Una solución creativa: el candidato eventual

La clave del discurso está en una palabra: EVENTUAL. Según la RAE, “sujeto a cualquier evento o contingencia”. Aplicada a la investidura, una palabra como esa no aparece por casualidad

Foto:  El rey Felipe VI recibe al presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy. (Reuters)
El rey Felipe VI recibe al presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy. (Reuters)

 “Abriré una ronda de contactos en busca de apoyos para gobernar.

Esta vez lo haré con el encargo del Rey.

En un plazo razonable de tiempo, informaré (se supone que al Rey) de las gestiones que he realizado, del resultado de las mismas, de los apoyos que he conseguido para una EVENTUAL investidura; y en consecuencia, si estoy o no estoy en condiciones de formar gobierno”.

Esto es lo que literalmente dijo ayer Mariano Rajoy en su rueda de prensa tras entrevistarse con el Rey. Basta con leer con atención, atendiendo únicamente a lo que se dice y no a lo que nuestros prejuicios esperaban escuchar, para comprender su significado.

Una solución creativa: el candidato eventual

Ciertamente, Mariano Rajoy sorprendió ayer a todos. Ya lo hizo en enero: nadie esperaba aquel pase negro que alteró por completo el tablero de juego y obligó a reconstruir todas las estrategias de quienes lo esperaban en el Congreso para someterlo a una derrota humillante.

[Rajoy traslada la presión a Sánchez con un 'sí' al Rey sin confirmar si irá a la investidura]

Ahora, parecía que sólo había dos posibilidades: o el Rey le encargaba la investidura o no había encargo. Y si se la encargaba, él podía aceptarla, exponiéndose de nuevo a una derrota, o rechazarla y crear un nuevo “vacío de candidato”.

Cualquiera de esas hipótesis le dañaba y favorecía a sus adversarios. Si no había encargo, si éste era rechazado o si tras aceptarlo era derrotado en el Congreso, ello abría un amplio espacio para maniobras de todo tipo: desde apretones al PP para que cambiara de candidato como intentonas de reaparición del candidato Sánchez a lomos de una multicolor mayoría alternativa.

Rajoy ha aplicado un compendio de tácticas competitivas que cualquier técnico deportivo conoce: hacer el movimiento que el adversario no espera

Mariano Rajoy ha aplicado un compendio de tácticas competitivas que cualquier técnico deportivo conoce de memoria: hacer el movimiento que el adversario no espera. Tomar la iniciativa y ocupar la posición clave. Ensanchar el campo para sí y estrecharlo para los demás. En el fútbol se llama “achique de espacios”.

La clave del discurso de ayer de Rajoy está en una palabra: EVENTUAL. Según la RAE, “sujeto a cualquier evento o contingencia”. Aplicada a la investidura, una palabra como esa no aparece por casualidad.

¿Ha habido encargo del Rey? Sí, lo ha habido. La Corona ha cumplido escrupulosamente su función constitucional designando como candidato al líder del primer partido de la Cámara, ganador claro de las elecciones. Felipe VI puede irse tranquilamente a Mallorca y esperar noticias.

¿El candidato ha aceptado el encargo? Sí, lo ha aceptado. Y ello cambia su estatus: a partir de hoy, Mariano Rajoy no es tan sólo el líder del Partido Popular, sino la persona oficialmente comisionada por el Jefe del Estado para intentar formar gobierno. En tal condición se dirigirá a los demás líderes y en tal condición habrán de medir ellos sus respuestas. Por eso Rajoy repitió ayer hasta tres veces “Negociaré, y esta vez lo haré con el encargo del Rey”. Es complicado despachar a quien posee ese encargo con un despectivo ¿qué parte del NO no has entendido?

¿A qué le compromete haber aceptado el encargo? A lo que él mismo dijo: negociar y constatar si hay agua en la piscina para lanzarse a la investidura o no la hay

Rajoy ha tomado la posición. La retendrá, como él mismo dijo, “por un tiempo razonable”, el que considere conveniente. Y sobre todo: mientras él ocupa el espacio del candidato oficial, nadie más puede especular o intentar ocuparlo en su lugar.

