Del autoescrache a la confianza en un hombre cabal

Quedan 20 días. Los socialistas tienen que moverse bien y deprisa, aparcando de momento la cura de las cornadas que se han propinado a sí mismos

Foto: Pedro Sánchez, en rueda de prensa en Ferraz. (EFE)
Pedro Sánchez, en rueda de prensa en Ferraz. (EFE)

¿Es Eduardo Madina un fascista? ¿Son traidores al socialismo Felipe González y Zapatero, Rubalcaba y Elena Valenciano, Susana Díaz y Javier Fernández? ¿Es José Blanco un émulo de Tejero? ¿Están vendidos a la derecha seis de los siete presidentes autonómicos y la mitad de los miembros de la dirección del PSOE que Pedro Sánchez conformó y 1.000 delegados socialistas ratificaron?

Una turba de energúmenos vociferantes ante la sede de un partido político acosando e insultando a los dirigentes que entran es un hecho grave en cualquier caso. Pero si resulta que esos cafres dicen ser del mismo partido que los políticos a los que hostigan; que el líder al que jalean está dentro del edificio, y que, sabiendo lo que pasa fuera, durante horas ni él ni ninguno de sus fieles mueven un dedo para impedirlo, la conclusión es demoledora.

González, Almunia, Zapatero, Rubalcaba: elijan al que quieran. Cualquier secretario general del PSOE en esa situación tardaría un minuto en salir a la calle y parar inmediatamente el escrache realizado en su nombre (extensivo a algunos periodistas que durante 12 horas expuestos a los bárbaros temieron con fundamento por su integridad física).

Efectivos policiales a las puertas de la sede de Ferraz durante el comité federal. (EFE)
Efectivos policiales a las puertas de la sede de Ferraz durante el comité federal. (EFE)

La imagen de un pelotón de la policía antidisturbios formando un cordón para proteger a unos socialistas de otros socialistas quedará asociada para siempre a la infausta jornada del sábado en Ferraz, 70. Pablo Iglesias, que murió en esa casa, se volvería avergonzado a la tumba si hubiera podido ver semejante disparate (por no detallar el bochorno de lo sucedido dentro, intento de pucherazo incluido).

El autoescrache de fuera y el escándalo de dentro son el mejor indicador de la verdadera naturaleza del problema que ha causado la traumática caída de Pedro Sánchez. No lo han echado por decir "no es no" ni por bloquear durante un año el gobierno de España; lo han echado por intentar poner a su partido al servicio de una desmedida ambición personal y por abrir una sima de incomunicación y desconfianza entre sus dirigentes y enfrentarlos con la supuesta voluntad de la militancia —de la que se erigió como único intérprete legítimo.

“O conmigo o con Rajoy” es una de las declinaciones más tramposas que se han formulado en la política española desde hace años. A Sánchez no lo han echado por oponerse al PP, sino por presentar como subalterno del PP a todo socialista que no lo siguiera incondicionalmente. Es esa dicotomía sectaria la que ha acabado con su liderazgo.

La primera consecuencia de esta semana negra del socialismo español es que la debilidad electoral del PSOE se ha extremado hasta hacerse inasumible

Más allá de los errores políticos, el odio es la peor parte de su legado. Porque los errores se corrigen, pero el odio deja rescoldos que nunca se apagan. Y la complaciente pasividad de él y sus fieles ante el acoso de la caterva a los discrepantes muestra un entumecimiento moral que es el primer síntoma de que el tumor ha hecho metástasis.

Pero hoy, afortunadamente, ya es lunes. La primera consecuencia de esta semana negra del socialismo español es que la debilidad electoral del PSOE se ha extremado hasta hacerse inasumible. Tras su sangrienta catarsis, el PSOE necesita tiempo para recuperar el aliento y el crédito social. El mero pensamiento de competir en unas elecciones en diciembre, con todas las heridas abiertas y sin un liderazgo reconocible, es manifiestamente suicida.

Tras las elecciones del 20-D, el PSOE, pese a su nefasto resultado, tuvo abiertas todas las vías para condicionar la orientación del Gobierno, incluso cobrándose la cabeza de un Rajoy que acababa de perder cerca de cuatro millones de votos y 63 escaños. Ese era el momento que se dejó pasar por el sueño de una investidura imposible.

Es cierto que las tornas han cambiado a peor. Si antes podían poner condiciones a Rajoy para permitir un Gobierno, ahora es Rajoy quien puede exigir algo más

Tras las segundas elecciones, el margen se estrechó, pero siguió siendo importante, porque no hay Gobierno posible sin su consentimiento. Pero si llegan las terceras, 'consumatum est': Rajoy gobernará cómodamente, el 'sorpasso' estará servido y el PSOE habrá logrado por fin el descenso a la división de los partidos menores. Ese era el destino al que lo encaminaba Pedro Sánchez.

Lo más importante que tienen que hacer ahora los socialistas es concentrarse en preservar lo que los ciudadanos les entregaron: 85 diputados y una posición clave para impulsar desde la oposición las reformas que España necesita. Si pierden eso, no habrá forma de coser nada. Al contrario, el descosido será definitivo.

Es cierto que las tornas han cambiado a peor. Si antes podían poner condiciones a Rajoy para permitir un Gobierno, ahora parecería que es Rajoy quien puede exigir algo más que lo imprescindible para pasar la investidura, que es lo máximo a lo que el PSOE puede llegar.

Si llegan las terceras: el 'sorpasso' estará servido, Rajoy gobernará cómodamente y el PSOE habrá descendido a la división de los partidos menores

Aparentemente, el PP tiene la sartén por el mango y el mango también. La tentación es evidente y la ocasión clamorosa: de una sola tacada podrían asegurarse un puñado de escaños más y la destrucción de su adversario histórico. Pero a la vez, es muy peligrosa. Si no alcanza una posición de mayoría absoluta, un PSOE abatido con Podemos consolidado en la segunda posición solo serviría para completar una eventual coalición de las izquierdas con los nacionalistas. Lo que ahora es imposible podría revivir por un exceso de ambición.

Quedan 20 días. Los socialistas tienen que moverse bien y deprisa, aparcando de momento la cura de las cornadas que se han propinado a sí mismos. La llave del gobierno sigue en sus manos. ¿Es posible concertarse con otros para ofrecer un frente de partidos centrales dispuestos a contribuir (quizá con modalidades distintas) a impedir un 18-D? Porque esa es en este momento la prioridad absoluta de España y también la del Partido Socialista.

Mariano Rajoy deposita su voto en las segundas elecciones del 26 de junio. (EFE)
Mariano Rajoy deposita su voto en las segundas elecciones del 26 de junio. (EFE)

Si el PP cae en la tentación de provocar las elecciones pudiendo evitarlas, debe pagar un precio alto por ello. Lo que exige crear las condiciones para que no haya la menor duda en la sociedad sobre el propósito ventajista de esa decisión.

Creo desde hace tiempo que Javier Fernández es el dirigente socialista en activo más cabal, más clarividente y más capacitado para recuperar el rumbo del Partido Socialista, fusionando de nuevo el interés del partido con el interés de España, que nunca debieron divorciarse. Siempre he echado de menos un paso adelante por su parte. Está claro que su posición es precaria y sus posibilidades limitadas; pero les aseguro que conoce el camino correcto y que lo que no arregle es porque no se puede arreglar. Así que quizá valga la pena confiar en él.

Una Cierta Mirada
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