Soraya, la mejor candidata electoral. Pero ¿es eso lo que se vota?

Si se tratara de elegir un caballo para disputar la carrera electoral, la apuesta debería estar clara. Pero hay razones para sospechar que, para los 60.000 inscritos del jueves, no se trata de eso

Foto: Soraya Sáenz de Santamaría. (Reuters)
Soraya Sáenz de Santamaría. (Reuters)

Una votación partidaria en la que participan apenas 60.000 de entre más de 800.000 presuntos afiliados puede traer cualquier cosa menos gloria para el partido. No es fácil decidir si se proclama un 93% de abstenciones o se admite que el censo —y con él toda la elección— está completamente adulterado.

La encuesta del Instituto IMOP que hoy publica El Confidencial no pretende predecir el resultado del 5 de julio. No solo porque el universo teórico de la encuesta es de ocho millones de personas (los votantes del PP) frente a un cuerpo electoral real de 66.706 inscritos. Sobre todo, porque ese proceso de inscripciones ha sido tan opaco y sospechoso que resulta temerario aventurar lo que de él pueda salir. Puede que el resultado esté decidido desde hace días y solo lo conozca un puñado de personas, doctoradas en alquimias orgánicas.

Lo que proporciona esta encuesta es información útil para imaginar cual de los contendientes haría mejor papel en unas elecciones generales

Por otra parte, salvo que el resultado sea contundente, la raquítica cifra de votantes aumenta el margen para que en las cocinas del congreso se pueda alterar el orden de llegada. Esto, en principio, debería favorecer a Pablo Casado, a quien le bastaría entrar como un segundo próximo a la primera para recibir el apoyo táctico de la tercera.

Lo que proporciona esta encuesta es información útil para imaginar cual de los contendientes haría mejor papel en unas elecciones generales que se celebraran mañana. No es baladí, puesto que los estatutos del PP establecen que el presidente del partido que elija el congreso será candidato a la presidencia del Gobierno. Así pues, el jueves no solo se votará a una dirección para el PP, sino también a su próximo cartel electoral.

Cuando un partido está en retroceso, debe plantearse dos objetivos: primero, frenar la fuga de sus votantes actuales. Segundo, tratar de recuperar a algunos de los que ya lo abandonaron. Retener y recuperar: debería considerarse que la persona que más pueda acercarse a ambos objetivos es la más idónea para esa misión crucial.

Vayamos al primer objetivo: retener a los desafectos. Según esta encuesta, el 15% de los votantes del PP declara que estas primarias no le interesan en absoluto (más el 22,7% al que le interesan poco). También el 15% de los votantes del PP opina que la moción de censura fue positiva para España. El mismo porcentaje no siente ideológicamente próximo a ninguno de los seis candidatos. Y preguntados por su preferencia entre los seis candidatos de estas primarias, el 15% repite que “ninguno”.

El 15% no se siente ideológicamente próximo a ninguno de los seis candidatos del PP

Todo indica, pues, que al menos 1,2 millones de los votantes del PP —quizá más— están preparados para un abandono inminente. ¿Quién podría retenerlos mejor? Si el liderazgo lo ocupara Soraya Sáenz de Santamaría, el 10% de los votantes populares dice que probablemente no votaría al PP, y el 8%, que no lo votaría con seguridad: en total, un 18% de pérdidas potenciales. Pero esa cifra sube al 24% con Pablo Casado y al 27% con Cospedal. Así pues, Cospedal garantiza 700.000 votos desafectos más que Soraya.

Por otra parte, entre los votantes del PP que aplauden la moción de censura (los más descontentos), Santamaría podría retener al 31%, Casado al 14% y Cospedal y Margallo al 8%.

También hay que intentar recuperar a los que ya se fueron: votantes anteriores del PP que ya en las generales de 2016 cambiaron de barco. El 71% se fueron a Ciudadanos, el 21% al PSOE y el 8% a otros partidos. Estos no han contado para la muestra final, pero conocemos sus opiniones ante estas primarias. ¿Quién estaría en mejores condiciones de invitarlos a regresar?

Sabemos, por ejemplo, que el 70% de ellos tiene buena opinión de Santamaría, frente al 41% que opina favorablemente de Casado y el 36% que ve con buenos ojos a Cospedal.

Sabemos también que si la candidata electoral fuera Santamaría, el 52% considera probable o seguro volver a votar al PP. Si fuera Pablo Casado, esa cifra se reduce al 31%; y si fuera Cospedal, al 26%. De hecho, ante una candidatura de Cospedal, el 27% de esos tránsfugas considera improbable el retorno y el 44% lo descarta por completo. Si pudieran votar en esta primaria, el 63% se inclinaría por Santamaría, el 14% por Casado y solo el 8% por Cospedal.

En ruta con Cospedal

Es fácil concluir, pues, que, tanto en la misión de retener a los fieles descontentos como en la de recuperar a los infieles, la exvicepresidenta tiene una notable ventaja de partida respecto a sus dos rivales, mientras Cospedal sería la menos efectiva —por no decir contraproducente—.

Hay más datos en la encuesta que refuerzan la ventaja diferencial de Santamaría en el plano electoral:

La exvicetodo está más fuerte que sus rivales en los dos objetivos que los votantes del PP consideran prioritarios: acabar con la corrupción y presentar ideas y propuestas para gobernar España.

La exvicetodo está más fuerte que sus rivales en los dos objetivos de los votantes del PP: la corrupción y tener ideas para gobernar

La posición ideológica de los partidarios de Santamaría coincide exactamente con la del conjunto del electorado popular; por el contrario, tanto quienes votarían a Casado como quienes elegirían a Cospedal aparecen desviados hacia la derecha.

Eso explica que el 33% señale a Santamaría como la candidata más cercana a sus propias ideas. La proximidad se reduce al 23% para Casado y se queda en un alarmante 9% para Cospedal.

Soraya Sáenz de Santamaría (d), María Dolores de Cospedal (c) y Pablo Casado, en el Congreso junto a otros diputados del PP. (EFE)
Soraya Sáenz de Santamaría (d), María Dolores de Cospedal (c) y Pablo Casado, en el Congreso junto a otros diputados del PP. (EFE)

Como colofón: si mañana hubiera elecciones generales para el Gobierno de España, el 40% preferiría votar a Santamaría, el 18% a Pablo Casado y el 12% a Cospedal. El 6% se sentiría más cómodo votando a García-Margallo. El resto dicen que les es indiferente, que no votarían a ninguno de ellos o no responden.

Mariano Rajoy ha hecho las cosas de tal forma que, en una votación destinada a superar la era mariana, solo se puede elegir entre la vicepresidenta de Rajoy, la secretaria general de Rajoy y el portavoz partidario de Rajoy. Y como elemento crítico del elenco, el ministro de Exteriores de Rajoy. Es de lamentar que no veamos en la pista a otros sectores del partido, pero no se puede medir lo que se ha hecho desaparecer.

En todo caso, si se tratara de elegir un caballo para disputar la carrera electoral, la apuesta debería estar clara. Pero hay razones para sospechar que, para los 60.000 inscritos del jueves, no se trata principalmente de eso. Así que habrá que esperar a lo que salga de los pasillos del 22 de julio.

Una Cierta Mirada

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