¿A qué le compromete haber aceptado el encargo? A lo que él mismo dijo: negociar y constatar si hay agua en la piscina para lanzarse a la investidura o no la hay. Nada menos, pero nada más que eso.

En otras ocasiones Rajoy es oscuro, pero esta vez ha sido clarísimo: intentará negociar los votos o las abstenciones que necesita. Si los consigue, se lo comunicará a la presidenta del Congreso para que esta a su vez se lo haga saber al Jefe del Estado y convoque el pleno de investidura. Si no los consigue, informará al Rey de esta circunstancia y pasaremos a la siguiente fase, que a mi juicio será ya directamente la convocatoria de elecciones mediante la fórmula más rápida que se encuentre sin violentar excesivamente la Constitución.

Si algo quedó claro ayer es que Rajoy no tiene la menor intención de dejarse machacar en una investidura. Recuerden: “Yo he dicho que estoy dispuesto a gobernar con 137 escaños, no que esté dispuesto a ir a la investidura con 137 escaños”. Y no se hagan demasiado lío con las interpretaciones del artículo 99 de la Constitución: no se puede obligar físicamente a acudir a una sesión de investidura a quien no quiere hacerlo, por mucho que haya aceptado un encargo.

No se hagan demasiado lío con el artículo 99. No se puede obligar a acudir a una investidura a quien no quiere, por mucho que haya aceptado un encargo

Con este movimiento, Rajoy consigue varias cosas a la vez:

En primer lugar, descarga de presión al Rey. Con ello, quizá le compensa por la alevosa presión que le metió durante el proceso anterior.

Segundo, queda claro que no habrá ningún otro candidato a la investidura. Ni habrá otro candidato del PP, ni habrá espacio para Sánchez y la fantasmagórica “coalición Frankenstein” con la que un sector del PSOE lleva semanas especulando.

Tercero, despeja el campo de juego. En este marco negociador, Podemos no juega ningún papel. Y también, dadas las circunstancias, quedan fuera los independentistas. “Sólo negociaré con las fuerzas que respetan la Constitución”. Se acabó esta broma pesada de los dirigentes del PSOE intentando hacer aparecer a Convergencia como un “aliado potencial” del PP para escurrir ellos el bulto.

Ya sólo quedan tres actores sobre el escenario: el PP, el PSOE y Ciudadanos. Les guste o no, que España tenga gobierno o que se repitan las elecciones depende exclusivamente de lo que hagan estos tres partidos. Y sólo queda una opción dicotómica: o gobierno de Rajoy, o elecciones. Se acabaron las maniobras de distracción y ahora toca decidir y apechugar ante el país con la decisión que cada uno tome.

Que España tenga gobierno o que se repitan las elecciones depende de PP, PSOE y C's. Y sólo queda una opción dicotómica: gobierno de Rajoy o elecciones

Y cuarto, desplaza toda la presión: en primer lugar sobre Albert Rivera, que cada vez tiene más difícil seguir esgrimiendo el veto personal a Rajoy como coartada para negar el sí. Conseguido eso, el presionado no será tanto Pedro Sánchez sino el comité federal del PSOE, que tendrá que explicar al país –empezando por sus propios votantes- cómo se deja a España sin gobierno durante medio año más cuando un candidato tiene ya 170 votos. Especialmente cuando no se puede ofrecer una alternativa y lo de Cataluña va poner la temperatura institucional a mil grados.

A Sánchez se le estrecha el embudo por horas. Ya no podrá darse el gusto de votar no a la investidura de Rajoy ni le queda margen para resucitar la fantasía del llamado “gobierno alternativo”. Los socialistas están inexorablemente ante la opción de negociar una abstención honorable o cargar con el mochuelo de haber provocado las terceras elecciones.

Esto es lo que ha conseguido el viejo zorro con su creativa solución de constituirse en candidato eventual.  

Una Cierta Mirada

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