Gobierno de centro-derecha y novedades en la izquierda

Si hubiera habido elecciones en la última semana de Junio, el PSOE ganaría 8 escaños y UP perdería 19 diputados. En el campo de la derecha, la suma de PP y C's daría una mayoría absoluta

Foto: Vista general del hemiciclo del Congreso de los Diputados. (EFE)
Vista general del hemiciclo del Congreso de los Diputados. (EFE)

Según la encuesta que hoy publica El Confidencial, el parlamento resultante de unas elecciones que se hubieran celebrado en la última semana de junio sería el siguiente (aclaro que este cálculo de escaños es de elaboración del firmante, partiendo de la estimación de voto que ofrece DYM):

Escaños
PP130
PSOE93
UP52
C's49
ERC11
PDeCAT6
PNV6
Bildu2
CC1

En el espacio de la izquierda, el PSOE, avanzando 2,3 puntos respecto al 26-J, ganaría 8 escaños; y Unidos Podemos, retrocediendo 3,5 puntos, perdería la friolera de 19 diputados. La suma de la izquierda daría un 1,2% de votos menos que en las elecciones de 2016, que se traduciría en 145 escaños frente a los 156 que tienen ahora. La subida del PSOE no bastaría para compensar el notable descenso de UP.

En el campo de la derecha, el PP perdería un 2,1% y 7 escaños. Pero Ciudadanos rentabilizaría al máximo su avance de 2,3 puntos, dando un salto de 17 escaños.

La suma del PP y Ciudadanos daría una mayoría absoluta de 179 escaños, lo que les permitiría gobernar con comodidad mientras el PSOE quedaría consolidado al frente de la oposición.

Juanma RomeroJuanma Romero

Si establecemos el saldo neto entre lo que cada partido entrega a otro y lo que recibe de él, comprobamos que, según esta encuesta:

  • El PP mantiene el porcentaje más elevado de fidelidad de sus votantes (71%), pero entrega cerca de 80.000 votos al PSOE y nada menos que 300.000 a Ciudadanos. Esos casi 400.000 votos transferidos explicarían su descenso.
  • Ciudadanos entrega 140.000 votos al PSOE (huele a regreso de antiguos votantes socialistas), pero recibe 300.000 del PP. Ello le haría subir del 13,1% al 15,8% y, como hemos visto, fortalecer notablemente su presencia parlamentaria.
  • En el tráfico fronterizo entre Unidos Podemos y el PSOE el saldo es positivo para los socialistas, que reciben 120.000 votos más que los que ceden. Pero el principal problema de UP es el evidente desánimo de sus electores de hace un año: una cuarta parte de ellos se muestran hoy indecisos o inclinados a abstenerse. Es la primera vez que UP tiene a su electorado más desmovilizado que sus rivales.

Pablo Iglesias estrecha la mano a José Luis Ábalos.
Pablo Iglesias estrecha la mano a José Luis Ábalos.

El PSOE aparece como el principal beneficiario en esta encuesta. Recibe más votos de sus adversarios que los que les traspasa (lo que invierte la tendencia prevalente hasta ahora, en la que todos crecían a su costa). Aún queda lejos de la victoria y del gobierno, pero se despejaría a su favor la batalla por el liderazgo de la izquierda.

Habrá que esperar para saber si esta crecida del voto socialista se mantiene o es solo un efecto suflé de las primarias (algo parecido a lo de Schulz en Alemania). En el primer caso, el PSOE podría comenzar a recuperar a los dos millones de votantes que lo abandonaron entre 2011 y 2016 (sumados a los cuatro millones y medio que ya perdió entre 2008 y 2011).

Además de la intención de voto, esta encuesta ofrece bastante información de interés:

a) La política económica del Gobierno provoca más rechazo que aprobación, pero tiene el colchón de que un tercio de la población la considera “regular” (lo que no es poco viniendo de donde venimos); y sobre todo, que el rechazo se concentra en la izquierda y se limita al 13% de los votantes del PP y al 26% de los de Ciudadanos. Eso sí, la valoración de la política social es mucho peor.

