Hay algo útil en la encuesta del CIS, y no es la estimación de voto

Buscamos qué puede haber de interesante y útil en esta encuesta, en la que, además de la intención de voto, se han formulado 45 preguntas

Foto: El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en la sede de la ONU. (Reuters)
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en la sede de la ONU. (Reuters)

Pese a la fama de tipo tozudo que le precede, José Félix Tezanos se está revelando como un sociólogo extraordinariamente tornadizo y permeable a la demanda de cada momento. Este chef tan pronto se entrega al apostolado del producto crudo, tachando a todos los que elaboran honradamente los datos de falsarios y/o ignorantes, como se mete en cocinas y guisa frenéticamente hasta entregar un plato no ya cocinado, sino completamente abrasado. En los meses que lleva al frente del instituto oficial (nunca tan oficial como ahora), ha modificado sus procedimientos de cálculo del voto al menos en ocho ocasiones.

El producto dictado desde Semillas Selectas viene aderezado con una 'nota metodológica' marca de la casa: 1.841 palabras de prosa impenetrable en las que, braceando entre la maleza, descubrimos tres confesiones: a) que el modelo de estimación elegido para la ocasión tiene nombre, se llama 'modelo CIS V89' (no confundir con el 'modelo CIS V108' que, al parecer, fue el elegido para las elecciones de abril); b) que lo que se presenta “no es en absoluto un modelo de pronóstico de los resultados de las elecciones”, y c) que tanto el V89 como su predecesor, el V108, “se basan en la aplicación de procedimientos de lógica difusa”. Efectivamente, el documento entero transpira lógica difusa. Por una vez, se agradece la sinceridad.

Busquemos, no obstante, qué puede haber de interesante y útil en esta encuesta, en la que, además de la intención de voto, se han formulado 45 preguntas. Quizás un buen camino sea comparar este barómetro de septiembre con su gemelo, que sería el último anterior a la convocatoria de abril (barómetro de febrero), y detectar rasgos llamativos en el clima actual de la opinión pública:

Cunde el pesimismo en las expectativas económicas y políticas. En febrero, el 24,2% preveía un empeoramiento de la situación económica durante el próximo año. En septiembre, la cifra ha crecido al 33%, nueve puntos más. Se va instalando el aroma de enfriamiento económico. La previsión de un empeoramiento de la situación política —que ya se consideraba muy negativa— ha aumentado en tres puntos.

Hay algo útil en la encuesta del CIS, y no es la estimación de voto

El malestar hacia los políticos se dispara. En el barómetro de febrero, el 15,1% de los encuestados señalaba a los políticos, los partidos y la política como el principal problema de España, y el 21,7% lo incluía entre los tres primeros problemas. Hoy, ese es el mayor problema del país para el 29,4% (14 puntos más) y uno de los tres primeros problemas para el 45,3% (¡casi 24 puntos más!). Tres meses después de unas elecciones y en vísperas de otras, cerca de la mitad de la población condena a la dirigencia política como uno de los mayores males de la nación. De esa caldera hirviente puede salir cualquier cosa.

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en el Congreso. (EFE)
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en el Congreso. (EFE)

La gestión del Gobierno de Sánchez es mala para el 46,7%, casi ocho puntos más que en febrero. El presidente en funciones inspira poca o ninguna confianza al 60,2% de los españoles (el 84% de los votantes de Unidas Podemos declara desconfiar de Sánchez, lo que muestra la fosa que se ha abierto en la izquierda). Pero no canten victoria sus rivales, porque también ha aumentado el número de quienes opinan que la gestión sería igualmente mala o peor si gobernasen el PP, Ciudadanos o Podemos.

Además, también aumenta el porcentaje de quienes, preguntados por la probabilidad de votar a uno de los cinco partidos principales, responden que esa probabilidad es cero para todos ellos. No se espera nada bueno de estos dirigentes: todo indica que el voto de octubre estará teñido de negritud en las percepciones y en las expectativas.

Aparece el espectro de la abstención. En la macroencuesta preelectoral de abril, el 76,3% anunció que votaría “con toda seguridad”; la participación contabilizada en el recuento de la noche electoral fue el 75,7%, así que ese dato sí fue predictivo. En este barómetro de septiembre, solo el 53,6% está seguro de que irá a votar, un dato sin precedentes. Tendría que producirse una movilización espectacular de aquí al 10-N para remontar esta situación.

El electorado más movilizado es el de Vox (68%), seguido del de UP (64%), el del PP (62%) y el del PSOE (62%). El más desmovilizado, de lejos, el de Ciudadanos: solo el 51% de sus votantes de abril garantiza su presencia en las urnas en noviembre.

Recobra vida el bipartidismo. Por primera vez en mucho tiempo, los dos partidos tradicionales tienen las tasas más altas de fidelidad de sus votantes —por encima del 80%— y las menores pérdidas hacia otros partidos. Tanto Unidas Podemos como Ciudadanos, antaño motores de la revitalización política, muestran electorados desfallecientes en su fidelidad y fugas importantes hacia otros partidos o hacia la abstención. Vox parece resistir por encima de lo esperado, aunque comienza a devolver un buen caudal de votantes al PP.

Ciudadanos, en crisis. No aparece en toda la encuesta un solo indicador favorable para el partido naranja. Sus dos antiguas fuentes de crecimiento, PP y PSOE, se han secado; en este momento, es mayor el número de votos que Cs entrega a ambos que el que recibe de ellos. Sus votantes del 28-A se muestran desorientados y vacilantes, con escasas ganas de repetir.

La imagen de Albert Rivera se ve seriamente deteriorada: obtiene una puntuación de 3,1, la más baja de su serie histórica, y en la preferencia para presidente ocupa la cuarta posición, por detrás de Pablo Casado y de Pablo Iglesias. Es evidente que estos meses han dañado seriamente la marca y aún más al líder.

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, en una rueda de prensa. (EFE)
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, en una rueda de prensa. (EFE)

Además, es muy visible el desplazamiento a la derecha de Ciudadanos. Cuando irrumpió en la escena política española, se lo situaba en una posición de centro levemente escorada a la derecha: 6,2 en una escala del uno al 10 en la que el centro puro sería 5,5. Con el tiempo, esa posición de Cs se ha desplazado al 7,1, que es ya plenamente territorio de derechas. Si eso es lo que Rivera buscaba, lo ha conseguido.

Quizá por eso, a la hora de definir ideológicamente cada partido, son muchos más (32,5%) los que identifican a Ciudadanos como un partido conservador que los que lo consideran “liberal” (14,1%). Ya solo un residual 5,9% lo cataloga como progresista.

Un apunte final sobre el debate de investidura de julio: apenas el 31% de la población dice haberlo seguido con algún interés. El 26% lo siguió con poco o ningún interés, y un demoledor 42,3% responde que “ni lo visto, ni he oído nada, ni me interesa”. En estas condiciones atmosféricas, ¿quién se atreve a pronosticar nada?

Una Cierta Mirada
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