Las primarias del PSOE y el segundo bloqueo de España

Ha sido abrirse el escenario de las primarias y empantanarse todo de nuevo. El hecho de que la victoria de Sánchez aparezca como verosímil ha provocado esta recidiva de la parálisis política

Foto: El exsecretario general del PSOE Pedro Sánchez saluda a su llegada a un acto público. (EFE)
El exsecretario general del PSOE Pedro Sánchez saluda a su llegada a un acto público. (EFE)

España estuvo un año sin Gobierno porque el líder del partido perdedor siempre albergó la esperanza de alcanzar el poder pese a sus pésimos resultados electorales. Sin tener los votos y los escaños necesarios, buscó hasta el último instante la forma de entrar en La Moncloa por la puerta de atrás. El 'no es no' no era únicamente un veto a Rajoy, sino a cualquier Gobierno presidido por alguien distinto a Pedro Sánchez.

Si tras las elecciones del 20-D el Partido Socialista hubiera asumido colectivamente desde el principio que no era posible ni deseable gobernar con 90 diputados (después 85) y que, en consecuencia, lo único sensato era permitir que se formara un Gobierno y disponerse a actuar con eficacia desde una oposición condicionante, el camino de la solución se habría abierto mucho antes y de forma mucho menos traumática para el propio PSOE.

Finalmente, humillados, desangrados y fracturados, terminaron haciendo de mala manera lo que podrían y deberían haber hecho inteligente y dignamente 10 meses antes. Y para ello necesitaron verse al borde del precipicio de unas fatídicas terceras elecciones. Eso puede ocurrir cuando las organizaciones políticas desarman su propia institucionalidad y se entregan al designio de un caudillo cegado por la ambición: es una historia repetida desde los tiempos de Julio César.

Superado aquel bloqueo, la legislatura comenzó a buen ritmo. Se abrió el espacio de los acuerdos a varias bandas. El juego de las mayorías alternativas, siempre con el PSOE en el eje de todas las alianzas, permitía que el Gobierno fuera sacando adelante sus compromisos más perentorios y que, a la vez, la oposición se apuntara conquistas importantes. Los socialistas comprendieron, al fin, las grandes posibilidades que les proporciona la distribución de fuerzas en el Congreso; y Rajoy parecía dispuesto a aceptar el juego y llevar la legislatura hasta su final, contando con una actitud razonable en la bancada de enfrente.

Por otra parte, la economía siguió dando muestras de recuperación y tres de los cuatro partidos principales (PP, Podemos y Ciudadanos) solventaron sus concilios internos en línea de continuidad. Cataluña y el PSOE eran y siguen siendo los dos principales focos de incertidumbre, los que elegiría como objetivos obvios alguien que quisiera 'hackear' la política española para desestabilizarla.

Ya no está tan clara la durabilidad de la legislatura. Si Sánchez regresa, volarán todos los puentes entre el Gobierno y el PSOE

En efecto, ha sido abrirse el escenario de las primarias del PSOE y empantanarse todo de nuevo. La candidatura de Pedro Sánchez y el hecho de que su victoria aparezca como verosímil es lo que ha provocado esta recidiva de la parálisis política, por el desasosiego que genera esa perspectiva dentro y fuera de su partido.

Para empezar, ya no está tan clara la durabilidad de la legislatura. Si Sánchez regresa, volarán todos los puentes entre el Gobierno y el PSOE. Obviamente, Mariano Rajoy no se quedará sentado esperando a que Iglesias y Sánchez reúnan los votos para una moción de censura. Tengan por seguro que en ese supuesto habrá una convocatoria fulminante de elecciones. No es difícil predecir que su resultado será una cómoda mayoría absoluta para la suma del PP y Ciudadanos (que esta vez sí entrará en el Gobierno) y el sorpaso garantizado en la izquierda.

La actividad legislativa en el Parlamento está paralizada. La dirección provisional del PSOE ya no puede permitirse ni el asomo de un acuerdo, y se lo ha hecho saber al Gobierno. En consecuencia, este ha renunciado a la iniciativa legislativa. Hoy solo están en tramitación cuatro proyectos de ley sobre asuntos menores, y el último de ellos se presentó el 12 de diciembre. Si no fuera por las recuperadas sesiones de control de los miércoles, diríase que hemos regresado a los tiempos del Gobierno en funciones.

Ya no puede permitirse ni el asomo de un acuerdo, y se lo ha hecho saber al Gobierno. En consecuencia, este ha renunciado a la iniciativa legislativa

No hay Presupuesto ni creo que lo haya. El Grupo Socialista está maniatado para negociar y el PNV se resiste a embarcarse en solitario en la aventura de sostener al Gobierno en los centenares de votaciones que se precisan hasta que el proyecto resulte aprobado.

El consenso para hacer frente al desafío independentista catalán queda en el aire, porque es muy distinto tratar ese asunto con Javier Fernández, Susana Díaz o Patxi López que con un Sánchez dispuesto a amancebarse con Podemos —que defiende el referéndum— y con los partidos secesionistas.

El futuro de la izquierda en su conjunto está también condicionado por el resultado de la votación en el PSOE. Pablo Iglesias no puede completar un plan estratégico mientras no se despeje el rumbo que tomarán los socialistas. En realidad, el congreso de Podemos es una obra en dos actos: el primer acto tuvo lugar en Vistalegre, pero el segundo se resolverá en la ruleta socialista. El líder podemita tiene muchas fichas depositadas en esa mesa, y no estará quieto mientras gira la rueda.

En fin, el PSOE también se ha bloqueado a sí mismo. Tras todo lo que ha ocurrido allí dentro y lo que va a ocurrir hasta el día de las primarias (ya han comenzado a embarrar la cancha), hay una aguda conciencia de que si el césar ajusticiado resucita y recupera el trono, la convivencia se hará imposible. Necesariamente tendrá que represaliar a verdugos y traidores y recompensar a sus leales. A partir de ahí, ningún presidente autonómico socialista estará a salvo de un asalto en su propio territorio apadrinado desde la cuarta planta de Ferraz, 70.

Se puede ganar una campaña interna con un discurso involucionista. El precio: meter al partido en las catacumbas para una larga temporada

La campaña de Sánchez es gemela de la de Corbyn. Con una diferencia importante: Sánchez es un secretario general que aspira a repetir. Se le ha visto ejercer el cargo y se conocen sus alcances, sus capacidades y sus limitaciones. Como todo el que se presenta a la reelección, él y sus competidores tienen derecho a que los votantes lo valoren no solo por lo que anuncia, sino por lo que hizo.

Como Corbyn —o como Hamon en Francia—, se puede ganar una campaña interna con un discurso involucionista. El precio, ya se ha visto, es meter al partido en las catacumbas para una larga temporada; pero, en realidad, no creo que eso le importe gran cosa —y admitamos que la ruta alternativa tampoco garantiza en absoluto que se alcance la tierra prometida.

En cuanto a lo que nos importa a todos: los españoles esperamos a las cuitas del PSOE durante todo el año 2016. Ante este segundo bloqueo, nos podemos armar de generosa paciencia y volver a esperarlo hasta el mes de junio. Pero ni un minuto más. España tiene que continuar su camino, con el Partido Socialista o sin él.

Una Cierta Mirada
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