Carlos Rello / Luciano Miguel / Juan Pablo GarcíaCarlos Rello / Luciano Miguel / Juan Pablo García

El Gobierno obtiene una valoración positiva de su política exterior, lo que quizá esté relacionado con su mayor presencia en el frente europeísta. El 73% de los votantes del PP y el 44% de los de Ciudadanos opinan que la actual política exterior es buena.

Un dato a vigilar: solo un tercio de los votantes del PP consideran buena la política territorial del Gobierno. Un inquietante 45% de ellos la despacha con un frío “regular”, y un 18% la califica directamente de mala. El telón de fondo de este clima, obviamente, es Cataluña; y aunque habría que profundizar en la interpretación del dato, sospecho que la influencia del aznarismo no es tan inocua como se pretende.

b) Pero la verdadera pesadilla para el PP no viene de su gestión en el Gobierno, sino de la corrupción. Los datos son abrumadores: el 78% considera que el PP es el partido más corrupto y el 80% cree que sus dirigentes no luchan suficientemente contra la corrupción. Una opinión que comparten muchos votantes del propio PP: la mitad de ellos lo identifican como el partido más corrupto y le reprochan su lenidad al afrontar el problema.

El calvario del PP resulta ser una bendición para el PSOE. El océano de chapapote que inunda al partido del Gobierno es tan aplastante que ha tenido el efecto indirecto de empezar a liberar a los socialistas de ese estigma. Solo el 7% lo señalan como el partido más corrupto.

Mientras dure el diluvio sobre Génova, se acabó la condena de “pesoe-pepé, la misma mierda es”. Es cierto que pocos ven al PSOE encabezando la lucha contra la corrupción (un honor que comparten Podemos y Ciudadanos), pero la inmensidad del destrozo del PP le confiere el monopolio de la corrupción y alivia al PSOE de esa carga: una condición necesaria –aunque no suficiente– para iniciar la reconstrucción de su capital electoral.

La mejoría de la expectativa del PSOE viene acompañada, no obstante, de dos mensajes de calado estratégico: los votantes socialistas le aconsejan mayoritariamente que aproveche este tiempo para consolidarse como primer partido de la oposición y aparque aventuras de liderar una moción de censura o forzar nuevas elecciones; y muestran también su disgusto ante un eventual acuerdo de gobierno con UP y los nacionalistas.

c) Varias malas noticias para Podemos: el descenso en la estimación de voto viene con un cortejo de datos preocupantes.

Así como parece claro que las primarias han tenido un efecto euforizante en el ámbito de influencia socialista, los últimos movimientos de Pablo Iglesias parecen haber producido lo contrario en el de Podemos. Esta encuesta muestra la frialdad de sus votantes ante la moción de censura: solo el 39% de ellos la califica como buena. Los demás se muestran indiferentes (“ni buena ni mala”, 34%) o directamente la desaprueban (22%).

Todo indica que el desenlace de Vistalegre creó más perplejidad que otra cosa a los simpatizantes de Podemos; y es probable que a muchos de ellos, fuera de Cataluña, les esté costando digerir su posición sobre el referéndum de secesión.

Además, el edificio se cuartea. En un escenario de divorcio con IU, Podemos solo retendría dos tercios del voto de UP. El 24,3% optaría por IU y el 8% (7,9) no sabe lo que haría. Si se resta también de la cuenta el paquete electoral de las confluencias, da la impresión de que el partido de Iglesias, por sí mismo, va encogiendo hasta quedarse casi en los huesos. Hoy por hoy, el tinglado lo sostienen mayormente los socios.

A Iglesias comienzan a fallarle dos de los motores que lo pusieron en órbita: la indignada desesperación social ante lo peor de la crisis y la asociación PP-PSOE en materia de corrupción (“la casta”, ¿recuerdan?). Hoy intercambia arrumacos con los socialistas y se mete con el rey, pero no parece combustible suficiente para sostener las pasiones inflamadas que el populismo necesita para progresar.

Una Cierta Mirada

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