175, la cifra mágica de la legislatura

El horizonte aparece razonablemente despejado para Sánchez. Mucho más oscuro está el quilombo de la derecha, que, como en la canción de Mecano, es pura cruz de navajas

Foto: Sesión constitutiva de las nuevas Cortes Generales. (EFE)
Sesión constitutiva de las nuevas Cortes Generales. (EFE)

Cada régimen político desarrolla sus rituales y tradiciones. En el nuevo régimen, el que sucedió al bipartidismo, ya es costumbre que la jornada de constitución del Congreso nos depare tres cosas: a) una competición de astracanadas y numeritos circenses; b) una amplia colección de perjurios de cursilería insoportable en el acatamiento 'fake' a la Constitución; c) un retrato preciso del apoyo que tendrá el futuro gobierno.

Lo único interesante es lo tercero. A partir de hoy sabemos que los votos con los que contará Pedro Sánchez para gobernar son los que ayer respaldaron a Meritxell Batet. 175 es la cifra mágica, el bloque gubernamental regular –salvo descuelgues ocasionales- de esta legislatura.

Primera constatación: son muchos. Con menos que eso gobernaron Suárez, Calvo Sotelo, González, Aznar, Zapatero y Rajoy. Es difícil derrotar a un Gobierno que cuenta con la mitad de la Cámara, sobre todo cuando la otra mitad es una ensalada imposible de cuajar en alternativa, en la que se mezclan desde Vox a Bildu.

Segunda constatación: en esa mayoría de gobierno no están los independentistas catalanes ni “los batasunos” -como le gusta decir a Casado-. Eso cambia radicalmente la situación parlamentaria que Sánchez tuvo en el período anterior, y se notará en su política hacia el independentismo. Como esta nunca fue para él una cuestión de convicciones sino de números, ahora podríamos verlo tan sorprendentemente firme ante los separatistas como sorprendentemente servil lo fue antes.

Tercera constatación: la legislatura durará lo que dure la alianza entre el PSOE y Podemos. De todos los apoyos de Sánchez, el único imprescindible es el del partido de Pablo Iglesias. Si esa sociedad se disuelve, el Gobierno y el propio Parlamento devendrán inviables. Si se consolida, no volveremos a votar hasta 2023.

El principal punto de fractura de la coalición será precisamente Cataluña. Si Sánchez opta por una política severa y sin cesiones gratuitas al independentismo, Iglesias no podrá seguirle por ese camino (el primer test será la decisión de la Mesa sobre la inhabilitación de los cuatro diputados presos, pero vendrán muchos más y más serios).

Quizá se pueda preservar un acuerdo de legislatura con una reserva sobre la cuestión catalana, siempre que la discrepancia se limite al ámbito parlamentario. Pero resultaría políticamente explosivo trasladar semejante divergencia a la mesa del Consejo de Ministros, que es un órgano ejecutivo colegiado en el que no caben votos particulares (de hecho, no se vota) y todos sus miembros son igualmente responsables de todas las decisiones, les gusten o no. Un argumento más, y no menor, para disuadir a Sánchez de la fórmula del gobierno de coalición.

También se pondría en peligro la alianza de la izquierda con un empeoramiento drástico de la economía que obligara a Sánchez, presionado por Bruselas, a olvidar las alegrías presupuestarias y hacer un Tsipras. Por el bien de todos, esperemos que no suceda.

Con los 175 de ayer, el horizonte divisable aparece razonablemente despejado para Sánchez. Mucho más oscuro está el quilombo de la derecha, que, como en la canción de Mecano, es pura cruz de navajas.

Una Cierta Mirada
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