Así va la carrera (sin entrar en detalles)

De poco sirven en esta ocasión las encuestas de ámbito nacional. Hay que atender a los sondeos que se conocen de cada territorio.

Foto: Arrimadas pide un voto triple para tener voz en europa y defender regiones. (EFE)
Arrimadas pide un voto "triple" para tener voz en europa y defender regiones. (EFE)

En las municipales, porque el PSOE y el PP presentan más de 7.000 listas, Ciudadanos apenas llega a 2.000 y las de Podemos es imposible contarlas. Además, el número de candidaturas locales es muy elevado.

En las autonómicas, porque en las 12 Comunidades que votarán el 26-M habita menos de la mitad de la población española. Tampoco las encuestas nacionales dicen gran cosa sobre las europeas: todo hace suponer que el voto en esa tercera urna vendrá arrastrado por el de las otras dos (así sucedió en 1999, único precedente de la triple coincidencia).

Así pues, hay que atender a los sondeos que se conocen de cada territorio. Ahora bien, eso no excluye detectar tendencias generales que nos permitan anticipar, aunque sea a grandes rasgos, la dirección en la que sopla el viento. Si agregamos las encuestas conocidas hasta ahora y las contemplamos como a un cuadro impresionista, se obtienen algunas pistas:

La participación será claramente inferior a la de las generales. Siempre sucede, pero esta vez se añade la descompresión postcoital del 28-M.

Se mantiene el empate entre la izquierda y la derecha y los gobiernos se decidirán por márgenes muy estrechos. Con circunscripciones más numerosas, habrá menos votos improductivos: todos los partidos que superen el límite legal entrarán en el reparto de escaños.

El PSOE tiende a mejorar sus resultados, impulsado por la euforia de la victoria en las generales. El electorado socialista sigue siendo el más motivado.

El PP padece la depresión de la derrota reciente, pero compensa el ciclo anímico negativo con la extensión y fortaleza de su presencia territorial (26.500 concejales repartidos por toda España). Además, parece haber un incipiente voto de retorno procedente de Vox.

Ciudadanos tiene inercia favorable desde el 26-M, pero acusa la falta de referentes de poder en los territorios. Nada fideliza tanto el voto como un buen alcalde, y el partido de Rivera no los tiene, ni buenos ni malos. Es posible que su decisión de no entrar en los gobiernos en 2015 le pase factura ahora. Quizá les convenga moderar las expectativas para que un buen resultado no acabe produciendo decepción.

Podemos sufre el efecto centrífugo de la implosión de sus confluencias, así como la subida del PSOE. Su resultado estará muy lejos del espectacular éxito de 2015; y muchos de los alcaldes y ediles que conserven ya no responderán a la disciplina orgánica del partido de Pablo Iglesias. Participarán en las mayorías de izquierda, pero en un papel subalterno.

Vox está digiriendo pesadamente el gatillazo de abril. La gran mayoría de quienes los votaron eran peperos cabreados. Consumado el desahogo, ahora tienden a replegarse a territorio conocido. Además, aquí no está en juego la unidad de España, que fue su principal motor emocional. Siguen picando alto en los lugares en los que hay gran sensibilidad por el tema de la inmigración.

En el nacionalismo vasco, estabilidad. En el catalán, lucha feroz entre ERC y JxC. Más allá de la vistosa competición de Barcelona, si en la Cataluña profunda los republicanos consiguen desmantelar el imperio municipal convergente, game over.

El de las europeas, por desgracia, será un voto subsidiario. Mientras Europa entera contiene la respiración ante la elección más trascendente de su historia, aquí echaremos los votos en esa urna por pura inercia. Dice Abascal que los que nos preocupamos por esas cosas somos cosmopaletos. A mucha honra.

Una Cierta Mirada
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