Dos catalanes en las Cortes

Todo tiene que ver con el futuro papel del PSC en la gestión política del conflicto de Cataluña; Sánchez necesita que se convierta en pieza central del teatro de operaciones

Foto: Meritxell Batet (i) y Manuel Cruz (d). (EFE)
Meritxell Batet (i) y Manuel Cruz (d). (EFE)

El intento de colocar a Miquel Iceta en la presidencia del Senado era mucho más que un mero pago a los servicios prestados (aunque también era eso). Y la decisión subsiguiente de entregar la presidencia de ambas Cámara a dos socialistas catalanes va mucho más allá del chulesco “si no quieres caldo, dos tazas” que corean los turiferarios del sanchismo.

A mi juicio, todo tiene que ver con el futuro papel del PSC en la gestión política del conflicto de Cataluña. Sánchez se prepara para un pulso negociador largo y tortuoso, en el que habrá de todo: aproximaciones seguidas de enfrentamientos, avances y retrocesos, entendimientos y choques frontales, propuestas abiertas y tratos inconfesables… el manual completo de gestión de crisis prolongadas con tendencia a cronificarse.

Sánchez necesita que el PSC se convierta en una pieza central en el teatro de operaciones. La relación puramente bilateral entre el Gobierno y los independentistas está sometida a restricciones evidentes, como se ha comprobado en los diez meses anteriores. Tiene que haber un tercer actor en ese escenario para complementar la acción del Gobierno y hacer lo que este no puede ni debe hacer sin que ello le reporte un coste político inasumible.

Dada la férrea voluntad de los nacionalistas de ningunear sistemáticamente al PSC y negarle cualquier papel relevante, la única forma de imponer su presencia en la “sala de máquinas” de la negociación es situar a los socialistas catalanes en el núcleo institucional por donde necesariamente tendrá que pasar todo, desde las posibles reformas legales –incluso constitucionales- que haya que impulsar a un eventual recurso al 155.

Salvando las diferencias, la situación recuerda en parte al papel central que adquirió el PSE en el proceso vasco. También allí los nacionalistas se empeñaban en negarle cualquier protagonismo y reducirlo todo a una negociación bilateral con el Gobierno central. Solo cuando Patxi López fue lendakari tuvieron que admitir al PSE como interlocutor imprescindible.

Esa era la función que se reservaba a Iceta en el Senado y el verdadero motivo por el que los independentistas sabotearon su elección: no quieren al PSC en la mesa de las decisiones. Ahora tendrán que hacerlo Batet y Cruz, que no forman parte del núcleo dirigente del PSC, pero lo representarán y no podrán ser preteridos.

Por otra parte, la tradición es clara: el PSOE no puede ganar en España si el PSC no es electoralmente fuerte; y cuando el PSC es electoralmente fuerte, su peso en los gobiernos socialistas es elevadísimo. Esa es la regla del juego, que Sánchez conoce a la perfección. El repaso de los nombres de los socialistas catalanes que ocuparon puestos clave en los gobiernos de González y de Zapatero es impresionante. Ya veremos si el propio Iceta no termina ocupando una posición destacada en el próximo gobierno de Sánchez.

Batet ha demostrado ser competente –lo que no es poco en estos tiempos- y pertenece al sector menos rijoso del sanchismo. Manuel Cruz, además de practicar permanente y cabalmente el noble ejercicio de pensar, es un federalista consecuente: es decir, lo opuesto a un nacionalista. De hecho, como explicó Pujol, lo que más teme y detesta el nacionalismo es la idea federal.

Su tarea no será sencilla ni su función meramente decorativa. Solo falta que entre todos, empezando por su partido y por su jefe político, no les hagan la vida imposible.

Una Cierta Mirada
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