Claves de la encuesta andaluza

Si el 2-D se produce un resultado similar al que muestra esta encuesta, la sensación desoladora de que en el Congreso de julio se dio un paso en falso se propagará como la peste

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El Confidencial publica la primera encuesta en Andalucía tras la convocatoria de elecciones. Tomémosla como lo que es, una imagen de las posiciones en la línea de salida. La meta está a seis semanas y en ese tiempo sucederán cosas.

La primera posición del PSOE no está en peligro, pese a su retroceso. Entre sus tres perseguidores la distancia es tan corta que cualquiera de ellos puede terminar segundo… o cuarto.

El PSOE y el PP pierden votos a chorros respecto a las elecciones de 2015. Adelante Andalucía conserva lo que tuvieron IU y Podemos por separado. Y Ciudadanos crece espectacularmente, situándose de momento como el segundo partido más votado.

Según un cálculo de mi exclusiva responsabilidad, el Parlamento resultante de ese resultado sería el siguiente:

Los partidos tradicionales perderían 20 escaños frente a los nuevos. La izquierda pasaría de 67 diputados a 60 y la derecha de 42 a 49. No es pequeño cambio, aunque tampoco supone un vuelco de los equilibrios básicos de la política andaluza.

La única buena noticia para el PSOE es que se garantiza su décima legislatura en el Gobierno andaluz y tiene margen para negociar alternativamente con Adelante Andalucía o con Ciudadanos. Todo lo demás son motivos de preocupación.

El PSOE perdería más de 200.000 votos y 12 escaños. Sus votos perdidos se esparcen en todas las direcciones: cerca de 60.000 irían al PP, unos 75.000 a Ciudadanos y 90.000 a Adelante Andalucía.

No se ve rastro en Andalucía de ningún "efecto Sánchez" —al menos en lo que se refiere al voto autonómico—; y el "efecto Susana", de existir, sería más bien negativo. Dos de cada tres andaluces desaprueban su actuación como presidenta. Entre ellos, un tercio de los votantes socialistas de 2015, el 83% de los de Ciudadanos (su socio pasado) y el 75% de los de Podemos e IU (su mas previsible socio futuro). Por otra parte, Susana Díaz no parece beneficiarse especialmente del hecho de ser la única candidata conocida frente a tres rivales prácticamente anónimos. El proceso postelectoral será tormentoso y no hay que descartar que en algún momento alguien cuestione en la mesa negociadora la candidatura presidencial de Díaz, aunque solo sea para subrayar su debilidad.

El deseo de cambio tras 36 años de gobiernos socialistas empieza a ser abrumador. El 77% de los andaluces afirma que se necesita un cambio de partido en el Gobierno, una convicción que también alberga el 45% de los votantes del PSOE. Solo la pertinaz incapacidad de sus adversarios para montar una alternativa de gobierno viable y deseable preserva el poder socialista en Andalucía.

Hay otro síntoma alarmante para el PSOE: está fuerte, como de costumbre, en los municipios pequeños y medianos, pero es el último partido en el conjunto de las grandes ciudades. Algo poco promisorio en puertas de unas elecciones municipales.

¿Qué decir del PP? Con la presidenta de la Junta abrasada, su eterno rival en declive y una arrolladora pulsión social de cambio, el primer partido de la oposición no sólo no opta a gobernar, sino que perdería cerca de 300.000 votos y 8 diputados.

El PSOE es el último partido en el conjunto de las grandes ciudades

Da la impresión de que muchos andaluces opuestos al PSOE se han cansado de apostar por una marca contumazmente perdedora. Según esta encuesta, unos 250.000 votantes del PP pondrían ahora su ficha en la casilla de Ciudadanos. En 2012, el PP superó en votos al PSOE por primera y única vez, aunque no llegó a gobernar. Seis años más tarde, está en riesgo de quedar cuarto.

Todo indica, en Andalucía y en España, que se necesita mucho más que un joven líder, tan hiperactivo como trivial, para reparar el daño estructural que afecta a ese partido. Si el 2-D se produce un resultado similar al que muestra esta encuesta, la sensación desoladora de que en el Congreso de julio se dio un paso en falso se propagará como la peste. Falta muy poco para que el "efecto Casado" se convierta en el "defecto Casado".

Todo indica, en Andalucía y en España, que se necesita mucho más que un joven líder para reparar el daño estructural que afecta a ese partido

Teresa Rodríguez se beneficia por partida triple. Por un lado, el desgaste del PSOE le proporciona un saldo favorable de 90.000 votos en esa frontera. Por otra, su confrontación con Iglesias le vacuna del rechazo que produce el líder de Podemos. Adelante Andalucía es ya la cuarta confluencia (Carmena y Errejón van camino de montar la quinta en Madrid). Y sobre todo, la candidatura conjunta con Izquierda Unida resulta extraordinariamente rentable en el reparto de escaños: con los mismos votos que tuvieron en 2015, podrían sumar varios diputados más.

El 'sorpasso' de Ciudadanos al PP no es seguro y su posibilidad de gobernar parece lejana, salvo en el improbable caso de que se preste a repetir como socio minoritario del PSOE. Pero en términos relativos, todo indica que será el ganador moral de esta elección.

Claves de la encuesta andaluza

La estimación de voto le otorga una ganancia de casi medio millón de votos sobre su resultado de 2015. La mayoría de ellos provienen del PP, pero también recibe un paquete no despreciable del PSOE. Así como en España Sánchez ha logrado por el momento taponar la vía de agua hacia Ciudadanos e impermeabilizar esa frontera, en Andalucía el grifo sigue abierto.

Aparentemente, el haber sostenido al Gobierno de Susana Díaz no le pasa factura. El PP le atacará en la campaña por ese flanco, pero parece un recurso más defensivo que ofensivo. En todo caso, los incentivos para Ciudadanos de repetir la experiencia son muy escasos.

Duplicar sobradamente la fuerza electoral y parlamentaria en un territorio en el que Ciudadanos carece de una estructura orgánica competitiva con la de sus tres rivales y con un candidato fantasmal que emite luz negra no es un logro menor. Si el 2 de diciembre se confirma ese avance, quedará para la especulación hasta dónde podría haber llegado el partido de Rivera si se hubiera tomado en serio su liderazgo electoral en la mayor comunidad autónoma de España. Veremos cómo gestiona ese 'handicap' durante la campaña, porque en este caso el problema no es sólo de falta de notoriedad del candidato: sospecho que si fuera más conocido sería peor.

Por último: se profundiza la brecha en el comportamiento electoral de las dos Andalucías, la occidental y la oriental. En la primera la izquierda le saca 14 puntos a la derecha y en la segunda están cerca del empate. Como diría Susana Díaz, será cuestión de acentos

Todo en esta campaña será cuestión de acentos, ya lo verán.

Una Cierta Mirada

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