Autorretrato de la Cataluña mestiza

Lo que sucede es que, si llegara a celebrarse ese referéndum, los independentistas acudirían a votar en masa mientras los demás se abstendrían mayoritariamente

Foto: La banderas de España y de Cataluña ondean en el exterior del Parlamento catalán. (EFE)
La banderas de España y de Cataluña ondean en el exterior del Parlamento catalán. (EFE)

Montserrat Baras es el nombre de la presidenta del Centre d’Estudis d’Opiniò, equivalente catalán del CIS. Tal como está el patio, quizá tarden poco en purgarla; pero de momento, el organismo que dirige suministra encuestas razonablemente rigurosas y fiables sobre la opinión de los catalanes.

Su último barómetro trimestral muestra el retrato inconfundible de una sociedad catalana irremediablemente mestiza, en la que los elementos de catalanidad y de españolidad coexisten y se entremezclan de forma inextricable. La catalana es la sociedad más compleja y diversa de España; y precisamente por eso, cualquier pretensión de romper sus delicados equilibrios y hacer que una de sus partes aplaste a las otras se vive internamente como una amputación traumática e insoportable.

Antonio Fernández. BarcelonaAntonio Fernández. Barcelona

Empecemos por los orígenes. El 68% de la población adulta declara haber nacido en Cataluña, el 25% procede de otros lugares de España y hay un 7% de extranjeros. Pero si nos remontamos una generación, comprobamos que solo el 41% tiene padres catalanes; y si damos un segundo paso atrás, el 55% revela que ninguno de sus abuelos nació en Cataluña, y solo un 19% tiene cuatro abuelos de la tierra. Así que para encontrar casos de los famosos ocho apellidos catalanes hay que buscar con lupa y linterna. Ese no es un nacionalismo que pueda sostenerse sobre la pureza de sangre.

Luego está el tema de la lengua. La primera sorpresa es comprobar que, al preguntarles (en catalán) en qué idioma desean realizar la encuesta, el 50% elige seguir con el catalán y el 47% prefiere cambiar al castellano (a los restantes les da igual). La imagen de equilibrio lingüístico se agudiza en otras respuestas, como se ve en el cuadro:

Catalán

Castellano

Ambas

¿Cuál es su lengua propia?

42

48

9

¿Cuál usa más a menudo?

40

44

15

¿Cuál se usaba en su casa natal?

36

56

5

Aún hay un ligero predominio del castellano, aunque la diferencia ya es pequeña y tiende a reducirse. Estamos ante el retrato perfecto de una sociedad bilingüe.

Vamos al sentimiento de pertenencia, ese que para algunos explica el concepto de nación. ¿Cómo se autodefinen los habitantes de Cataluña?

- El 43% dice ser “un catalán que vive en Cataluña”;

- El 17% se define como “un catalán que vive en España”;

- El 19% como “un español que vive en Cataluña”;

- Y el 9% como “un español que vive en España”

Los que admiten en su autodefinición una referencia española suman el 45%, frente a un 43% que la excluyen. Más equilibrio, imposible.

El 44% se declaran "más catalanes que españoles” o “únicamente catalanes"

En una escala en el que el punto 0 representara el máximo grado de españolismo y el punto 10 el catalanismo más extremo, la media resultante situaría a los catalanes en el punto 6, que sugiere un catalanismo templado. De hecho, el grupo más numeroso (39%) se coloca en el 5, el punto intermedio entre españolismo y catalanismo. Nada que ver con la polarización terrible que estimula el régimen secesionista.

Por eso mismo, el 51% de los catalanes dicen sentirse “tan españoles como catalanes”, “más españoles que catalanes” o “únicamente españoles”. El 44% se declaran “más catalanes que españoles” o “únicamente catalanes”.

Todo esto, como es lógico, se traslada a las posiciones políticas. En algo parece haber clara mayoría: el 77% está insatisfecho con el funcionamiento de la democracia y el 62% considera que Cataluña ha alcanzado un nivel insuficiente de autonomía dentro de España. Esa insatisfacción de base, exacerbada más allá de lo racional y transformada en pasión insurreccional, es el motor emocional del 'procés'. Y el objetivo político no es aplacarla con una solución viable, sino llevarla al límite provocando una gigantesca frustración.

Consulta alternativa sobre la eventual independencia de Cataluña en 2014. (EFE)
Consulta alternativa sobre la eventual independencia de Cataluña en 2014. (EFE)

¿Cómo debería ser la relación entre Cataluña y España? Un mínimo 5% cree que Cataluña debería ser meramente una región española. Para el 30%, debe permanecer como una comunidad autónoma. Y para el 22%, debería evolucionar para transformarse en un Estado dentro de una España federal.

En total, 57% de partidarios de permanecer –con diversas fórmulas– dentro de España. Formulado así, solo el 35% apuesta porque Cataluña sea un Estado independiente: 27 puntos de diferencia.

Eso sucede cuando se abre el abanico de las posibilidades. Cuando este se reduce a una opción dicotómica, el 41% se pronuncia por la independencia y el 49% en contra. Así se explica que el oficialismo se resista a plantear una decisión compleja y pretenda obligar a que se decida en términos simples de un sí o un no. Son lentejas, las tomas o las dejas.

Otra cosa es lo que se refiere al referéndum. El 48% quiere que se celebre, tanto si el Gobierno español lo autoriza como si no. A ellos añadimos el 23% que desea una consulta, pero solo si es acordada entre los dos Gobiernos, y nos sale un 71% de catalanes partidarios del referéndum.

Antonio Fernández. BarcelonaAntonio Fernández. Barcelona

Lo que sucede es que, como muestra la misma encuesta, si llegara a celebrarse ese referéndum convocado unilateralmente –e ilegalmente–, los independentistas acudirían a votar en masa mientras los demás se abstendrían mayoritariamente. Si al resultado se le diera alguna validez, se estaría decidiendo separar a Cataluña de España con el voto de 2 millones de personas sobre una población adulta de 5 millones y medio.

Por eso Iglesias, contra toda evidencia, insiste en la tesis inverosímil de que hay que autorizarlo porque no es un referéndum de verdad, sino solo una movilización –algo así como una manifestación grande, pero con urnas de juguete en lugar de pancartas–.

En todo caso, parece claro que están mezclándose dos debates muy distintos. En el debate social (que no en el legal) sobre el referéndum, los independentistas parecen tener clara ventaja. El debate sobre la independencia, sin embargo, lo van perdiendo. La única forma que tienen de intentar ganar su batalla es mezclar y confundir ambas cosas para lograr una mayor inflamación del independentismo a partir de la ansiada prohibición del referéndum.

Y cuando les prohíban el referéndum ilegal, convocarán elecciones, sí. Pero no serán, como creen los bienpensantes, unas elecciones autonómicas del Estatut, sino unas constituyentes al estilo Maduro, igualmente provocadoras e ilegales, con el propósito de que se las prohíban también y seguir atizando el fuego hasta que todo arda. Pero de esto, si les parece, hablamos otro día.

Una Cierta Mirada

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