La nueva 'Escopeta Nacional'
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Ignacio Varela

Una Cierta Mirada

Por

La nueva 'Escopeta Nacional'

Si hay terceras elecciones, viviremos la campaña electoral más depresiva de la historia. Los dirigentes políticos habrán conseguido que votar sea un castigo para los españoles

Foto: Mariano Rajoy y Pedro Sánchez en su última reunión. (EFE)
Mariano Rajoy y Pedro Sánchez en su última reunión. (EFE)

Cerril: que se obstina en una actitud o parecer, sin atender trato ni razonamiento. Diccionario de la RAE.

Aparentemente, ya tenemos tres cosas necesarias para que haya Gobierno: un candidato designado por el Rey, una fecha para la investiduray un acuerdo entre dos partidosque suman casi la mitad de la Cámara. En un país normal, con unos gramitos de sentido común, la cosa debería estar hecha. Pero este malhadado año de 2016 ha demostrado sobradamente que España ha dejado de ser un país políticamente normal. A mis amigos extranjeros que me preguntan qué diablos está pasando, les respondo: te lo puedo contar, pero no te lo puedo explicar. Nadie puede.

Vayamos por pasos. La primera pregunta es qué pasará desde hoy al 2 de septiembre, fecha en que se decidirá la investidura de Rajoy. En esta fase, todo se juega en el terreno del PSOE. “No me miren a mí, miren a otros”, repite cobardemente el que tiene la llave escondida en el bolsillo. Pero las cosas son como son: o el PSOE abre el cerrojo, o España seguirá sin Gobierno.

Sánchez y los suyos han hecho pasar de matute la especie de que están atados por una supuesta decisión unánime de su comité federal. Es una falsedad, una más. Ese comité se reunió el 9de julio y ahí no se votó nada ni se adoptó resolución alguna: fue una conversación que se agotó en sí misma.

"No me miren a mí, miren a otros”, repite el que tiene la llave escondida. Pero las cosas son como son: o el PSOE abre el cerrojo, o España seguirá sin Gobierno

Así que este es el día en que el Partido Socialista carece de una decisión formal, tomada por el órgano competente, sobre la investidura de Rajoy o la repetición de las elecciones. Solo consta la cerril determinación personal de Pedro Sánchez de bloquear la investidura a toda costa, negando a su partido la posibilidad de valorar la situación y sus consecuencias. Votará contra un programa que no ha escuchado (y que puede parecerse mucho al que él presentó) y contra unos Presupuestos que no conoce. Eso tiene un nombre en el diccionario.

Sánchez no cambiará de idea. Al parecer, alguien ha introducido en su cabeza la idea peregrina de que al PSOE le iría bien en unas terceras elecciones. Anticipo un síntoma: así como en su momento le disputarán fieramente la secretaría general, en unas nuevas elecciones habrá una clamorosa ausencia de voluntarios para la candidatura socialista. Por algo será.

Si Sánchez se carga la investidura de Rajoy, la segunda pregunta es: ¿qué sucederá entre el 2 de septiembre y el 30 de octubre, fecha de convocatoria electoral?

Teóricamente, serían dos meses para buscar una solución. Pero hay dos tesis al respecto:

La 'tesis Rajoy' es que, tras su intento fallido, no sucederá nada. Esta investidura será la primera y última, como lo fue la de Sánchez. Detrás vendrán dos meses de marasmo hasta las elecciones.

El principal argumento a favor de esta hipótesis es que el PP y su líder apuestan firmemente por ella. Ellos sí tienen buenos motivos para esperar una mejora electoral, así que dejarán pasar el tiempo mientras se lanza la inculpación al PSOE-masiva y concertada por todos-. Alguien tiene que pagar esa factura, y hay uno que ha adquirido todas las papeletas en esa tómbola.

La tesis opuesta la ha verbalizado Miquel Iceta: es preciso que Rajoy fracase en la investidura porque ello abriría un mundo de posibilidades a explorar durante esos dos meses de espera.

En realidad, ese hipotético abanico de nuevas posibilidades se reduce a dos: o aparece un candidato del centroderecha que no sea Rajoy, o se monta una mayoría alternativa de izquierdas entre Sánchez e Iglesias, con la colaboración necesaria de los nacionalistas.

Me inclino a pensar que se impondrá la línea de Rajoy: si pierde la investidura, el reloj de la democracia correrá y nos iremos directos a las elecciones

Olvídense de lo primero. Ya se ha hecho tarde para la operación'llevarse a Rajoy por delante'. Quizás hubiera sido posible el 21 de diciembre de 2015 mediante una acción concertada de Sánchez y Rivera, pero la ciega ambición del primero arruinó ese camino. El despótico desprecio que Rajoy dispensó entre el miércoles y el jueves a sus subalternos del comité ejecutivo (les he autorizado a que me autoricen a negociar) ha despejado cualquier duda sobre su poder absoluto y sus intenciones.

En cuanto a la 'fórmula Frankenstein', si el PSOE y Podemos no supieron hacerlo con 161 diputados, no se ve cómo lo harían con 156 frente a 170 y los independentistas catalanes aún más echados al monte de la desconexión.

Pero más allá de los números, no hay más que contemplar el lamentable estado de los dos partidos de la izquierda. No solo están mortalmente enfrentados entre sí -un odio mutuo que es aún más agudo entre las bases que en las cúpulas-, sino que tanto el PSOE como Podemos están en plena guerra civil interna, con sus poderes territoriales en rebeldía y ambos líderes sometidos a acoso y derribo desde dentro. Es imposible que de ahí salga nada que se parezca a un proyecto compartido de Gobierno.

Así que, con todas las precauciones del caso, me inclino a pensar que se impondrá la línea de Rajoy: si pierde la investidura, el reloj de la democracia correrá en vano durante dos meses y nos iremos directos a las elecciones.

Eso nos lleva a la tercera pregunta: ¿qué sucederá entre el 30 de octubre y el 25 de diciembre, la surrealista fecha previstapara la votación?

Pues sucederá que viviremos la campaña electoral más depresiva de la historia. Los dirigentes políticos habrán conseguido que votar sea un castigo para los españoles. La 'fiesta de la democracia'se habrá convertido en el infierno de las urnas tres veces frustradas.

La reacción social es imprevisible. No se gasten un euro en pagar encuestas ni un minuto en leerlas: esto será una olla a presión de la que puede salir cualquier cosa. Puede que la sociedad se rinda y nos encontremos con un 50% de abstención o con dos millones de votos en blanco; puede que la indignación estalle y se produzca un apocalipsis electoral que haga volar suelos electorales aparentemente sólidos. Lo que no creo es que los españoles acudan mansamente a refrendar por tercera vez la misma cosa que se ha demostrado contumazmente estéril.

Señor Varela, me dirán ustedes, se le ha olvidado la pregunta más importante: ¿qué le sucederá a España durante todo ese tiempo? Todos lo sabemos: la suma de todos los males sin mezcla de bien alguno. Ellos también lo saben y se fingen preocupados por ello pero, en la práctica, su respuesta es como la de Clark Gable en la escena final de 'Lo que el viento se llevó': francamente, querida, me importa un bledo.

Dice un amigo que esto daría para una serie. Para lo que de verdad daría es para que resuciten Azcona y Berlanga y nos obsequien con una nueva entrega de 'La Escopeta Nacional'.

Pedro Sánchez Mariano Rajoy