa. Ni siquiera para sus propios chiringuitos.  

Una Cierta Mirada
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