La vejez prematura de los nuevos partidos

Es evidente que les ha sentado muy mal este año de bloqueo. Ahora Podemos y Ciudadanos están en plenos procesos congresuales, y todo lo que emiten suena rancio

Foto: Albert Rivera y Pablo Iglesias. (EFE)
Albert Rivera y Pablo Iglesias. (EFE)

Se dice que cada año en la vida de un perro equivale a siete años de un ser humano, de tal forma que un perro de 10 años sería tan mayor como una persona de 70.

El tiempo parece correr también así para Podemos y Ciudadanos, que en 2014 emergieron como los portadores de una forma nueva y distinta de hacer política y proclamaron no sólo el fin de la era bipartidista, sino la próxima extinción de PP y PSOE, víctimas en fase terminal de la arterioesclerosis y la corrupción.

Han pasado apenas dos años y medio desde aquella eclosión de los adalides de la nueva política, pero les han pesado como si fueran dos décadas. Si me permiten el símil, sería un caso de progeria (esa enfermedad de algunos niños que sufren un envejecimiento brusco en los primeros años de sus vidas), traído a la política.

¿Recuerdan aquella conversación entre Iglesias y Rivera en el programa de Jordi Évole, poco antes de las elecciones del 20-D? Cierto que no fue un debate real sino un producto televisivo concertado, pregrabado y editado; pero todo en él transpiraba frescura, lozanía y buenrolllismo. Daba igual el contenido, el mensaje eran las formas y el lenguaje. El impacto se agrandó por comparación cuando unas semanas más tarde vimos a Rajoy y Sánchez embarrados en una bronca sucia y navajera, no tolerada para menores. Fue el auge del eje “lo nuevo frente a lo viejo”.

Albert Rivera y Pablo Iglesias con Jordi Évole, presentador de Salvados. (La Sexta)
Albert Rivera y Pablo Iglesias con Jordi Évole, presentador de Salvados. (La Sexta)

¿Qué queda de aquello un año más tarde? Sugiero que Évole vuelva a sentar a Iglesias y a Rivera en el mismo bar y, por mucho que lo editen para embellecerlo, comprobemos el resultado.

Es evidente que les ha sentado muy mal este año de bloqueo. Los hemos visto adoptar las peores prácticas de la vieja política, tirarse frenéticamente vetos y líneas rojas, especular con las repeticiones electorales, jugar al póker con el futuro del país… Se han hecho tan cínicos como aquellos a los que denunciaban.

Ahora ambos partidos están en plenos procesos congresuales, y todo lo que lo que emiten suena rancio. Las engoladas proclamas ideológicas, las disquisiciones estratégicas intrincadas, las luchas por el poder disfrazadas de debates sobre el modelo de partido…hasta el lenguaje es ya de madera. Y en ambos se manifiesta la irresistible tentación caudillista, o César o nada.

Para quienes hemos vivido por dentro varias decenas de congresos partidarios y conocemos sus códigos y sus rituales, todo esto es como un mal remake. ¿En qué se diferencia la querella de Iglesias y Errejón de la que enfrentó a González y Guerra? Únicamente en la experiencia y estatura política de los protagonistas.

Es más, ¿alguien sabe sobre qué discuten Iglesias y Errejón? Para averiguarlo, he formulado la pregunta a varios votantes de Podemos. La respuesta obvia, inmediata y unánime: “por el poder”. Sí, claro, pero ¿qué mas? Algunos, más o menos confusamente, avanzan: “porque uno quiere discutir a la vez sobre las personas y las ideas y el otro quiere hacerlo por separado”. Ya, insisto yo, pero ¿qué ideas? ¿Cuáles son las discrepancias de fondo? Silencio cósmico.

Pablo Iglesias e Íñigo Errejón en el Congreso de los Diputados. (EFE)
Pablo Iglesias e Íñigo Errejón en el Congreso de los Diputados. (EFE)

No me extraña. Según parece, la tesis central de Errejón es que “la hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales”. Iglesias, por el contrario, habla de “la destrucción de las expectativas de los sectores medios” como base de su estrategia. Y Carolina Bescansa apunta que la solución está en “superar los binomios y pasar a los polinomios” (debo las citas a Teodoro León Gros). Esto está claro como el agua, señores. Pobre Gramsci, si viera lo que están haciendo con él…

He buscado en los textos y en las declaraciones sobre la próxima Asamblea Ciudadana Estatal de Podemos palabras como empleo, progreso económico, pensiones, sanidad, educación, derechos laborales, igualdad de hombres y mujeres, terrorismo, ciencia y tecnología, Europa… Nada, ni una mención. Se ve que esas son cosas de los socialtraidores que pactan con el PP. Lo nuestro es lo del núcleo irradiador, las expectativas de los sectores medios y los polinomios: una indigesta mezcla de ensimismamiento narcisista, intoxicación ideológica y una alarmante desconexión con la realidad.

Es llamativo que esto le suceda al partido que revolucionó la comunicación política en España y se distinguió por la claridad de sus mensajes binarios

Desde hace una temporada, Podemos es el monotema de Podemos. Además, usando la jerga de la tribu: esas que, como explicó Umberto Eco, sirven a ciertas sectas sociales para comunicarse entre sí y que sólo los iniciados puedan descifrarlas.

Es llamativo que esto le suceda al partido que revolucionó la comunicación política en España y se distinguió por la pueril pero efectiva claridad de sus mensajes binarios: gente o casta, arriba o abajo, los buenos contra los malos… Ahora están metidos en su campana neumática, hablando en clave mientras (se) ajustan las cuentas.

El problema de Ciudadanos es más sencillo de explicar. Por un lado, les ocurre como a todos los partidos que nacen para habitar en el centro: que el centrismo es una posición, pero no una ideología. No existe el libro que explique la ideología centrista. Por eso cuando se sienten obligados a definirse ideológicamente caen en tópicos tan gastados por el uso que ya no significan nada especial: liberal, demócrata, progresista…y podrían seguir así hasta la eternidad: de futuro, avanzado, reformista, moderado… Todo para explicar que son simplemente la tónica del gin-tonic o la coca-cola del cuba libre, un mezclador universal.

Por otra, se declaran partido de gobierno (como es lógico, para eso están en el mundo las bisagras). Pero ahora se dan cuenta de que por ir de puros hicieron el canelo: se comprometieron con el Gobierno de España y con unos cuantos gobiernos autonómicos, pero renunciaron a entrar en ellos. Por lo cual ahora no saben dónde están: ni son gobierno ni son oposición, sino todo lo contrario.

Si Rivera hubiera negociado una buena presencia en el Gobierno a cambio de sus votos, hoy ese gobierno tendría una sólida base estable de 170 diputados, él se sentaría en la mesa de las decisiones y no estaría enterándose por la prensa de las cosas importantes que pactan todas las semanas el PP y el PSOE.

Ahora dicen que en 2019 (próximas elecciones municipales y autonómicas) lo corregirán. No sé si están a tiempo, pero yo en su lugar lo intentaría arreglar antes, que estos de la vieja política saben latín y griego, y cuando quieres darte cuenta han cocinado el guiso y se lo han zampado sin invitarte.

La vida es lo que sucede mientras haces planes, esa es la lección que aún han de aprender estos nuevos partidos tristemente devenidos en viejos prematuros.

Una Cierta Mirada
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