Los avales y el cambio climático en el PSOE

En realidad, las llamadas "primarias" del PSOE no son una única elección: son tantas como unidades orgánicas o terminales territoriales

Foto: De izquierda a derecha: Patxi López, Susana Díaz y Pedro Sánchez (Fotos: EFE)
De izquierda a derecha: Patxi López, Susana Díaz y Pedro Sánchez (Fotos: EFE)

Las llamamos primarias por costumbre, pero esta votación de los socialistas no tiene nada de preliminar: es conclusiva y decisoria, es la entronización de un líder todopoderoso por el sufragio universal de los afiliados. El congreso posterior queda como una mera ceremonia de ratificación vacía de contenido. Para bien o para mal, este el modelo por el que los socialistas actuales han decidido regirse.

123.373 avales para un censo de 187.949 electores. Siete de cada diez afiliados del PSOE han firmado por uno de los tres candidatos, transformando un trámite previo en una votación anticipada.

Se ha instaurado por la vía de hecho un sistema de doble vuelta que nunca estuvo en el espíritu de quienes idearon esta fórmula de elección directa. De hecho, la cuenta de los avales ha funcionado como las verdaderas primarias, y así hay que analizarla.

Es cierto que en la cifra global Susana Díaz aventaja a Pedro Sánchez en 6.273 avales. Pero si excluimos a Andalucía, en el resto de España Sánchez gana con 10.000 avales de diferencia. Si admitimos que la recolección de avales es una batalla entre aparatos, lo menos que puede decirse es que los aparatos territoriales de Díaz, fuera de Andalucía, están fallando con estrépito. O si lo prefieren, que Sánchez muestra una competitividad extraordinaria precisamente en el terreno en que a ella se le atribuía mayor fortaleza.

O los barones no controlan sus territorios o han ganduleado en sus despachos mientras los activistas de Sánchez se movían frenéticamente sobre el terreno (o una combinación de ambas cosas, que es lo más probable). Ello le ha reportado una victoria en el trascendental juego de la administración de las expectativas: con menos avales que su adversaria, no se puede discutir que es el ganador psicológico de este envite.

Susana Díaz renunció a una campaña esforzada, coral y confrontativa (como cualquier campaña electoral que requiera tensar a las tropas propias), y lo fió todo a exhibir una alineación de campanillas, repleta de galácticos, y al poderío inercial de sus jefes territoriales. Una estrategia supuestamente disuasoria para los rivales: abandonen toda esperanza, que esto lo traigo yo ganado desde el vestuario. Hoy está claro que el plan necesita una revisión urgente.

En realidad, las llamadas “primarias” del PSOE no son una única elección: son tantas como unidades orgánicas o terminales territoriales

La primera cata delata que ni siquiera dispone de equipos operativos eficientes en todo el territorio, algo imprescindible en una campaña de ámbito nacional. ¿Cómo casa alimentar la épica de los avales para terminar presentando 96 en el País Vasco? Cualquier lector de El Confidencial conseguiría bastantes más solo con ponerse seriamente a la labor.

En realidad, las llamadas “primarias” del PSOE no son una única elección: son tantas como unidades orgánicas o terminales territoriales. La cosa funciona así: en cada lugar hay alguien que manda y alguien que se le opone. Cuando se convoca una votación nacional, el que manda se adhiere a la candidatura A; y automáticamente, su oponente se adhiere a la candidatura B. Por ese procedimiento miden sus fuerzas ante las confrontaciones locales que les esperan, que son las que realmente les importan.

Visto así, los datos conocidos este viernes son altamente preocupantes no solo para las aspiraciones de Susana Díaz, sino para los principales dirigentes territoriales que la apoyan. Sánchez se ha impuesto en Asturias, territorio de Javier Fernández; ha ganado por goleada en la Comunidad Valenciana de Ximo Puig; y ha rozado el empate en Extremadura y en Castilla-La Mancha, donde se supone que reinan Fernández Vara y García-Page.

Si esta es la realidad, el congreso federal del PSOE irá seguido de un rosario de convulsos congresos territoriales. Si el 21 de mayo gana Sánchez, la guillotina funcionará a pleno rendimiento. Si gana Susana por los pelos –que es ya la única forma en que puede ganar–, a sus barones aún les tocará sufrir para salvar el pellejo. Claro que entonces sí remarán con todas sus fuerzas –como, aparentemente, no lo han hecho para esta ocasión–.

Pedro Sánchez tiene un plan, un relato y un marco para encajar el voto. De momento, los está haciendo prevalecer. Va logrando que esta votación devenga en un plebiscito vindicativo sobre su supuesto derrocamiento el 1 de octubre y sobre la abstención en la investidura de Rajoy. Frente a ello, lo único que se le ha contrapuesto discursivamente es la vaporosa promesa de recuperar “un partido ganador”. Y ni un amago de someter a una lectura crítica su funesto desempeño como secretario general y candidato electoral.

Sánchez ha aprendido de Iglesias a combinar la lógica del agresor con la gestión del victimismo

Creo que los dirigentes del PSOE aún no han asimilado que Pedro Sánchez ha mutado su naturaleza. Ya no está en su cultura: se ha transformado en un político populista, que funciona con todos los códigos –o la falta de códigos–, la ausencia de límites y la lógica embustera que caracterizan a todos los populistas del mundo. Su envite de este viernes a Patxi López es un 'remake' del que Pablo Iglesias le lanzó al presentar públicamente un gobierno de coalición mientras él se entrevistaba con el Rey. Salvando todas las distancias, en la campaña de Sánchez hay múltiples elementos que recuerdan a las de Sanders y Trump (muy semejantes entre sí); y es obvio su intento de hacer aparecer a Susana Díaz como la Hillary Clinton del PSOE.

Sánchez ha aprendido de Iglesias a combinar la lógica del agresor con la gestión del victimismo. Acusador y mártir al mismo tiempo. Bases frente a dirigentes, los de abajo frente a los de arriba, es la hora de la rabia y del castigo a los traidores. Nadie dentro del PSOE ha hallado el antídoto, por eso se les escapa vivo una y otra vez.

Puede ser que este episodio de los avales produzca un efecto de cambio climático en el recorrido al 21 de mayo: ya lo teníamos todo preparado para ir a la playa –el bañador, las toallas, el protector solar– y de repente el cielo se encapotó, el aire se tornó gélido y comenzó a diluviar. Y ahora, ¿qué?

Si yo estuviera en el lugar de Díaz, me estudiaría a fondo el reciente debate de Macron con Marine Le Pen. Es una buena lección de cómo enfrentarse eficazmente a un populista sin perder nunca los papeles.

Una Cierta Mirada
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