Adversarios reales y aparentes: las estrategias del 21-D

En cuanto la Generalitat recupere la competencia de convocar elecciones empezará a gravitar la tentación de hacerlo

Foto: Urnas en las elecciones autonómicas de 2012. (EFE)
Urnas en las elecciones autonómicas de 2012. (EFE)

Ayer se presentaron las candidaturas del 21-D y Cataluña está ya en campaña electoral. Qué gusto volver a ver a los políticos catalanes haciendo cosas normales, aunque sea en un contexto anormal. Recuperamos el rigodón familiar de las encuestas, los mítines, los debates (con el imprescindible “debate sobre el debate”), los 'spots' oficiales en las teles y los movimientos de tropas más o menos mercenarias en la red. Ello nos devuelve, al menos durante unas semanas, el aroma perdido de la normalidad democrática. Mientras estamos en campaña no estamos haciendo la revolución.

Es sabido que los independentistas buscan que les contraten una segunda temporada de la serie 'El Procés', con un nuevo guión que concluya mejor para ellos; que se disputan la presidencia y la configuración del próximo gobierno soberanista (la fórmula de Bruselas o la de Roures); que en cuanto la Generalitat recupere la competencia de convocar elecciones empezará a gravitar la tentación de hacerlo; que el PSOE de Sánchez forcejea para librarse cuanto antes de la incomodísima camisa de fuerza del apoyo a Rajoy. Pero ahora manda la urgencia de llenar la cesta de votos.

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Durante cuatro semanas los actores políticos se manejarán con el manual de instrucciones electorales en la mano. Lo harán incluso en los tableros judicial y penitenciario. ¿Qué da más votos, seguir en Estremera o salir a la calle, ser icónico desde el exilio o serlo desde dentro de una celda?

Tenemos sobre la pista dos bloques enfrentados en una elección aparentemente bipolar: soberanistas frente a constitucionalistas. En realidad, todo es más complejo. Hay tres candidaturas independentistas, tres constitucionalistas y una hermafrodita dentro del soberanismo, la de Colau.

Ada Colau. (EFE)
Ada Colau. (EFE)

Se puede incluso entrever un juego de espejos contrapuestos. El PP sería la contrafigura de ERC porque, previsiblemente, ambos partidos se verán las caras al frente de los respectivos gobiernos tras las elecciones. Ciudadanos juega en el espacio españolista un papel similar al de la CUP en el independentista: cultivar la pureza de sangre, la intransigencia discursiva y el embriagador olor del napalm por las mañanas. Y la posición del PSC en la galaxia constitucional es simétrica a la de Catalunya en Comú en la soberanista, ambos buscan contentar a su electorado mestizo subrayando la gama de los grises en esta tétrica película en blanco y negro.

Cada bloque choca con el otro, pero dentro de cada bloque las piezas chocan entre sí. Esta competencia interna es más sorda y quizá más sórdida, pero también mucho más relevante para la estrategia de campaña.

Ciudadanos juega en el espacio españolista un papel similar al de la CUP en el independentista: cultivar la pureza de sangre

A cualquier pinche en un curso práctico de cocina electoral se le enseña a distinguir entre el adversario electoral real y el adversario de referencia. El adversario real es aquel con el que te disputas directamente un mayor número de votos, que pueden caer de un lado o del otro. El adversario de referencia es con el que te enfrentas públicamente, pero no para disputarle los votos sino para situarte ventajosamente en tu propio espacio.

Frecuentemente se pelea con el adversario de referencia para derrotar al adversario real. Un ejemplo: en las últimas elecciones, el adversario real del PSOE era Podemos y viceversa, pero el adversario de referencia de ambos era el PP. El 'noesnoísmo' de Sánchez nunca pretendió quitar votos al PP, sino defenderse del 'sorpasso' de Podemos mostrando a los votantes fronterizos que él era más contundente y eficaz en la lucha contra el enemigo común.

Trasladen el mismo esquema a la campaña catalana. Los dos bloques principales son electoralmente impermeables, el tráfico de votos entre ellos tiende a cero. Pero ese enfrentamiento será el eje de la campaña. Porque en el interior de ambos sí hay una auténtica batalla, que ganará quien mejor responda a la doble demanda parroquiana: unidad de nuestro bloque y máxima beligerancia hacia el bloque rival. Esa es la baza que a la desesperada juega Puigdemont.

Carles Puigdemont en el acto de los alcaldes independentistas en Bruselas. (EFE)
Carles Puigdemont en el acto de los alcaldes independentistas en Bruselas. (EFE)

El adversario real del PP es Ciudadanos. También el partido de Arrimadas es el adversario principal del PSC, ya que se disputan los votos españolistas del cinturón de Barcelona. Y por supuesto, la expansión electoral de Ciudadanos solo puede nutrirse de entrar a saco en las despensas de populares y socialistas. Pero el adversario de referencia de todos ellos es el independentismo, del que no esperan sacar ni un voto pero sí que esa pelea les proporcione una buena posición de contraste.

En el campo soberanista, ERC es el enemigo a batir para todos los demás. Puigdemont solo puede sobrevivir si resiste la invasión de su socio actual, Colau intenta equilibrar fuerzas con su socio prometido y la CUP debe mantenerse para seguir siendo el socio necesario. Los cánticos a la unidad no son tales, sino una forma de aventajar a los rivales en un atributo emocional muy apreciado en ese mercado.

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Puigdemont y la CUP tratan de dañar a ERC presentándolo como culpable interesado y ventajista de la fragmentación de la sociedad Procés, SL (actualmente en suspensión de pagos). Además, sugieren que Junqueras incuba una doble traición: pactar con los “sangre sucia” de Colau y después, desde el Govern, sentarse a negociar con El Maligno el postergamiento de la república a cambio de un quintal de competencias generosamente financiadas.

ERC ha acreditado de nuevo su capacidad de destruir a sus aliados. Ahora se dispone a pedir el voto útil para fortalecer a quien deberá liderar y conducir los destinos de Cataluña y lidiar con el Estado invasor; y a la vez, erigirse en el gran valladar frente a la represión.

Esa es la utilidad electoral de que su líder padezca martirio en la cárcel recordando 'sotto voce' que el líder rival se escaqueó fugándose a Bruselas; también el sentido del embuste de Rovira de que se les amenazó con un baño de sangre si seguían adelante con la DUI (mentecata, si pensaran hacer semejante cosa no te lo iban a contar a ti). Además de fijar el foco sobre la hasta ayer anónima 'apparatchik', hoy flamante nominada presidencial, y lanzarla rápidamente al estrellato de la forma más eficaz: haciendo que los lobos del unionismo se abalancen sobre ella.

Les recomiendo dos cosas para seguir bien este capítulo del culebrón. Cada vez que les oigan decir aquello de “mis adversarios están en el campo de enfrente”, esperen una puñalada hacia el de al lado. Y miren fijamente a donde miran ellos: a las urnas. Llevar la mirada un metro más allá queda elegante, pero llama al despiste.

Una Cierta Mirada
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