El regreso de los votos útiles

Los gallegos y los vascos se han limitado a hacer lo que se les pedía: elegir a quienes, a su juicio, deben representarles y gobernar en sus comunidades

Foto: Recuento de votos al término de la jornada de las elecciones vascas en un colegio en el barrio Salburua, en Vitoria. (EFE)
Recuento de votos al término de la jornada de las elecciones vascas en un colegio en el barrio Salburua, en Vitoria. (EFE)

Todos interpretaremos estas elecciones en clave de política nacional… excepto los gallegos y los vascos. Ellos, protagonistas de la jornada, representaron una obra que tiene que ver con sus vidas y con sus países; y los demás, espectadores e intérpretes, veremos lo que de antemano decidimos que queríamos ver.

En la intención de los electores, ni la mayoría absoluta del PP en Galicia busca premiar a Rajoy, ni los votos perdidos por el PSOE se deben al afán de represaliar a Sánchez, ni el retroceso relativo de Podemos y en Marea frente a Bildu y el BNG tiene que ver con la pelea entre Pablo Iglesias y Errejón, ni Ciudadanos ha quedado fuera de ambos parlamentos a causa de su tornadiza política de alianzas en el Congreso.

Los gallegos y los vascos se han limitado a hacer lo que se les pedía: elegir a quienes, a su juicio, deben representarles y gobernar en sus comunidades. Pero como las cosas no son como son sino como se ven, conseguiremos que estas elecciones autonómicas tengan efectos nacionales.

Gallegos y vascos han dado una lección de democracia avanzada en un momento de avería grave de nuestro sistema. Por fin unas elecciones normales y maduras

Mientras se manifiestan esos efectos, adelantemos algunas observaciones sobre lo sucedido ayer:

1. Según parece, no está escrito sobre la piedra que la aparición de nuevas fuerzas políticas acarree necesariamente un desplome de las antiguas. He aquí dos partidos tradicionales donde los haya, con lustros de gobierno a sus espaldas, representantes ilustres de la vieja política, que en 2016 aumentan su ya notable fuerza electoral. Eso de que el descenso de los grandes partidos es un efecto inercial de la diversificación de la oferta quizá sirva a algunos para disfrazar sus derrotas sin reflexionar sobre las causas, pero no casa con la realidad.

El PP en Galicia y el PNV en Euskadi eran y son las opciones claramente mayoritarias en sus respectivos territorios y han mejorado sus resultados de hace cuatro años. La irrupción de los nuevos ha afectado a otros, pero no a ellos. Por algo será.

2. Este es el primer premio a la gestión que se da en unas elecciones en España desde que estalló la crisis en 2008. Desde entonces y hasta ahora, cada vez que se abrió una urna fue para que el partido gobernante recibiera una paliza. O algo está cambiando en el clima social o los gobiernos de Feijóo y Urkullu lo han hecho realmente bien. O quizás ambas cosas a la vez.

3. Una de las cosas más trágicas que le están ocurriendo al Partido Socialista es su imparable marginalización política en las tres nacionalidades históricas: País Vasco, Cataluña y Galicia. Para un partido que siempre presumió de su capacidad de vertebrar el país con una presencia decisiva en todo el territorio, este es un fenómeno que, más allá de la coyuntura, ataca a la médula de su identidad.

¿Buscamos el origen? En esas tres nacionalidades, hubo un día en que los socialistas se aventuraron a formar una coalición de perdedores para hacerse con el poder, desplazando al partido mayoritario. Observemos qué sucedió desde entonces con los resultados del PSOE en elecciones autonómicas:

GALICIA (en 2005, Gobierno PSdeG-BNG)
 VotosEscaños
200533,6%25
200931,225
201220,618
201617,914

 

PAÍS VASCO (en 2009, Gobierno PSE con apoyo PP)
 VotosEscaños
200930,7%25
201219,116
201611,99

 

CATALUÑA (en 2003, Gobierno tripartito PSC-ERC-IC)
 VotosEscaños
200331,4%42
200627,837
201018,428
201214,420
201512,716

 

Desde que se embarcaron en aquellos pactos de gobierno hasta hoy, los socialistas han perdido el 47% de su fuerza electoral en Galicia, el 61% en el País Vasco y el 67% en Cataluña. Cada elección ha sido abismalmente peor que la anterior, sin que exista la seguridad de haber tocado fondo.

“Los números dan” es una doctrina tan tentadora como peligrosa. En política, no basta con que den los números, también tiene que dar la lógica. Lanzarse a gobernar con cualquiera que se preste, violentando el resultado natural de unas elecciones, conduce a esto: gobiernas una temporada y pagas la factura durante una década. Pan para hoy y hambre para mañana. Quizás alguien debería tomar nota y escarmentar en cabeza propia antes de repetir el experimento.

4. Agrupémonos todos en la lucha final. Esta frase del estribillo de La Internacional describe el zafarrancho interno en el que se adentrará el PSOE en los próximos días. Tras meses de fintas, disimulos y debates aplazados, llegó la hora de levantar las cartas y definir de una vez qué quiere hacer ese partido con España y consigo mismo. El proceso autodestructivo del PSOE de Sánchez presenta similitudes extraordinarias con el del Partido Laborista de Corbyn (con la diferencia a favor del laborista de no haber bloqueado la gobernación de su país durante meses). A corto plazo, si esta batalla —que ya no podrá ser incruenta— la gana Sánchez, habrá elecciones el 18 de diciembre; y si la ganan los otros, tendrán que negociar a toda velocidad una solución honrosa para evitarlas. En cualquier caso, el daño a la institución es ya profundo, duradero y de dudosa reparación.

Y por fin, han regresado los votos útiles. Los ciudadanos han sabido que su voto tiene valor decisivo y no será desafiado por cúpulas partidarias

5. Gallegos y vascos han dado una lección de democracia avanzada en un momento de avería grave de nuestro sistema democrático. Por fin unas elecciones normales y maduras. En ellas, se ha discutido sobre los problemas del país y de la sociedad y no sobre las elecciones mismas. Han elegido al partido que desean que gobierne, y ese partido gobernará sin discusión: el PP en Galicia con su mayoría absoluta y el PNV en Euskadi sin ella, pero con todas las vías de colaboración abiertas con otras fuerzas.

Se han valorado los méritos de los gobiernos y de las oposiciones, y unos y otros se han reflejado en las urnas. Se ha demostrado que, como ha señalado Joan Tapia, en España aún pueden ganarse elecciones desde la moderación, sin recurrir al populismo demagogo o al secesionismo histérico que quiebra la convivencia.

6. Y por fin, han regresado los votos útiles. Los votos soberanos, que alumbran gobiernos. Los ciudadanos han sabido que su voto tiene valor decisivo y que no será desafiado por las cúpulas partidarias. Después de ver al voto popular arrojado una y otra vez al cubo de la basura y a las elecciones convertidas en un puro mecanismo consultivo en el que el pueblo propone y los partidos disponen, lo echábamos de menos. Qué envidia.

Una Cierta Mirada
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